• Tres pacientes con tumores explican cómo se sienten, cuál es su experiencia con la sanidad colapsada y cuáles son sus necesidades

  • Denuncian retrasos en las pruebas, diagnósticos o revisiones, así como la falta de apoyo psicológico para superar un trance tan difícil

Recibir un diagnóstico de cáncer, en cualquier circunstancia, es un verdadero mazazo para el enfermo y su familia, pero en medio de una pandemia que ha matado a más de 59.800 personas, ha colapsado los hospitales y ha obligado a una complicada distancia social, mucho más. En el Día Internacional contra el Cáncer, que se conmemora cada 4 de febrero, tres pacientes explican a EL PERIÓDICO cómo se sienten, cuál es su experiencia con la sanidad en los últimos meses y cuáles son sus preocupaciones y sus necesidades.

Alrededor de 20 millones de personas son diagnosticadas de cáncer cada año en el mundo y unas 277.000 viven en España. Estas cifras reflejan la gravedad e incidencia de una enfermedad que supone la tercera causa de muerte en nuestro país. El problema es que la pandemia ha dejado a estos enfermos en un segundo plano y ha agravado su vulnerabilidad, tal como reconocen desde profesionales sanitarios a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Según datos de esta agrupación, 1 de cada 5 diagnósticos se han hecho en el último año tarde o no han llegado, lo que puede suponer un peor pronóstico y menos supervivencia. Pero además, si el cáncer altera el estado de ánimo de cualquier enfermo y sus familias, la pandemia ha incrementado los casos de ansiedad o depresión, desde el 30% de los pacientes hasta el 45%. Además, la distancia social provoca que el 40% de los enfermos sufra una soledad no deseada en un momento tan difícil de sus vidas. Pese a esta emergencia, el 94% de las comunidades ofrecen una cobertura insuficiente o nula de tratamientos psicológicos especializados.

A todo ello hay que añadir que la crisis económica que ha desatado el covid dificulta que los enfermos puedan hacer frente a los copagos y que provocan pobreza en alrededor del 25% de las familias. 

Madalina Ilinca, 39 años, sufre cáncer de mama y su marido de próstata

Tanto Madalina Ilinca como marido, Roberto Cervigón, padecen cáncer, pese a que no tienen una edad avanzada, lo que da una idea de la expansión de esta grave enfermedad. Él fue diagnosticado de cáncer de próstata a finales de 2019, cuando tenía 61 años, y tras someterse a los tratamientos, ahora está bien. Pero Madalina acaba de ser operada de un cáncer de mama “muy grande y en estado avanzado” porque su médico de atención primaria, como ya había sido operada de dos tumores benignos, no la derivó al hospital para que le realizaran un diagnóstico de imagen cuando ella se detectó un nuevo bulto en el pecho. Fue en la revisión de la operación anterior cuando le descubrieron que esta vez sí, tenía un tumor maligno pero por el camino “se perdieron meses” y eso que aún no había llegado la pandemia. Pero la atención primaria lleva años sin suficientes recursos y su doctor “se confió” dado que los anteriores bultos no eran cáncer.

Finalmente, Madalina fue operada el pasado 8 de enero tras 12 sesiones de quimioterapia y ahora la espera la radioterapia y la inmunoterapia y forma parte de un ensayo clínico para probar dos nuevos medicamentos. La pandemia no ha detenido todo esto pero sí le ha provocado vivir la situación con “mucho miedo” y sin el apoyo de sus seres queridos. Por ejemplo, se pasó sola los cuatro días que estuvo ingresada y, según explica, “salir de una anestesia y no poder hablar con nadie fue muy duro” tanto para ella como para su marido que aguardaba noticias en casa.

Desde la llegada del virus, Madalina y su marido “viven prácticamente aislados” porque son conscientes de que aunque no hay pruebas de que el covid ataque más a las personas con cáncer, sí están “más expuestos” al tener “las defensas más bajas”. Por ello, cuando llegó el momento de que su hija de 12 años regresara en septiembre al colegio, fueron de las familias que se plantearon no permitirlo. Aún hoy Madalina confiesa que siente “demasiado miedo y su hija va al instituto porque les obliga la ley”.

