Richard Wershe Jr. fue detenido en mayo de 1988 en posesión de 8 kilos de cocaína. Tenía 17 años. La prensa de Detroit se apresuró a describir al chaval usando calificativos como «capo» o «señor de la droga»; la posibilidad de que un niñato blanco al que apenas crecía el bigote fuera jefe de una banda de negratas expresidiarios era demasiado bonita para no darla por buena, pese a que no hubiera más evidencia de ello que algún comentario vago de la policía.

Poco después, Wershe era encarcelado de por vida pese a que en realidad era un camello de poca monta. Su gran crimen era otro: durante años había sido un soplón. El FBI le había enseñado todo lo que sabía sobre vender drogas e infiltrado en una de las pandillas más peligrosas de la ciudad. Y, tan pronto como se había convertido en una patata caliente, lo habían dejado tirado. ‘White Boy Rick’, desde hoy en los cines, cuenta su historia.

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Wershe creció en el lumpen. Su padre los educó a él y a su hermana en un barrio que era un nido de adictos al ‘crack’ mientras se ganaba la vida vendiendo armas en el domicilio familiar. Cuando el pequeño Rick tenía ocho años, ya sabía cómo usar una pistola. En todo caso, cuando los agentes llamaron a su puerta en 1984, no fue para detener a nadie; querían detalles sobre algunos sospechosos del barrio. El padre dijo no saber nada pero el hijo, con solo 14 años, conocía todos los datos. No es que él estuviera implicado en el tráfico; simplemente era un chaval espabilado. Y así es como Richard Wershe se convirtió en el confidente más joven de la historia del FBI.

White Boy Rick

Biopic

EEUU, 2018

Reparto: Richie Merritt, Matthew McConaughey, Bel Powley, Jennifer Jason Leigh

Dirección: Yann Demange

Pocas semanas después, ya estaba en contacto con los criminales más importantes de la ciudad. Poner la vida de un niño en riesgo no era precisamente un método autorizado por los federales, pero no querían prescindir de sus servicios: era un chivato muy bueno. De hecho, demasiado bueno; tanto que su información dejó al descubierto una conspiración política y policial a gran escala, que motivó la detención de 18 policías. Delatar a delincuentes era una cosa; sacar a relucir los trapos sucios de los servidores públicos era otra muy distinta.

Encarcelado de por vida

El FBI no podía arriesgarse a que sus prácticas se vieran expuestas, así que rompieron relaciones de inmediato con Wershe. El joven tuvo que encontrar el modo de sobrevivir en las calles sin protección, y solo se le ocurrió uno: hacer aquello para lo que había sido adiestrado. Poco después de ponerse a vender cocaína por su cuenta, empezó a pasearse por la ciudad al volante de un jeep blanco pese a que no tenía permiso de conducir, vistiendo abrigos de visón y ataviado de cadenas y cinturones de oro, y Rolex adornados con diamantes. Menos de un año después era detenido.

Para su desgracia, por entonces estaba vigente en Michigan una ley llamado 650 Lifer, según la que aquellas personas arrestadas en posesión de al menos 650 gramos de cocaína o heroína podían ser encarceladas de por vida y sin opción a solicitar la libertad condicional. Durante el proceso, el juez dijo de él que era «peor que un asesino en serie».

La polémica ley fue derogada en 1998 y, como consecuencia, cientos de criminales fueron puestos en libertad. Pero Wershe no. Él y sus abogados se vieron atrapados en una maraña de obstáculos burocráticos que impidieron su liberación. Los dos hijos que había tenido justo antes de entrar en prisión fueron creciendo, y sus seis nietos fueron naciendo. En el 2017, justo antes de que cumpliera 48 años, finalmente se le concedió la condicional, pero desde entonces permanece bajo custodia por un delito relacionado con el comercio con coches robados del que se declaró culpable desde prisión, al parecer para proteger a su hermana y a su madre. Saldrá a la calle el 25 de noviembre del 2020; a menos, claro está, que algo o alguien lo impida.

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