La periodista Ana Martín y los publicistas Xavier Gimeno y Fernando Alcázar han dado forma y contenido al primer diccionario en clave femenina hecho para denunciar los sesgos de género del lenguaje. El libro clama repetidamente contra lo que denomina el binomio (o combo) favorito del machismo: sexualización y animalización en una sola palabra.

Cuando llega a la entrada de ‘jubilada/jubilado’, la ‘Diccionaria’ propone un pequeño ejercicio que podría aplicarse a muchas otras palabras, así dentro del volumen como fuera de él. Dice así: “Cerrad los ojos. Pensad en una jubilada. Abridlos. Ahora, volved a cerrarlos. Pensad en un jubilado. Queremos un euro por cada persona que, en el primer caso, haya imaginado a una señora en su casa, con mandil, horneando galletas y haciendo punto. Y otro euro por cada persona que, en el segundo caso, haya visualizado a un señor jugando con sus amigos a la petanca, sentado en un banco al sol o vigilando una obra mientras el aire le pega en la cara”.

El lenguaje está lleno de estereotipos, y es uno de los objetivos de la ‘Diccionaria’ (Libros Cúpula) que el lector los confronte. Eso y, desde una perspectiva más amplia, denunciar el machismo que transportan las palabras, probablemente la expresión más cotidiana, extendida y transversal de la discriminación de género. “Está hecho con voluntad de denunciar, de poner al patriarcado ante sus maldades”, dice Ana Martín, la periodista y escritora que seleccionó los vocablos y redactó las entradas de este particular… ¿diccionario feminista, acaso?, todo parece indicar que único en su género, amén de, por supuesto, todos los volúmenes que han sido publicados sobre lenguaje sexista, y de los glosarios que Martín da por sentado que ya existían. Con ácida ironía, con afilado sarcasmo, la ‘Diccionaria’ denuncia, entrada tras entrada, ejemplo tras ejemplo, el sesgo machista de decenas de vocablos que forman parte de la rutina diaria.

Cierren ustedes los ojos, como dice la ‘Diccionaria’, y piensen en una golfa. Ahora piensen en un golfo. Piensen en una fulana. Ahora piensen en un fulano. Piensen en una zorra. Ahora piensen en un zorro. Piensen en una operada. Ahora piensen en un operado. Son algunos de los ejemplos de los que echa mano el libro para ilustrar el sesgo. ¿De dónde salió la idea? No de Martín. Tampoco de Xavier Gimeno, ni de Fernando Alcázar, los dos creativos publicitarios que le dieron forma. En realidad, surgió de un personaje insospechado: la hija de Gimeno, Danae, una niña de nueve años. “Esa niña, Danae, que aprende el mal uso que se hace del significado de las palabras según su género, me pregunta a mí, su padre, por qué no existe un diccionario con un criterio feminista”, reza el prólogo. La niña, hija de su tiempo, había echado un vistazo al diccionario y de hallazgo en hallazgo había llegado a la conclusión de que algo no estaba bien.

Defininciones de La Diccionaria

“Fue una recopilación bastante intuitiva”, explica Martín. “Hay unas palabras que forman parte de la conversación social, palabras cuyo uso sexista ha sido puesto en evidencia, al lado de otras que no son tan evidentes. Luego están las que me decidí a buscar porque no sabía bien cómo estaban definidas en el diccionario, y al ver cómo estaban definidas vi que mi pálpito era correcto. Muchas me venían como flashes a la cabeza, pero también están las que tuvieron un proceso de indagación. Seguro que faltan muchas, pero las que están tenían que estar”. En el grupo de las evidentes: zorra, que es puta, y zorro, que es astuto. En el segundo: gobernanta, que es la encargada del servicio de limpieza, y gobernante, que es aquel que gobierna. “No quería dar nada por hecho. Nos movemos en los mismos círculos y creemos que todo el mundo tiene asimiladas ciertas cosas, pero es menos evidente de lo que parece”. “Que se puede ampliar, eso es seguro, es un trabajo interminable, por desgracia. Ya me gustaría que no hubiera que hacer esto en pleno siglo XXI”.

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Lo que dice la ‘Diccionaria’ sobre el significado de ‘coñazo’: “Viene, efectivamente, de ‘coño’. Que, a su vez, viene del latín ‘cunnus’. Y que significa ‘vulva’. Por lo que, automáticamente, decidieron uno o varios señores, esto nunca lo sabremos, se iba a convertir en sinónimo de ‘persona o cosa latosa e insoportable’, suponemos que por el mismo procedimiento que ‘cojonudo’ pasaría a significar ‘algo realmente bueno’. Cosas patriarcales que pasan”. El toque irónico, ya se ha dicho, es parte esencial del libro. “Primero”, dice Martín, “porque es un proyecto que idean y organizan Xavi y Fernando y sus libros siempre tienen ese toque. Y segundo, porque se trataba de hacer algo que no regañase a nadie, pero que pusiera al patriarcado y el machismo frente a sus maldades, a sus incorrecciones y a esa negación que se ha hecho de la mujer, esa animalización, esa sexualizacióm. Y eso con ironía entra mejor”. Sexualización y animalización, señala la ‘Diccionaria’, son “el binomio favorito del machismo”. Zorras, jamelgas, tigresas, perras, potras, yeguas y urracas están allí para demostrarlo.

Si existe una ‘Diccionaria’, entre otras cosas, es para llegar donde el diccionario no llega. El de la RAE, que es el que fija el canon. Al respecto, Martín recuerda que quienes conforman la institución –y actualizan el diccionario– “en su mayoría son hombres”, que “la renovación allí es muy lenta” y que, por lo tanto, “no hay igualdad”. Además, añade, “a veces no se recogen, y a veces se recogen tibiamente”, los usos despectivos y con sesgo machista de algunas palabras. “El diccionario tiene la responsabilidad de hacer constar que determinado uso de una palabra es despectivo o machista”, afirma. La ‘Diccionaria’ lo hace a cada página.

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