El amor es una de las expresiones de la condición humana que más ha alimentado a la literatura desde que se inventó la escritura, si no la que más. Los afectos han ocupado y preocupado a novelistas, poetas y ensayistas a lo largo de los siglos y fueron el objeto de sus palabras, rimas y páginas. Total, para nada, pues en los laberintos del querer no se llega nunca a ninguna conclusión. Pero esas obras dieron testimonio de la manera de sentir de cada época, hasta el punto de poder afirmar que sería posible explicar la historia de la humanidad leyendo únicamente los libros que contaron cómo nos quisimos en cada momento de nuestro pasado. 

Esa rueda no cesa, y el interés por el amor, tampoco. En el tecnológico siglo XXI, la manera que tenemos de relacionarnos íntimamente continúa acaparando las mesas de novedades de las librerías y este próximo martes, día de Sant Jordi, serán muchos los autores que andarán firmando libros de reciente factura en cuyas páginas siguen dándole vueltas a ese impulso irrefrenable que tanto nos imanta. Pero si bien ese sentimiento es, en el fondo, el mismo desde los tiempos de Safo, cada época tiene su forma de vivirlo y contarlo, y en los últimos años han comenzado a tomar relieve voces que abordan el universo de los afectos desde ópticas novedosas que cuestionan el modelo amoroso consagrado por la literatura romántica.

Feminismo, redes sociales, precariedad

Son autores que hablan de feminismo, redes sociales, precariedad y malos tratos para explicar cómo nos queremos hoy en día. Libros protagonizados por mujeres que han hecho volar los cánones amorosos que las encorsetaban en perfiles pasivos y sufrientes, y hombres que andan perdidos a la busca de un nuevo modelo de masculinidad que les dé pie en esta época. Relatos donde las relaciones se salen del carril trillado y dan cabida al poliamor, a Tinder y al sexo en todas las expresiones posibles. 

Las ocho obras seleccionadas en este artículo tienen en común haber visto la luz en el último año y medio y compartir esa mirada heterodoxa, compleja y crítica de los asuntos del querer. Este próximo Sant Jordi, sus páginas viajarán de mano en mano, entre rosas y besos, en una jornada en la que el amor comparte protagonismo con la literatura. Juntas, estas novelas componen un mapa de los afectos a fecha de 21 de abril de 2019. A sus autores les ha tocado ser los notarios del amor en los tiempos que corren.

Hazme clic y quiéreme


El día que la señaló como la novela ganadora del certamen de este año, el jurado del Premio Alfaguara definió ‘Mañana tendremos otros tiempos’, como «la autopsia de una ruptura amorosa que refleja la época contemporánea de manera excepcional».

De ser cierto lo que afirma el tribunal, vivimos tiempos poco halagüeños en lo amoroso, pues el panorama que pinta la autopsia que ha compuesto el novelista argentino Patricio Pron, y al cual se ven expuestos los protagonistas del libro, es el de un crudo mercadeo sentimental en el que los afectos son poco más que un producto de usar y tirar. Bienvenidos a la era de Tinder y a las relaciones a golpe de clic.

«Estas herramientas no se usan por su nivel de acierto, que según todos los estudios es similar al de cualquier encuentro fortuito, sino por el miedo al otro que preside la vida contemporánea», entiende Pron. Y ya se sabe que el miedo es mal compañero de viaje en las excursiones sentimentales. «La facilidad con la que podemos mantener contactos sexuales gracias a estas aplicaciones no está haciendo disminuir la soledad y el temor al futuro que sienten las personas», destaca el escritor.

En su novela, Pron se resiste a juzgar, pues no es esta la misión del novelista, sino dar fe de lo que pasa en la época que le ha tocado vivir. «En los últimos años, el ideal amoroso se ha visto reemplazado por una enorme cantidad de prácticas cuyo ideal es definido y redefinido una y otra vez por quienes las llevan a cabo», observa el autor. En una era en la que todo lo que era sólido se pone en cuestión, el amor no iba a ser menos.

Macho, la protagonista es ella, no tú


Sin lugar a ninguna duda, el zapatazo que las mujeres han dado sobre la mesa reclamando igualdad real y respeto es el fenómeno que más ha influido para que el patrón tradicional de las relaciones afectivas haya saltado por los aires.

Querer y ser querido en los tiempos del #MeToo tiene poco que ver, o va camino de ello, con el pasado, y en ese tránsito a muchos varones les está pasando lo que al protagonista de ‘El aliado’ (Seix Barral). Tras enamorarse de una activista del movimiento feminista, descubre que él, que va de moderno y avanzado, en el fondo sigue portando un machismo de baja intensidad del que aún no se ha curado.

