«¿Qué le trae por estos lares?», te pregunta un tipo con modales medievales. Se ha puesto a darte cháchara en medio de la plaza del Rei. En vez de hordas de turistas en pose selfi, tú estás viendo el trajín con polvareda de un mercado de época. La gente te habla de «vos», te dice «vaya con Dios». Como si te hubieras teletransportado a los años mozos de Jordi Hurtado.  

Estás en el año 1380, te informa la guía turística con la misma naturalidad que si estuvieras de tour por Regreso al futuro. Pero aquí no tiran de Delorean, ni siquiera necesitan un mísero condensador de fluzo. Esto es Past View: una máquina del tiempo en formato tour. «Rutas turísticas guiadas para viajar al pasado», promete su web.

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«No necesitas imaginarte cómo eran las cosas –garantiza Elena–. Nosotros te las enseñamos». Elena Luque y Jorge Robles reinventaron los viajes en el tiempo hace siete años en Sevilla. Ya los han extendido por Éfeso, Atenas, Barcelona, en un par de semanas abrirán en Granada. ¿Que qué tiene de diferencial? «La experiencia», resume ella.

Reconstrucciones virtuales

Todo el mundo os mira con la misma cara que si estuvieran viendo el nuevo villancico de Leticia Sabater. Seis personas turisteáis con gafas a lo Cíclope, ese superhéroe de X-Men que suelta rayos por los ojos. Son smartglasses translúcidas. Para que puedas ver el pasado sin perder de vista el presente. Sin tropezarte con el presente, sobre todo. 

Ahora mismo estás en Barcino, la Barcelona romana. Te han parado justo delante de la muralla: plaza de Ramon Berenguer. Pero tú lo que estás viendo es su reconstrucción virtual con voz en off de fondo. En unos minutos terminarás en la casa de un patricio, como si fueras coleguita de Ben-Hur. Empiezas a cotillear la historia con mirada de Sálvame

Past View

Rutas turísticas guiadas para 

viajar al pasado. 

Duración: unas 2 horas

Precio: 25 € (general); 22 € (reducida).

www.pastviewexperience.com

«Siglo I». Daniela Longobardi y Laura Villalta ejercen de cicerones temporales. Te indican dónde estás, pero sobre todo cuándo. Combinan turismo real y virtual: lo mismo te descubren un detalle histórico camuflado en una fachada que te presentan a un personaje de hace 700 años. «Ahora vamos a la Barcelona gótica», te informan. Y te vas al siglo XIV en menos de lo que tardas en decir «cáspita». Te empiezas a sentir como la mujer del futuro de la lejía.   

«¿Le sucede algo a vuestra merced?». Te lo pregunta un tal Martí virtual en un lateral de la plaza de Sant Jaume. De fondo se escuchan carretas, gallinas, alguna pelea amorosa, lloros de un funeral. Ahí mismo se levanta una iglesia con cementerio que no reconoces. Ya no queda rastro sin gafas virtuales. Es la que dio nombre a la plaza, te detallan. 

«Esto no es virtual», sonríe Daniela. Y detiene al grupo de viajeros del tiempo en una esquina de la calle del Paradís. Aquí aún se mantienen en pie cuatro columnas romanas que no hay que ver con gafas. Es el Temple d’August

Y vuelta al pasado virtual. Frente a la catedral, comparas in situ cómo ha cambiado la fachada en 150 años. Acabas delante de Santa Maria del Mar observando en plan voyeur cómo la reconstruyen los bastaixos delante de tus ojos. Incluso te codeas con uno de los maestros de obra que aparecen en La catedral del mar de Ildefonso Falcones.  

LO+

Es más cómodo que un Delorean. Y ni siquiera necesitas condensador de fluzo.

LO-

Te explotará la cabeza al recibir tanta información desde tantos flancos.

«Qué poco sabía de la ciudad», resopla Victoria al quitarse las smartglasses. «Muy original», añade al lado su hija Ana. ¿Lo mejor? «La calidad técnica de los montajes», apunta Ramón, el padre de esta familia viajera en el tiempo. «Puedes ver lo que está pasando en el momento. Y comparar», señala la hija. «Te sitúas más», le da la razón Sandra, otra turista al pasado de hoy. «Una cosa es que te lo cuenten –asiente al lado Albert, su pareja–. Otra cosa es que lo puedas ver». 

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