Incluso en casa guardan las distancias. “Llevo casi un año sin dar un beso a mi propia hija”, relata con angustia y señala que aunque el trato recibido por parte de la sanidad pública desde que la diagnosticaron el cáncer ha sido bueno, echa de menos un “apoyo psicológico” que le ayude a sobrellevar mejor la situación.

Eva Martín, 52 años, ha sufrido retrasos en las revisiones del cáncer de cérvix

Eva Martin, que ha sufrido retrasos en las revisiones del cáncer de cuello de útero debido a la pandemia

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El Periódico

El caso de Eva Martín es como el de muchos otros que, debido al colapso que han sufrido los hospitales, han visto como sus pruebas diagnósticas se retrasaban. Eva fue operada a los 48 años de un cáncer de cuello de útero, hace cuatro años, pero el éxito de aquella operación y el tratamiento posterior, como en cualquier otro cáncer, está “supeditado a las revisiones”, según advierte.

En su caso, está en una fase en la que debe ser sometida a revisión cada tres meses, pero este calendario ha saltado por los aires. Justo antes del confinamiento duro le encontraron una alteración en la vía renal y hasta julio no le comunicaron que no era maligno. Y de julio, hasta diciembre sin nuevos resultados y el “problema es que se están normalizando los retrasos”, según denuncia. “La falta de recursos es brutal, y en la primera ola podía entenderse pero ahora que sigua igual o peor, con una atención primaria desbordada y un diagnóstico por imagen dedicado al covid, no se entiende y tendrían que haberlo planificado mejor y aportado recursos”, afirma.

El problema, según explica, es que los enfermos de cáncer normalmente sufren una “angustia tremenda” cada vez que tienen una la revisión, pero el que haya retrasos en las citas o las pruebas, que no se pueda ver al médico presencialmente o que suceda como en abril “que era imposible hablar” con el hospital o la atención primaria “genera un estrés mayor”. 

Verónica Sánchez, 49 años, padeció cáncer de mama y reclamó apoyo psicológico

“Al romperse un tobillo te dan una muleta pero con el cáncer te dicen, ánimo, tú puedes con todo”, así de gráficamente explica Verónica Sánchez lo difícil que es enfrentarse a un tumor maligno y la respuesta que te ofrecen en muchos hospitales, dado que en el 94% de las comunidades dan una cobertura insuficiente o nula al apoyo psicológico que demandan estos enfermos.

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Verónica, que fue operada de un cáncer de mama hace cuatro años, explica que cuando te diagnostican cáncer “tu vida se pone en pausa” y por mucho que te digan que lo han cogido a tiempo “crees que te vas a morir”. Y lo más duro no sólo es gestionar tus emociones sino también las de tus hijos, tus padres, tu pareja… Por eso, Verónica no dudó en solicitar ayuda psicológica en el hospital en el que la operaron, pero primero la postergaron porque el profesional sanitario designado estaba de vacaciones y más tarde lo dejó porque las citaciones «no estaban muy bien organizadas”. Así que, cuando tuvo el diagnóstico, entró en el programa de apoyo de la Asociación contra el cáncer y afirma que, gracias esta ayuda, ahora está “muy bien”.

Verónica explica que es una persona “positiva, fuerte y autónoma” pero llega un momento que “estás tan perdido entre tanto médico, tanto tratamiento, los dolores, el agotamiento, que sientes que necesitas desahogarte con una persona competente”, que además te dé “consejos” sobre cómo informar y sobrellevar la preocupación de tu entorno. Y la situación no se acaba cuando te operan o acabas los tratamientos, cada revisión “es algo muy estresante” y “cuando acabas es como si te hubiera pasado un tanque por encima”, relata. 

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