En plena pandemia y cuando ya asomaba la tercera ola, Martín Fabregat, de 57 años, decidió ampliar su negocio de manicura y pedicura con un segundo establecimiento. El primero abrió sus puertas en octubre del 2019 y estuvo cerrado durante los tres meses del confinamiento estricto y otros dos meses en octubre y noviembre. «A pesar de todo he abierto otro y he contratado personal porque creo que debemos aprender a convivir con este virus», explica este empresario que se autodefine como «autónomo junior» por su corta experiencia. 

Fabregat, vecino de Sant Cugat del Vallès, trabajó durante 32 años en una empresa automovilística, principalmente en el departamento comercial y en ventas. Tras finalizar su contrato con la compañía y decidió tirarse a la piscina. «El proceso administrativo es relativamente sencillo, pero te sientes solo cuando te surgen dudas y acabas aprendiendo sobre la marcha», recuerda este autónomo. Como él, Elena Barbero, de 48 años y vecina del Prat del Llobregat, también abandonó el sector industrial. En su caso, cabe decir, fue un salto forzado. «Había trabajado toda la vida en una fábrica que cerró. No encontré trabajo de lo mío, que era control de gestión y análisis de costes, y ser autónoma se convirtió en una opción de autoempleo», recuerda Barbero, propietaria de una academia de matemáticas para escolares desde el 2014.

La historia de la tercera participante en el encuentro organizado por EL PERIÓDICO es ligeramente diferente, pero comparte sus sensaciones. «Sentirse muy solo, como decía Martín, es algo que define muy bien a los autónomos», asegura Sonia Ortiz, de 39 años, especialista en SEO con su propia consultoría desde hace unos 12 años. «No podemos ponernos enfermos y debemos saber de todo –continúa esta experta en posicionamiento web–, de lo nuestro y también de temas relacionados con la gestión de la empresa».  

Ortiz fue madre hace seis años y sufrió para conciliar, como explicó en una participación. «Me quedé en casa sin poder hacer nada, pero pagando autónomos. No pido ayudas, porque no las necesito, pero sí pido incentivos como tener vacaciones como los asalariados», reivindica. 

Actualmente en Catalunya hay 525.403 pimes i 549.811 trabajadores por cuenta propia que representan el 99,8% del tejido productivo y el 70% de la ocupación en Catalunya, según los últimos datos del PIMEC, la patronal de las pequeñas y medianas empresas catalanas. «El entramado empresarial es bastante atípico en Europa. Aquí las pimes y autónomos representamos una ocupación mucho más elevada, pero no tenemos mucha fuerza», lamenta Fabregat. En esa misma línea, Barbero considera que los autónomos «están poco reconocidos» desde las diferentes Administraciones. «Nos buscamos la vida y solventamos la papeleta a un sistema productivo que nos ha negado el trabajo, como es mi caso, al cerrar una fábrica», añade la propietaria de la academia de matemáticas.

El 2020 acabó con un descenso de la actividad para un 89,3% de este amplio colectivo. Para el 47,3% este descenso fue superior al 50%. Y de cara al 2021, según el mismo estudio de PIMEC, el 86,4% prevé problemas financieros. Los participantes en este debate no pierden la ilusión y esperan, al menos, mantenerse. «Los dos confinamientos nos cogieron un poco en falso, pero hemos aprendido y han aparecido medidas, que no ayudas económicas, como la vacuna, que se deberían ir notando», explica el gerente del negocio de manicura, si bien augura un futuro algo más negro para los establecimientos dedicados a la hostelería o el turismo. 

Como muchos clientes de Ortiz están dedicado al turismo, uno de los sectores más azotados por la crisis del covid-19, la empresaria decidió abrir una tienda online dedicada a la venta de mascarillas desechables hace tres meses. Hasta ahora cada año la facturación aumentaba. Esa línea ascendente se frenó en seco en el 2020. «Las pérdidas no han sido dramáticas», se consuela Ortiz, que dice «luchar día a día». «Antes yo era mucho de planificar, de hacer listas, y ahora en cambio me adapto a lo que va surgiendo», añade la empresaria, que recibe un consejo de Fabregat: «Yo te recomiendo que sigas planificado, aunque luego no lo consigas. Si no planificas no alcanzarás ningún objetivo», asegura. 

