La ciudades diseñadas pensando en la experiencia de las mujeres aportan beneficios al conjunto de la sociedad y al medio ambiente, según Zaida Muxí e Isabel Martín

Mujeres y hombres se desplazan por la ciudad de forma distinta. Sin embargo,la arquitectura ha priorizado la experiencia masculina, resultando en ciudades zonificadas y orientadas a la producción. El urbanismo con visión de género aboga por distancias cortas, calles seguras y barrios variados en actividades. Este diseño pone en el centro los cuidados sin los cuales, como ha demostrado la pandemia, es imposible la actividad productiva. De ello también se benefician los hombres y el medioambiente.

Ciudades pensadas para la vida

Zaida Muxí Martínez

Arquitecta y profesora de ETSAB-UAB

El urbanismo con perspectiva de género pone en primer plano las experiencias de las personas, y con ello evidencia las diferentes actividades, necesidades, y usos que derivan de los roles de género, asignados según el sexo de nacimiento. Ello también implica entender el género como categoría interseccional con otras características, como pueden ser la edad, la clase social, las capacidades físicas, el origen, etcétera. 

Esta lectura socio – espacial nos permite entender si funcionan o no las ciudades; y con ello realizar propuestas que respondan a la mayor diversidad de casuísticas. Ya en 1961, Jane Jacobs nos decía en su libro ‘Muerte y vida de las grandes ciudades’ que había tres factores imprescindibles para pensar las ciudades: la experiencia vivida, la ciudad como sistema complejo y las personas en el centro.

Ecofeminismo y ciudad de los 15 minutos 

De estos tres factores de Jane Jacobs encontramos resonancias en ideas actuales que urge incorporar en nuestras ciudades, como son el ecofeminismo y la ciudad de los 15 minutos. 

El ecofeminismo explica cómo es importante dejar de pensar que nuestra especie es el centro, para entendernos como seres humanos formando parte de un todo mayor. Esta errónea creencia en la superioridad de los seres humanos nos ha llevado a una situación que en estos meses de pandemia se ha mostrado con toda su crudeza. Nuestra acción humana incide negativamente sobre nuestra casa mayor que es el planeta. 

Por ello, tal como tan bien nos explican Alicia Puleo o Yayo Herrero, es importantísimo entendernos ecodependientes e interdependientes. Ecodependientes porque como seres vivos no podemos vivir ajenos a nuestro entorno, y aunque la tecnología nos haya permitido crecer desmesuradamente sin límites aparentes, es un camino que no ha ido bien. Debemos reconsiderar nuestra relación con la naturaleza. Por ello las ciudades tienen que limitar sus crecimientos, fomentar la movilidad activa y sostenible, reintroducir y recuperar la naturaleza viva en ellas, y transformar sus modelos de consumo. 

Las ciudades deben reflejar que dependemos de la naturaleza y de los cuidados

E interdependientes, porque lejos de la gran falacia neoliberal de que los éxitos son mejores cuanto más autónoma es una persona, el ser humano por definición es dependiente. Necesitamos cuidados físicos y afectivos, y ello nos hace interdependientes. Como sociedad no hemos valorado estos cuidados, creyendo que son marca de debilidad y esta pandemia nos ha demostrado que lo que no puede parar son los cuidados.

La ciudad de los 15 minutos, tal como la ha propuesto la alcaldesa de Paris, Anne Hidalgo, es la ciudad de la proximidad que, desde los feminismos, se lleva tiempo defendiendo. Es la ciudad que pone en el centro a las personas y a sus experiencias. Una ciudad de distancias cortas, de calles seguras, de barrios mixtos y variados tanto en personas como en actividades. 

Las tareas de los cuidados, que han estado asignadas al rol de género femenino, están hoy realizadas en un 70% por mujeres. Hay una concordancia entre sexo y rol de género, aunque esto no tiene por qué ser así, ya que la asignación de tareas y roles excluyentes construyen ciudadanías desiguales. La manera en que las ciudades han estado organizadas se ha basado en esta exclusión. 

¿Ciudades zonificadas o mixtas?

Las ciudades zonificadas según usos y estratificadas por clases hacen muy onerosa en tiempo y dinero la articulación de tareas: han sido organizadas para favorecer el trabajo productivo, olvidando que para que este exista tiene que ser posible el trabajo reproductivo o de cuidados. Las ciudades así conformadas penalizan a quienes se encargan de los cuidados. 

Los feminismos piden distancias cortas, calles seguras y barrios mixtos en usos

Predecesoras cercanas, como Anna Bofill o Inés Sánchez de Madariaga, hace tiempo que abogan por una ciudad mixta y de distancias cortas. En un trabajo del Col·lectiu punt 6, derivado inicialmente de la tesis de Adriana Ciocoletto, “Espacios para la vida cotidiana”, se proponen indicadores para medir la calidad de distancias, tiempos y espacios, para evaluar la proximidad que hará posible la conciliación entre las diferentes esferas de la vida: la personal, la comunitaria-política, la productiva y la reproductiva.

