Como el Soho londinense (y su homónimo neoyorquino) o el barrio de Gràcia, en Barcelona, el Trastevere es un lugar lleno de contrastes. Andando por sus plazas y laberínticas calles de trazado medieval, nos encontramos alternativamente con lo sagrado y lo profano, lo antiguo y lo nuevo, lo local y lo globalizado. Como muchos barrios con identidad propia, lleva al menos un par de décadas intentando sobrevivir a los excesos de la gentrificación.

Pero la presencia masiva de los turistas haciéndose selfies, la especulación inmobiliaria y los locales despersonalizados de la contemporaneidad no impiden que todavía siga emanando cierta sensación de autenticidad local.




















Una pintoresca calles en el Trastevere romano
Una pintoresca calles en el Trastevere romano
(Olga_Gavrilova / Getty Images/iStockphoto)

Al otro lado del río






Se dice que fueron los norteamericanos que combatieron en la Segunda Guerra Mundial y las impactantes imágenes de las obras maestras del cine del Neorrealismo los que convirtieron este antiguo barrio de clase obrera, situado al sur de la ciudad vaticana, en cita obligada para cualquier extranjero de visita por Roma.







Durante tiempo fue la pequeña ciudad de los judíos construida más allá del Tíber (trans Tiberim), que el papa Sixto IV conectó al resto de la urbe con la construcción del ponte Sisto. Pasaron los siglos, y el Trastevere mantuvo su encanto de barrio humilde y muy vivido, al margen del monumentalismo renacentista y barroco; un barrio que atrajo a multitud de artistas deseosos de experiencias vitales (entre ellos, al poeta español en el exilio Rafael Alberti, que vivió en via Garibaldi).


El Trastevere cristiano






La plaza de Santa Maria in Trastevere es desde siempre el punto de encuentro para los paseos, las citas románticas y las incursiones nocturnas. Allí se encuentra la basílica del mismo nombre, fundada, según la leyenda, en el siglo III por el papa Calixto I (aunque su aspecto actual es fruto de una remodelación del siglo XII), especialmente famosa por los mosaicos de Pietro Cavallini.




















Detalle interior de la basílica de Santa Maria in Trastevere
Detalle interior de la basílica de Santa Maria in Trastevere
(isogood / Getty Images)

Hay también otros “templos” de la cristiandad que merecen una visita, como Santa Maria dei Sette Dolori (via Garibaldi, 27), iglesia proyectada por Francesco Borromini; Sant’Egidio (piazza Sant’Egidio, 2), que alberga hoy un interesante Museo del Folclore; Santa Cecilia in Trastevere (piazza di Santa Cecilia), construida en el antiguo hogar de la patrona de la música, donde fue martirizada hasta la muerte; o San Francesco a Ripa (piazza San Francesco d’Assisi, 88), donde se alojó el fundador de la orden franciscana durante su visita a Roma. En el interior de esta última iglesia se halla una magistral obra escultórica del Barroco, cuya contemplación sugiere una evidente conexión entre el rapto místico y el goce erótico, el Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni, de Gian Lorenzo Bernini.


El Trastevere mundano






Los devotos de la vertiente más profana y sensual del pasado del barrio no deben dejar de contemplar la Casa della Fornarina (via di Santa Dorotea, 20). En ella vivió Margherita Luti, la hija de un panadero, que se convirtió en modelo y amante del artista Rafael. El edificio alberga hoy el restaurante Romolo nel Giardino della Fornarina (via di Porta Settimiana, 8), un establecimiento con un magnífico jardín que, desde 1930, ofrece platos de cocina tradicional, como los humildes y sabrosos spaghetti cacio e pepe (pasta con pimienta negra y queso pecorino, según la antigua receta de los pastores) o la coda alla vaccinara (rabo de buey estofado con verduras, pasas y piñones).




















Plazas, calles estrechas y edificios medievales caracterizan el barrio romano de Trastevere
Plazas, calles estrechas y edificios medievales caracterizan el barrio romano de Trastevere
(yyyahuuu / Getty Images)

En este barrio también vivieron otros personajes poco amantes de las convenciones, como los poetas Giacomo Leopardi o Guillaume Apollinaire (que nació aquí), el pintor del grupo de los macchiaioli (o los “manchadores”) Nino Costa o la reina Cristina de Suecia, que, tras convertirse al catolicismo, abdicó del trono y se trasladó a vivir al Palazzo Corsini (via della Lungara, 10). Esta villa barroca alberga hoy la Galeria Corsini, con una colección que incluye piezas maestras como el San Juan Bautista de Caravaggio.

También fueron trasteverinas célebres Giuditta Tavani Arquati, heroína del Risorgimento que vivió en la via della Lungaretta, o la actriz Anna Magnani, imagen icónica de la Roma de las clases trabajadoras y el lumpen gracias a títulos como Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini, o Mamma Roma, de Pier Paolo Pasolini.


La cocina popular






Es el signo de los tiempos: en el barrio, los locales cambian de nombre y aspecto a velocidades vertiginosas, pero aún es posible ir a restaurantes donde ofrecen comida romana “de toda la vida”. Es lo que se encuentra en la Trattoria Da Lucia (vicolo del Mattonato, 2), con una buena trippa alla romana y un glorioso tiramisú; o en Da Enzo al 29 (via dei Vascellari, 29), de visita obligada por muchas razones; entre ellas, su excelente salsa carbonara.


















Y después de comer, nada mejor que una buena sobremesa con una cerveza Peroni, que se encuentra a un precio imbatible en el bar San Calisto (piazza di San Calisto, 3); o con un cóctel de inspiración cinematográfica (con nombres de personajes tan populares como Indiana Jones, Jessica Rabbit o Machete) en el emblemático Freni e Frizioni (via del Politeama).


Un local de comidas en el Trastevere
Un local de comidas en el Trastevere
(Eva-Katalin / Getty Images)



















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