Estrella en explosión, las firmas de moda se lo rifan y, de ‘Dune’ a ‘Don’t look up’, su nombre aparece en las grandes películas de este año.

Su madre y su abuela fueron bailarinas de Broadway, su padre trabaja en Unicef, su hermana es actriz y tiene un tío cineasta, una tía escritora y un abuelo guionista. Criado en lo más selecto de Manhattan rodeado por este ambiente proclive a las artes y las humanidades, lo raro es que Timothée Chalamet hubiera querido hacerse camionero. 

Cosecha del 95, por sus venas corre sangre gala, rusa y austriaca, pero ese ‘charme’ afrancesado que desprende no es solo cosa de la genética. Los veranos de su infancia y adolescencia los pasó en Le Chambon-sur-Lignon, pueblo del Alto Loira de donde era oriunda su familia paterna. Fue allí donde descubrió su primera vocación: el fútbol. De hecho, llegó a entrenar a un equipo infantil. 

Pero no, no era pegar patadas a un balón ni conducir camiones lo que hacía que se dilataran las pupilas, sino las artes. Particularmente, las escénicas. Por eso, al elegir instituto, pidió que lo apuntaran a la Fiorello LaGuardia High School of Music & Art and Performing Arts, por cuyas aulas han pasado Adrien Brody, Robert De Niro, Al Pacino, Nicki Minaj o Jennifer Aniston.

A los 14 años apareció en un capítulo de ‘Ley y Orden’, a los 15 descubrió las tablas del off-Broadway encarnando a un adolescente en pleno despertar sexual, y un año más tarde hizo de novio de la hija de Nicholas Brody en ‘Homeland’. Pero los primeros dólares los ganó haciendo anuncios. También sopesó hacerse rapero: al micro se hacía llamar Lil’ Timmy Tim. 

Antes de cumplir 20 años había logrado colarse en los títulos de crédito de películas de éxito mundial como ‘Interestellar’ o ‘Navidades, ¿bien o en familia?’, pero el verdadero campanazo lo dio en 2017 gracias a su papel de joven intelectual en ‘Lady Bird’ y, sobre todo, de Elio, el tierno adolescente enamorado del colega de su padre que encarnó en ‘Call me by your name’. No ganó el Oscar ni el Globo de Oro, pero estuvo nominado.

Rabiosamente joven y atractivo, y talentoso como pocos: el combo perfecto para caer preso de las ‘majors’. Sin embargo, en los últimos años ha aparecido en títulos sin trazas de ‘blockbuster’, como ‘Beautiful boy’, ‘Mujercitas’, ‘The King’, donde daba vida a Enrique V de Inglaterra, o ‘Día de lluvia en Nueva York’, la penúltima de Woody Allen.

Sus aptitudes dramáticas están fuera de duda, pero el actor se ha acostumbrado a ser noticia también por sus ‘looks’. Su imán no radica en su barbilla fina, su melena ondulada y sus hechuras adolescentes, que también, sino en su instinto para combinar americanas, sudaderas y deportivas contra los cánones del estilismo y atraer todos los flases. Las marcas se lo rifan.

Al actor se le conoce ya una selecta colección de novias, casi todas de postín. Tras salir brevemente con Lourdes León, hija de Madonna, ha mantenido una aireada relación con Loly-Rose Depp, la hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis. Su última novia es la actriz mexicana Eiza González.

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Su éxito significa el triunfo del hombre sensible y vulnerable que se abre camino tras el #MeToo. No en vano, después de que el caso Weinstein reavivara la oscura historia de pederastia de Woody Allen, donó a entidades que luchan contra la violencia machista el dinero que había ganado a las órdenes del director.

Le han comparado con James Dean, pero el icono cultural del siglo XX que probablemente se le pegará como un chicle es Bob Dylan. Esta transmutación ya debería haber ocurrido, pero el rodaje del ‘biopic’ se ha retrasado, sine die, por la pandemia. Su última aparición fue en la pausa de la Super Bowl, donde encarnó a un supuesto hijo de Eduardo Manostijeras en un espot publicitario de Cadillac. 

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