Sin ser una obra autobiográfica, su autor, Iván Repila, reconoce paralelismos personales. «Yo también me creía el adalid de la igualdad, hasta que las mujeres de mi alrededor me hicieron ver al machista ‘mainstream’ que llevaba dentro», asume. ¿Qué hay que hacer a continuación?

En un ejercicio de ironía que empieza en tono de sátira y acaba en tragedia, el autor cuenta en la novela lo que, como mínimo, no hay que hacer. «Él entra en el feminismo como un elefante en una cacharrería y, pensando que está ayudando, lleva el ejercicio de ‘mansplaining’ más grande del mundo», explica Repila, quien tiene un mensaje para los hombres que han visto lo que él: «Por favor, en esta batalla, no queráis ser también los protagonistas».

Desaparecer como masculinos


A través de una mirada menos irónica y narrativa, pero más incisiva y por momentos ensayística, Víctor Parkas expone en ‘Game Boy’ (Caballo de Troya) un discurso similar al de Repila en ‘El aliado’, pero su propuesta va más allá y se revela contra el feminismo de postal que algunos varones modernos han adoptado como quien se saca el carnet del gimnasio.

«Hay una nueva masculinidad que apoya el 8-M como el blanco que viaja a África a hacerse fotos con niños en brazos. Ningún hombre que se haya subido al carro del nuevo feminismo está prestigiado por ese gesto. Lo verdaderamente novedoso sería desaparecer como masculinos», sentencia.

En los capítulos de su libro, que funcionan como disparos de francotirador, Parkas coloca espejos desconcertantes en el interior de relaciones íntimas. Como en ‘Línea chunga’, donde repara en la asimetría que se produce en las rupturas. «Ella pone fin a la relación y él no se entera. Solemos fijarnos en él, que parece ser el que sufre, ¿verdad? ¿Pero qué pasa con ella? ¿Hasta dónde dura el consentimiento? Esa asincronía es una fuente de violencia», observa el autor. En ‘Codeisan’ se pregunta por el vicio contemporáneo de hurgar en los perfiles digitales de los y las ‘ex’. «¿Qué sacamos de ahí? ¿Confirmarnos? ¿Compadecernos? ¡Pero lo hacemos todos!», reconoce. Son tics amorosos muy de nuestros días, pero Parkas advierte: «Mis abuelos no llevaban ‘piercings’, pero no creo que sus discusiones domésticas de pareja disten mucho de las que mantenemos nosotros ahora».

Cambiar la lucha por la escucha


En el cómic para adultos ‘Lola Vendetta y los hombres’ (Lumen) hay una viñeta que muestra a una pareja desnuda mirándose a la cara. Él le propone: «¿Qué te apetece?», y ella, desconcertada, le responde: «Eeeeemmm… Creo que no entiendo la pregunta». La explicación que ofrece la ilustradora Raquel Riba Rossy revela por dónde van los tiros de su libro en particular y del cambio que está experimentando la afectividad en nuestros días en general. «Las mujeres hemos estado tanto tiempo oyendo que debíamos ser pasivas en el sexo que se nos olvidó preguntarnos lo que nos apetece», señala.

Pero esa sumisión ha terminado, y prueba de ello es Lola Vendetta, que va por el mundo seccionando penes láseres amenazantes y segando cabezas de hombres de cráneo hueco con su catana. La mayoría de las viñetas del último cómic de Riba Rossy, muchas de ellas de fuerte carga violenta, podrían figurar estampadas en las camisetas de las activistas más aguerridas del 8-M, pero la autora, al igual que la protagonista, se confiesa cansada de dar la batalla.

«Es hora de cambiar la lucha por la escucha, debemos pensar en cuidarnos. Todos, mujeres y hombres», dice. La ilustradora previene contra los errores sentimentales que ve en su generación: «Crecimos confundiendo el amor con el sufrimiento, y de ahí hemos pasado a vivir los afectos con superficialidad, solo pendientes de quedar bien en Instagram. Buscamos el amor donde no está». 

Descanse en paz el amor romántico


Si en algo coinciden las voces que últimamente se han animado a analizar los afectos al trasluz de la literatura es en que el amor romántico tiene los días contados. Puede que en los kioscos de los aeropuertos sigan vendiéndose como rosquillas los títulos más tórridos del género folletinesco, normalmente en gruesos volúmenes firmados por autoras anglosajonas, pero el viento parece soplar a favor de los discursos que cuestionan el cliché de la doncella que aguarda paciente la llegada del príncipe azul que dote de sentido a su existencia. «Lo que ya no tengo tan claro es que logremos quitarnos ese cliché de la cabeza. El amor romántico ha sido la mejor campaña publicitaria de la historia. Hay mitos que tenemos muy incrustados, como el de la media naranja, el del amor para siempre, o el de la exclusividad monógama de las relaciones sexuales. Y nos han hecho tanto daño…», advierte Júlia Bertran. 

