En la línea de dos libros previos en los que sus autores evocaban la relación profesional mantenida con el director de ‘El resplandor’, ‘Kubrick’ (escrito por Michael Herr, guionista de ‘La chaqueta metálica’) y ‘Aquí Kubrick’ (de Frederic Raphael, responsable del guion de ‘Eyes wide shut’), Vicente Molina Foix recuerda y analiza su colaboración con el cineasta en Kubrick en casa, un libro breve y conciso (128 páginas, tamaño bolsillo) que acaba de publicar Anagrama como cierre a un año en el que Stanley Kubrick ha sido objeto de homenajes, restauraciones y exitosas exposiciones como la clausurada hace unas semanas en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

Molina Foix, que en el reciente festival Kosmopolis participó en un diálogo sobre Kubrick con Jordi Costa, comisario español de la exposición, entró en contacto con el realizador en 1978. Carlos Saura había sido requerido por Kubrick para dirigir el doblaje de ‘La naranja mecánica’, que iba a reestrenarse en España en versión doblada y subtitulada. Molina Foix vivía entonces en Londres. Había publicado un par de novelas y ejercía la crítica cinematográfica. El encargo de Saura era claro: “Tendrás que hacer dos listas de diálogos que se adapten al doblaje con actores y al subtitulado”, escribe en el libro.

Fue un proceso laborioso. Molina Foix explica la decisiva participación en ese proceso de Geraldine Chaplin, entonces compañera sentimental de Saura, que advirtió numerosos errores y americanismos en la traducción del guion ya hecha en Hollywood para el doblaje español. Molina Foix se puso manos a la obra.

Estudió a fondo la novela original de Anthony Burgess y explica la metodología del idiolecto que hablan los salvajes drugos. Burgess inventó el Nadsat, “que es el sufijo ruso equivalente a ‘teen’ (de ‘teenager’)”, escribe Molina Foix. “El Nadsat sería la fusión de términos rusos, a veces parodiados de un ruso de pega, pareados ripiosos al modo de los finales del teatro isabelino y argot angloamericano, con la voluntad de representar así, dice el autor, las dos lenguas más poderosas del mundo”. Molina Foix creó equivalentes para el Nadsat: “Fue un trabajo apasionante y difícil, más por Burgess que por Kubrick”. Inventó “milicienta” para millicent (policía), “metisaca” para in-out, in-out (copulación), “quijotera” (cabeza) o “videar” para viddy (mirar).

El doblaje de ‘El resplandor’

Kubrick quedó contento. Y desde entonces, Molina Foix fue el “traductor” al castellano de su cine. Recuerda la complejidad de “entregarme al estilo profundo de las palabras malsonantes de La chaqueta metálica”. Hizo también El resplandor. Tras leer la novela de Stephen King, le pareció farragosa y aburrida. Molina Fox pensaba que era imposible que de ese material surgiera “una obra fílmica digna del canon de Kubrick”. Afortunadamente se equivocó, aunque la dirección de doblaje (también de Saura) fue polémica: pocos entendieron la elección de Verónica Forqué para doblar a Shelley Duvall, sin tener en cuenta que tienen prácticamente la misma voz.

El libro, revelador en cuanto desmenuza aspectos de la personalidad de Kubrick desde la propia experiencia de Molina Foix, se cierra con una entrevista que el segundo hizo al primero en junio de 1980.

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