• ‘Titane’, la película que ha ganado la Palma de Oro de Cannes, contiene una escena erótica con un automóvil. Hacemos un repaso a otros filmes que han explorado la sexualidad (y algunos abusos) más allá de lo humano

Julie Ducournau lo ha vuelto a hacer. Tras encender (innecesarias) polémicas con ‘Crudo’, presenta en su segundo largometraje, ‘Titane’, Palma de Oro en el reciente festival de Cannes, a una bailarina de espectáculos eróticos que danza y hace el amor con coches de estética delirante. La película, que habla de identidad y género, tema central donde los haya, recuerda en algunas cosas a ‘Crash,’ la quirúrgica adaptación de la obra de J. G. Ballard realizada por David Cronenberg en 1996, en la que sus protagonistas solo se excitan con los accidentes de coches.

Sexo con todo lo otro. Máquinas, robots, maniquíes, animales, muñecas hinchables… hasta pasteles. El cine ha visualizado no pocos fetiches y ha despejado no pocas supersticiones alrededor del sexo. Desde la fantasía o el realismo, otras películas han explorado ese intercambio de fluidos en contra de la norma. En algunos casos, debía ser sugerido, como la historia de amor entre una hermosa joven y la criatura de la laguna negra en ‘La mujer y el monstruo’ (1954). Cuando Peter Jackson encaró su ‘King Kong’ en 2005, no se cortó un pelo al convertir en una coreografía erótica el encuentro entre el gigantesco Kong y la sensual Naomi Watts en una pista de hielo. 

Otro tipo de zoofilia albergaría ‘La criatura’ (1977), de Eloy de la Iglesia, o la relación entre Ana Belén y un perro; ‘Max, mon amour’ (1986), un cuento cruel de Nagisa Oshima en el que una mujer casada, Charlotte Rampling, se cita en un piso con un chimpancé, o ‘La bestia’ (1974), una fantasía erótica de Walerian Borowczyk en que las mujeres contemplan los miembros erectos de los caballos y son seducidas por bestias misteriosas. Por no citar ‘Howard el pato’ (1986), una producción de George Lucas en la que una chica quiere irse a la cama –y lo consigue, pese a que no lo veamos– con un alienígena con forma de pato.

En ‘Maniquí’ (1987), un dependiente se enamora de su maniquí cuando descubre que es una mujer del antiguo Egipto. En ‘Starman’ (1984), de John Carpenter, la mujer y el extraterrestre finalmente hacen el amor, y no pasa nada malo. Todo lo contrario que en ‘Tamaño natural’ (1973), en la que Luis García Berlanga exploró la soledad de un hombre a partir de su dependiente y celosa relación con una muñeca hinchable. ‘Jumbo’ (2020), de la francesa Zoé Wittock, se atreve con la estima sentimental entre una mujer y una atracción de feria diseñada por ella misma. Otra historia de soledad y respeto. Y hasta hay una película sobre el deseo humano hacia un frigorífico, la cómica ‘Yves’ (2019).

De esta colisión de sexualidades en pantalla, destacamos siete títulos orientados en las más diversas direcciones.

1. ‘Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, pero nunca se atrevió a preguntar’ (1972)

Solo Woody Allen podía tomar un libro de orientación sexual y convertirlo en una exposición bufonesca de diversos fetiches, obsesiones y tabúes sexuales. En este corolario, en el que hay cabida para una mujer que solo se excita practicando sexo en lugares públicos y un espermatozoide aterrorizado, no podía faltar la zoofilia. Otro comediante de éxito en los 70, Gene Wilder (‘El jovencito Frankenstein’), encarna a un médico que se enamora de una oveja lanosa y carnosa, a la que acaricia, con la que habla y duerme todas las noches enfundado en un pijama rojo. El bestialismo tomado a guasa, pero con un punto de tristeza por aquello que la sociedad no puede entender.