Nos queda mucho trabajo, esta pandemia nos ha dado un empujón a los caminos ya empezados y que tenemos que seguir para hacer ciudades más justas e igualitarias.

Hacia una ternura urbana

Isabel Martín Ruiz

Arquitecta y cofundadora de Cotidiana SCA

“Mi abuela María se cayó en el portal del edificio donde vive, en quince minutos pasó el único vecino que queda y la ayudó. El resto de viviendas son ya apartamentos turísticos. Debajo de mi casa la frutería de Manuela ha cerrado y el bar de tertulia flamenca también.” 

“Yo no puedo pagar la habitación en la que vivo aunque trabajo diez horas al día y sé que habito una ciudad cuyo aire me enferma en un territorio del sur de Europa muy expuesto a las consecuencias de la crisis climática….”

“En Algeciras una mujer pasa dos horas al día en coche para poder realizar todas las tareas en su día a día, a pesar de hacerlas en su propia ciudad.” 

Esta diversidad de experiencias reales nos proporciona la consciencia de que incorporar la perspectiva de género al urbanismo es una elección necesaria y urgente. El hecho urbano ha respondido tradicionalmente a unas necesidades consideradas universales en una cultura androcéntrica como la nuestra, dando a unos usos y actividades prioridad sobre otros. Esto ha invisibilizado sistemáticamente otras realidades, que no se tenían en cuenta en la toma de decisiones sobre la vida en nuestras urbes.

El urbanismo ha respondido tradicionalmente a una cultura androcéntrica

Partimos de tres cuestiones básicas previas. En primer lugar, “el cuerpo es un lugar válido para generar saberes”, porque integra “nuestros propios contextos y circunstancias en el proceso cognitivo”, tal y como afirma Mar Gallego en “Como vaya yo y lo encuentre”. Es decir, nuestra experiencia es capaz de generar conocimiento.

Liderazgo entrañable

En segundo lugar, es fundamental escuchar, priorizar la concordia e impulsar la posibilidad del acuerdo afectivo sobre la ciudad que habitamos y que queremos. Este comportamiento responde al concepto de “liderazgo entrañable”, discutido por Marcela Lagarde en “Para mis socias de la vida”. Este concepto nos permite enfatizar cómo nos relacionamos y desde qué lugar generamos los entornos de escucha y diálogo. 

Y por último, las personas somos porque somos juntas e interdependientes: nuestra red de afecto y apoyo es un principio fundamental para la vida.

En el proyecto ‘Itinerarios hacia un consejo de mujeres’, desde Cotidiana SCA y Atomic Lab nos preguntamos: ¿dónde están nuestras redes de afecto y apoyo?, ¿quiénes son las personas a las que cuidamos y que nos cuidan y dónde están? Nos aproximamos al mapa de redes de apoyo para tomar consciencia de cuánto nuestro entorno urbano y nuestro modo de vida nos está permitiendo cuidar y ser cuidadas.

Durante las sesiones constatamos la diferencia generacional en las redes de afecto, las distancias derivadas de la movilidad laboral, de los modos de crecimiento urbanos y del tiempo libre disponible. Conocemos cada vez a menos personas en nuestras vecindades, los espacios comunitarios son pocos y no responden a las necesidades reales, los tiempos están muy acortados por largas jornadas laborales…

Conocemos a pocas personas en el vecindario y la jornada laboral copa el tiempo

En un proceso, que acompañamos gracias a Fundación Mujeres y AEXCID en un barrio con alta conflictividad social, se realizaron talleres apoyados en metodologías desarrolladas por CollectiuPunt6. Concluimos que las posibilidades de convergencia y resolución de conflictos, y los espacios de cocreación y pensamiento, son más fluidos cuando se da voz y se incorporan cuestiones que ponen en valor la experiencia de las mujeres.

Redes de apoyo cotidiano

Los territorios de la ternura han sido invalidados por lo que culturalmente se ha considerado valioso y generador de relato. En el contexto de urgencia de cuidados y de crisis climática que vivimos, lo cotidiano debe llenarse de principios de calidad y calidez que sostengan la vida y la pongan en el centro. Es juntas que transitaremos hacia ciudades donde las personas sean las protagonistas y coexistan con el entorno natural. 

Nuestras personas queridas, que nos hacen bien, deben poder estar cerca. Nuestras redes de apoyo cotidiano son un indicador básico de calidad de vida urbana. Las ciudades deben permitir a las personas vecinas conocerse, tener arraigo, cuidarse y cuidar. Las políticas públicas urbanas tienen una gran influencia en que la vida digna sea posible.

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Cuando incorporamos la perspectiva ecofeminista al urbanismo emergen posibilidades de mejora de la vida de las personas y de los entornos que habitamos.

Las autoras de estos artículos forman parte de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico.

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