Uno de los grandes éxitos teatrales de 1985 fue el drama femenino Hay que deshacer la casa, de Sebastián Junyent, que obtuvo el premio Lope de Vega al mejor texto protagonizada por Amparo Rivelles y Lola Cardona llegando a estrenarse hasta en Argentina (con Charo López y Thelma Biral) y conociendo, incluso, una reelaboración en clave masculina con Ramón Langa y Andoni Ferreño. Era cuestión de tiempo que llegara al cine y, al año siguiente, se estrenó su versión dirigida por Jose Luis Sánchez con Amparo Soler Leal y la propia Rivelles (que obtendría el Goya en su primera edición) en los papeles protagonistas. Ahora, la sala Cincómonos recupera este montaje en una adaptación libre dirigida por Lucía Jurjo y retitulada La herencia.

El escenario está ocupado por varias cajas de cartón (algunas de ellas de Amazon), una radio, un baúl, un abrigo de piel, unas sábanas que parecen ocultar muebles y una foto algo enigmática de un hombre en un marco negro. La primera en aparecer es Laura (Izaskun Martínez), una mujer de mediana edad que escucha Los 40 Principales mientras va arreglando el comedor. Está esperando la llegada de Ana (Charo Martínez Blanco), su hermana, que regresa a casa tras haber estado muchos años viviendo en el extranjero.

Un reencuentro incómodo

La recién llegada parece tener prisa, se nota que no le apetece nada estar allí y quiere irse rápido pero Laura la convence de que se quede porque su madre quería que “deshicieran la casa” familiar juntas, tras su muerte. No le quedará más remedio que enfrentarse al pasado y al retrato de su padre, que aún le da miedo. Recuerda lo sucedido, cómo debió irse de allí con tan solo 17 años debido al carácter extremadamente severo de su progenitor.

La inicial desconfianza de Ana acaba convirtiéndose en complicidad con su hermana. No han sabido demasiado la una de la otra en los últimos años y tienen que ponerse al día, confesar si son felices con sus parejas o los hombres con los que han estado, rememoran su vida en el pueblo durante su infancia, sus respectivas noches de boda y se nota su dolor al hablar de la figura de su padre y todas las cosas que no les permitía hacer.

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Los efectos del alcohol

El descorche de una botella de vino provoca que se vayan soltando cada vez más y se decidan a entrar en el tema económico. ¿Quién se quedará con los objetos como cuadros o joyas? ¿Qué harán con el piso? ¿Quién merece la herencia y quién no? La conversación irá subiendo de tono hasta llegar al enfrentamiento, pero al final hallarán un punto de encuentro, la soledad, ambas se sienten terriblemente solas y vapuleadas por la vida y allí hallarán la clave para la reconciliacion acompañada por la emblemática canción de I will survive.

En poco más de una hora hemos asistido a un reencuentro familiar que está lleno de rencores y dolores, heridas del pasado que ambas deben sanar conjuntamente. Deben decir adiós al ayer, romper con él para volver a sentirse liberadas y capaces de iniciar una nueva vida. Una obra que va de menos a más intensidad, con una escenografía sencilla pero funcional, dos actrices volcadas en sus personajes y pequeños momentos de humor para rebajar el dramatismo. Una relectura puesta al día y reinterpretada de un texto muy recordado. Quizás no había que deshacer la casa del todo, pero no está mal redecorarla…

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‘La herencia’

¿Dónde? Sala Cincómonos (Roger de Llúria, 128).

¿Cuándo? viernes, a las 19.30 horas.

Precio: de 14 a 18 euros.

Más información: Sala Cincómonos.

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