En su Última cruzada, Indiana Jones descubrió el escondite del Santo Grial en los recovecos de Petra. Lo llenó de agua mágica, bebió y alcanzó la eterna juventud. Cuando Steven Spielberg retiró las cámaras y dio por concluido el rodaje, apareció Toni Nadal con una cantimplora y la llenó de la misma agua para dársela a su sobrino, que también hace buen uso de ella. Cada año que pasa, Rafa parece mejor tenista. También en 2019, año que ha estrenado clasificándose para su quinta final del Open de Australia tras dos semanas impecables de tenis, rubricadas, de momento, con su exhibición en semifinales ante el Next Gen
Tsitsipas (6-2, 6-4 y 6-0).


















La velocidad de piernas que demostró el mallorquín en Melbourne ante el griego fue más propia de un imberbe veinteañero que de un veterano campeón de 32 años. Proclamado en Milán como líder de la nueva generación de tenistas, Tsitsipas no tuvo más que inclinarse ante Nadal como el aprendiz hace con su maestro, como ya hicieron antes sus compañeros de generación De Miñaur y Tiafoe. Jubilar al de Manacor no va a ser tarea fácil, empeñado el mejor deportista español de todos los tiempos en desafiar todas las reglas establecidas.


Nadal buscará el domingo su segundo Open de Australia, lo que le convertiría en el primer tenista de la historia en completar dos veces el Grand Slam











Nadal sigue sin perder un solo set en el primer Grand Slam del año, arrollando a cualquiera que osa ponerse al otro lado de la pista. No fue una excepción el prometedor tenista griego, de 20 años, vapuleado por el martillo que sigue siendo la raqueta del mallorquín incluso bajo el sofocante calor australiano. No se intuye ahora mismo un jugador capaz de detener a Nadal si mantiene este nivel, si acaso la mejor versión de Djokovic, que se medirá este viernes a Pouille en busca de la segunda plaza en la final australiana.

Ya sea contra el serbio o el francés, Nadal buscará el domingo su grande número 18 y acercarse un poco más a los 20 de Federer, además de ser el primer tenista en la historia en completar por segunda vez el Grand Slam gracias a su segundo Open de Australia. Un hito al solo al alcance de un elegido como él, sublimes mente y cuerpo en un tenista sin igual.




















Stefanos Tsitsipas se despide Australia
Stefanos Tsitsipas se despide Australia
(Saeed Khan / AFP)

En menos de dos horas, la semifinal quedó liquidada, la mejor muestra de la superioridad de Nadal. Apenas tardó tres juegos el mallorquín en firmar su primer break y avisar a Tsitsipas que no iba a tener una velada agradable. Con momentos de tenis memorables, logrando puntos desde cualquier esquina de la pista, el de Manacor cerró la primera manga por 6-2 sin dejar lugar a dudas.


¿Rafa Nadal volverá a ser número 1?




  • Sí, superará a Djokovic y al resto

























  • No, no conseguirá remontar


























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Más guerra planteó el griego en el segundo set, en el que los servicios se impusieron. Porque si Nadal no tenía suficientes armas, ha desplegado en Australia un saque poderoso que le hace ser incluso más temible. Un trabajo a largo plazo con su equipo de entrenadores que empieza a dar sus frutos. Una rotura en el noveno juego bastó al mallorquín para firmar el 6-4 y empezar a encarar su quinta final.




















Tras completar un gran Open de Australia, Tsitsipas se despidió con un doloroso 0-6





Perdedor en sus dos anteriores duelos con el huracán Nadal, Tsitsipas arrojó la toalla antes de tiempo, quizás fruto de su juventud e inexperiencia en estas lides, no en vano disputaba su primera semifinal de un Grand Slam. Le costó caro al griego, que se despidió del torneo encajando un doloroso 6-0, que no hizo sino reflejar la superioridad casi insultante de su rival.

Fue una exhibición de otra época, impensable en una semifinal en Australia, pero un sorbo de realidad para el tenis, que sigue bendiciendo la eterna juventud de un extraordinario deportista como Rafael Nadal Parera. Si el gobierno de Marte no le reclama, se podrá seguir afirmando que es un terrícola. Aunque no lo parece.






















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