Habla por experiencia. Después de cerrar una relación fallida, la periodista empezó a hacer dibujos para confrontar el sentimiento de culpa que albergaba por aspirar a mantener relaciones que se salen del canon establecido. Aquellos trazos inspiraron una galería de entrevistas con personalidades que han reflexionado sobre los afectos y el resultado de la excursión fue ‘Amar y timar’ (Editorial Bridge), un libro que ha sido «terapéutico» para la autora y para los lectores que se le han acercado para decirle que comparten su malestar. «Ojalá el amor romántico dé paso pronto a otra forma de relacionarnos que ponga en el centro los cuidados, la empatía y el respeto», declara.

Cómo querer en tiempos precarios


La literatura cumple muy bien el papel del canario en la mina: si hay muchos libros hablando de algo, es porque ese algo escuece. Que las relaciones amorosas despierten el interés de tantos autores delata que el tema de los afectos causa dolor. Isaac Rosa encuentra razones estructurales a esa pupa sentimental. «El malestar amoroso es un reflejo del malestar social que padecemos. Vivimos vidas aceleradas enfocadas a la producción y al corto plazo, pendientes de lo nuevo y bajo la presión de la obsolescencia programada. En esas condiciones, ¿cómo vamos a querer?», se pregunta el novelista, quien compara: «Pedirnos que seamos flexibles en el terreno laboral solo conduce al desapego emocional y a que nos resistamos a vincularnos a una persona».

Bajo este prisma, Rosa traza en su última novela, ‘Feliz final’ (Seix Barral), el relato del derrumbe de una relación de pareja que bien podría ser el de todas las parejas que han visto en los últimos tiempos cómo la precariedad –la económica, pero también la afectiva– se convertía en la nueva normalidad.

Hay quien ha dicho que Rosa ha escrito la novela sentimental de la crisis, pero el autor pone la mirada más allá. «Esto viene de atrás, viene de haber llevado la lógica económica al terreno afectivo, y tiene un nombre: capitalismo. Ya no amamos, ahora consumimos amores», sentencia el escritor sevillano.

Cuando el amor se confunde con el maltrato


La historia más triste del amor contemporáneo es la que habla de moratones, palizas y mujeres asesinadas. La protagonista de ‘Formas de estar lejos’ (Galaxia Gutenberg), la nueva novela de Edurne Portela, no llega a padecer esos extremos de crueldad machista, pero sí el acoso psicológico y el maltrato invisible a manos de su pareja.

Cuenta la autora que nunca se planteó escribir una novela sobre la violencia de género, tan lamentablemente de actualidad, sino indagar en los mecanismos mentales que llevan a una pareja a aceptar que la desigualdad –la económica, la sentimental y la de poder– entre el hombre y la mujer en una relación desemboque en el maltrato. Lo novedoso es que la novelista se cuela en la mirada de los dos para contar cómo vive cada uno este proceso y desentrañar la complejidad que hay detrás de la víctima y del verdugo.

Su conclusión es que a menudo nos hacemos trampas al solitario. «Con demasiada frecuencia llamamos amor a situaciones que no lo son. No puedes amar a alguien y verla sufrir sin entender qué le pasa. Tampoco puedes confundir el amor con la dependencia», señala. De nuevo, el amor romántico es señalado responsable de este patrón de comportamiento. «Les dimos el poder porque nos dijeron que ellos iban a venir a salvarnos», denuncia la escritora.

La huella imborrable del abuso infantil


La protagonista de ‘Por qué el amor nos duele tanto’, la última novela de Lucía Etxebarria, es una inadaptada para las relaciones amorosas que no es capaz de desear ni de poner límites y que consume afectos y encuentros sexuales como quien come pipas en un banco. Bajo ese caos sentimental supura una herida muy antigua que nunca ha sacado a la luz.

Cuando la autora escribió esta novela no había tenido lugar aún el #MeToo ni el #cuentalo y las editoriales, escandalizadas, le rechazaron el manuscrito, así que acabó autoeditándoselo. Poco después se pusieron las cartas sobre la mesa y nos enteramos de que uno de cada cuatro adultos ha sufrido abusos en la infancia, como le ocurre a la protagonista.

«Cuando saqué la novela, me sorprendió la cantidad de gente que me escribió para decirme que le había pasado lo mismo. Los abusos sexuales en la infancia están detrás de muchos de los problemas afectivos que vemos a diario. Es algo que te destroza para siempre», explica Etxebarria.

Al final, la autora se alegró de que ningún sello le publicara el libro. Esto le libró de hacer las entrevistas en las que habría acabado reconociendo lo que entonces no era capaz de confesar: que la protagonista del libro es en realidad ella.

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