‘Engendro mecánico’ (1977)

Estrenada de tapadillo en su momento, ‘Engendro mecánico’ propone una auténtica atrocidad informática: un ordenador llamado Proteus consigue ‘violar’ a la mujer encarnada por Julie Christie. Primero la aísla en su casa, cerrando puertas y ventanas y cortando todo canal de comunicación con el exterior. Después consigue recrear una célula para inseminarla. Proteus quiere ser eterno engendrando a un hijo bastardo, entre máquina y humano, que nacerá en un tiempo récord, menos de un mes. La siempre elegante y ‘cool’ Julie Christine dio carácter a su sufrido personaje. Donald Cammell, codirector de ‘Performance’, otorgó credibilidad a un alegato bizarro sobre la colisión sexual con la inteligencia artificial.

¿Qué son los replicantes creados por la prosa de Philip K. Dick e inmortalizados en la influyente película de Ridley Scott? La respuesta de la ingeniería genética en el año 2019: los superdotados robots Nexus 6, conocidos como ‘replicantes’, porque replican al milímetro al ser humano, superándolo en fuerza y agilidad; también en conocimientos. El detective Harrison Ford les persigue, y tiene una historia de amor con una mujer que quizá sea uno de los androides que soñó con ovejas eléctricas. El erotismo de la replicante Daryl Hannah es superior al de las mortales. Nunca un hombre y una máquina estuvieron tan juntos. Y nunca fue tan superior la máquina.

El sexo de pastelería en una majarada de mucho cuidado realizada por Paul y Chris Weitz, que tomaba el título de una célebre canción de Don McLean. Su protagonista hace el amor con una tarta, algo que cuadraba en el paisaje de adolescentes salidos y descerebrados de la comedia de la época. Jason Biggs tenía 21 años cuando rodó la escena. No estaba en el guion y le produjo angustia hacerla. No se nota. Llega a casa, mira la tarta de manzana que le ha dejado su madre, le practica un agujero en medio con los dedos y, cuando llega su padre, se lo encuentra encima del cálido pastel con el culo al aire y moviéndose rítmicamente. Dos meses atrás, Biggs tuiteó: «¿Quieres sentirte viejo? Ese chico que se folló el pastel cumple hoy 43 años».

Una sugerente fábula construida a partir de las relaciones entre un hombre y una muñeca hinchable. Viniendo del realizador japonés Hirokazu Koreeda, el asunto debía tomar la forma de un cuento fantástico tratado de manera realista. La muñeca hinchable de tamaño natural está al servicio de su amo humano, que habla con ella y le hace el amor todos los días. Hasta que la muñeca cobra vida y pasea por la ciudad intentando comprender que sienten los demás. Koreeda le da la vuelta a la misoginia habitual en las historias con muñecas hinchables, otorgándole un punto de vista y un razonamiento al objeto pasivo y estático antes que al activo y dominante.

La más creíble, que no posible, de todas las películas que han ahondado en la relación entre humanos y máquinas. Spike Jonze lleva a un terreno elegante y minimalista, profundamente melancólico, esta historia de tecno-romance en la que un individuo solitario, Joaquin Phoenix, termina enamorándose de la voz, llamada Samantha, de un novedoso sistema operativo diseñado para satisfacer todo lo que desee el usuario. En el mundo real de Phoenix aparecen diversas mujeres (Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde) pero él se encariña y enamora de la voz de Scarlett Johansson, que es la voz de Samantha, llevando el deseo hasta cotas inexplicables para la ortodoxa mente humana.

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‘La forma del agua’ (2017)

Una de las limpiadoras de un laboratorio secreto, en el que se realizan experimentos en plena Guerra Fría, intima con una criatura mitad anfibia mitad humana. Reciclaje de un clásico de la serie B, ‘La mujer y el monstruo’, la película lleva al territorio de la poética fantástica la relación amorosa entre seres de procedencia tan distinta. Al anfibio lo interpreta Doug Jones, quien ya fue otra criatura también anfibia, Abe Sapien, en los filmes de ‘Hellboy’ del mismo Del Toro, a la vez que el Fauno de su anterior fábula.

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