• La ópera prima de David Prior, estrenada de tapadillo en plataformas, se convierte en fenómeno secreto entre los aficionados al género fantástico

‘The empty man’ no se ha visto en ningún festival ni se ha hecho ningún tipo de publicidad sobre ella. No hay disponible ninguna entrevista a su director. Tampoco material promocional, apenas un tráiler de dos minutos y un póster oscuro, severamente tenebroso. Su suicida estreno en salas en Estados Unidos pasó inadvertido en plena pandemia; y hace escasas semanas llegó de tapadillo a España, disponible solo en alquiler en plataformas de streaming: Movistar+, Rakuten TV, Prime Video, Google Play y Microsoft Store.

Es como si ‘The empty man’ hubiera salido de la nada y la nada misma se la hubiera tragado. Quizás por eso ya se hable de ella como una película maldita, que ha ido generando un culto secreto entre los aficionados al género fantástico. Porque, en verdad, ‘The empty man’ es una superlativa, casi insondable, muestra de terror repleta de estimulantes ideas; una alucinógena muestra de horror cósmico nihilista evocador de H.P. Lovecraft y Thomas Ligotti por la que se pasean sectas ocultistas de pensamiento solipsista, sobrecogedoras tulpas budistas y abstractos conceptos existencialistas.  

¿De dónde sale?

Inspirada en la novela gráfica homónima de Cullen Bunn y Vanesa R. Del Rey, ‘The empty man’ comenzó a desarrollarse en 2016 dentro de 20th Century Fox, se filmó un año después y permaneció desde entonces a la espera de un estreno que nunca se terminó de materializar, primero por la accidentada adquisición de Disney del estudio y después por la pandemia. La radicalidad de la propuesta tampoco ayudó: un director debutante, actores poco conocidos, ritmo a fuego lento durante sus más de horas de duración y elevadas reflexiones filosóficas de raíz literaria la abocaban al completo desastre comercial. De ahí el desahucio a que fue sometida tanto por Fox como por Disney. 

¿Otra del Hombre del Saco?

La ópera prima de David Prior relata los episodios que un expolicía (James Badge Dale, protagonista de la serie ‘Rubicon’), torturado por la muerte en accidente de su mujer y su hijo, vivirá durante la investigación de la desaparición, o algo parecido, de una joven a causa de una leyenda urbana conocida como ‘The empty man’. Una presencia provocadora de epidémicas muertes y suicidios, evocadora del Hombre del Saco, el Coco, el Bogeyman, el Slinder Man; e inspirada en el universo del ‘creepypasta’, esas historias de terror compartidas a través de internet cuyos límites entre realidad y ficción permanecen difusos. Pero ‘The empty man’ trasciende al Hombre del Saco y los ‘creepypasta’, pues acaba siendo un viaje al corazón del horror cósmico y filosófico, en el que conviven Lovecraft con Nietzsche, el ocultismo apocalíptico con el misticismo budista. Y, por encima de todo, una profunda exploración del sentimiento de culpa y el vacío que genera.


¿A qué se parece?

De no haberse pospuesto el estreno durante tres años, ‘The empty man’ habría sido coetánea de ‘Hereditary’. Una curiosa coincidencia si tenemos en cuenta que las dos abordan el tema de las sectas ocultistas y se adentran en el territorio del ‘folk horror’, de los cultos ancestrales, de los poderes que se convocan a través de espíritus que nos introducen en una dimensión fantástica insondable y siniestra. La película de Ari Aster se incluyó en la resbaladiza categoría de ‘elevated horror’ (terror con más ambiciones que las de meramente asustar), pero no queda claro que la de Prior lo sea también, ya que su naturaleza se acerca más a la de pesadilla metafísica en la línea de ‘Kaïro (Pulse)’, de Kiyoshi Kurosawa. ‘The empty man’ lanza una serie de conceptos poco frecuentes dentro del género, como el de tulpa (un ser u objeto creado mediante poderes mentales o espirituales). Y su discurso en ocasiones puede resultar demasiado abstracto, pero en compensación sabe crear imágenes de un enorme impacto visual (esa turba de fieles corriendo alrededor de una hoguera).

¿Qué hace sentir?

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Su capacidad de magnetismo se inicia en un prólogo que tiene lugar en Bután en los años 90. Este fragmento independiente, dividido en actos, demuestra la capacidad de Prior a la hora de manejar la puesta en escena y la tensión atmosférica de una manera apabullante, algo que continuará haciendo durante toda la trama, cuando se traslade a la actualidad en un entorno urbano, en un proceso de búsqueda detectivesco que remite al cine de David Fincher, con el que el director ha colaborado en numerosas ocasiones. La música de Christopher Young, experto compositor de universos oscuros desde ‘Hellraiser’, y Lustmord, acompañada por silbidos y susurros, completan una experiencia estremecedora y absorbente. 

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