Con la pandemia, Barbero también se adaptó a los tiempos pandémicos. No abrió una nueva línea de negocio, pero reformuló sus clases. Contrató una plataforma para hacer videollamadas de grupo y digitalizó sus clases presenciales. «No me gusta demasiado eso de dar clase a distancia, y a los alumnos tampoco, porque en la academia son más divertidas y manipulativas. Y el problema es que algunos se han dado de baja y solo estoy cubriendo gastos. Y gracias a la ayudas», añade la directora del centro, muy pendiente de unas ayudas para actividades extraescolares anunciadas por el Govern. Hasta la fecha ha recibido una pequeña subvención municipal y 2.000 euros de la Generalitat. «Con eso aguanto un mes y medio», precisa Barbero, muy crítica con la manera de proceder de la administración catalana. En una carta dirigida a EL PERIÓDICO explicaba cómo durante la primera tanda, organizada por concurrencia, los autónomos sufrieron odiosas pantallas de error y líneas de teléfono colapsadas. 

Tuvo más suerte con la segunda tanda, pero aún así lamenta el tufo a electoralismo que hay detrás de estas líneas de ayuda excepcionales. «Se anuncian a bombo y platillo. Anuncian cuando se reúnen, cuando las aprueban, cuando abren las convocatorias, cuando la cierran y cuando las dan. Como el perrito piloto de la feria, que solo es uno pero lo anuncian veinte veces», bromea con sarcasmo Barbero. «Algunas ayudas son tan complicadas de gestionar o tienen tantos requisitos que tienen un punto disuasorio», añade Ortiz.

Cuatro de cada cinco autónomos no podrá aguantar nuevas restricciones, según el informe del PIMEC, y un 40,9% podría bajar la persiana definitivamente. En este sentido, los tres participantes piden a los políticos y en especial al futuro Govern mucha responsabilidad. «Es el momento de dejarse de problemas territoriales y atacar problemas más urgentes como la salud y la economía, porque nos va la vida en ello», afirma Fabregat, muy molesto con la clase política por lo que considera «falta de ejemplaridad». «En lugar de gestionar la pandemia de la mejor manera, actúan pensando en las elecciones, en su beneficio, porque solo les preocupa perder la poltrona», apostilla. 

Las peticiones al Govern

1/ Reducción o exención temporal de ciertos impuestos 

La mejor manera de ayudar a los autónomos, coinciden los tres participantes en el debate, sería reducir o eliminar temporalmente algunos impuestos municipales (IBI, residuos, agua y actividad económica), establecer deducciones de inversiones y gastos en el tramo autonómico del IRPF y reducir o eliminar tasas específicas que recibe la Generalitat por algunas gestiones y trámites. Estas reducciones y posibles exenciones, al ser automáticas serían «fáciles de implementar», sostiene Elena Barbero.

2/ Más ayudas directas para la contratación

Los tres autónomos participantes coinciden en solicitar más ayudas específicas, sobre todo para los sectores más afectados por la crisis sanitaria (turismo, hostelería, comercio y cultura), pero no únicamente. Fabregat echa de menos incentivos a la contratación de personas trabajadoras en empresas pequeñas. «Al abrir el segundo local estuve mirando y no encontré ayudas para la contratación, enfocadas a los pequeños empresarios que queremos crear empleo», recuerda Fabregat.

3/ Mejorar la conciliación laboral

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La conciliación familiar sigue siendo una asignatura pendiente en Catalunya, según Sonia Ortiz. «Tengo una situación privilegiada que me permite disfrutar de mi hija, algo que debería ser común a todos los padres. Ver crecer a nuestros hijos es un derecho junto al de tener una vivienda o un trabajo»; reivindica. En este sentido pide acciones concretas, una reforma estructural relacionada con el model productivo, los hábitos y los usos horarios. Con una reforma o fortalecimiento de derechos como el permiso de lactancia, por ejemplo, no es suficiente.

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