Cuando empezó a filmar la que iba a ser su tercera película, ‘La isla del Doctor Moreau’ (1996), iba camino de afianzarse como uno de los grandes directores de cine de género de Hollywood. Sin embargo, fue despedido al tercer día de rodaje por sus encontronazos con los actores Val Kilmer y Marlon Brando y, dicen las malas lenguas, perdió la cabeza. El documental ‘Lost soul: The doomed journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau’ (2014), disponible en Filmin, explica los jugosos detalles de aquella crisis–.

Casi un cuarto de siglo después, el director australiano ha experimentado su reinserción artística gracias a su adaptación de uno de los cuentos más icónicos de H.P. Lovecraft, Color out of space, protagonizada por el absolutamente imprescindible en este tipo de historias Nicolas Cage. El fime, estrenado este viernes, relata las vicisitudes de una familia que contempla cómo un meteorito estrellado en su granja infecta tanto la tierra como a ellos mismos y los reconfigura a imagen del universo extraterrestre del que procede.

Suele decirse que adaptar fielmente los relatos de Lovecraft al cine es imposible. ¿Qué le impulsó a usted a intentarlo?

Cuando era niño, mi madre me leía sus cuentos y, cuando enfermó de cáncer y se pasó años postrada, yo se los leí a ella. Fue una agonía larguísima; al final, murió porque decidí dejar de hidratarla y alimentarla artificialmente. Y ‘Color out of space’ es para mí una forma de saldar cuentas con Lovecraft, que a lo largo de toda mi vida ha sido una figura paterna y una gran influencia, seguramente perniciosa.

¿En qué le ha influido?

Creo que le debo a él mi visión catastrofista del mundo. Las historias de Lovecraft sugieren que el ser humano está completamente indefenso frente a las fuerzas que tratan de aniquilarlo. El gran tema de su literatura es la insignificancia de nuestra especie y la futilidad de nuestra existencia, y por eso sus protagonistas suelen morir o acaban locos o hechos una porquería. Él odiaba la vida, y por eso era un racista y un misógino que simpatizaba con los nazis. Es lógico que ahora sus relatos estén tan de moda.

¿A qué se refiere?

Entre la población mundial está muy extendida la sensación de que nuestra especie se dirige a su propia extinción, y que no duraremos más de 100 o 200 años. Y el declive de las religiones organizadas nos ha dejado desamparados. ¿Qué entidad desconocida e ultradimensional nos ha creado, y qué quiere de nosotros? No lo sabemos. Y nuestra incertidumbre seguirá creciendo más y más. De eso habla ‘Color out of space’.

Y, a pesar de ello, es una película llena de humor.

Sí, toda mi obra está envuelta de una especie de humor negro apocalíptico. Siempre he pensado que hasta las circunstancias más trágicas, especialmente las más trágicas, tienen algo cómico. Supongo que no me tomo nada muy en serio. Y eso es porque siempre, desde pequeño, he tenido la sensación de vivir dentro de una novela de ciencia-ficción distópica.

Señor Stanley, ¿qué fue de su vida tras ser despedido de ‘La isla del Doctor Moreau’?

Hice algunos cortos y algunos documentales pero, en general, huí de la industria. Me mudé al Pirineo Francés, a Montségur, una zona que fascina a los expertos en ocultismo y en la que los arqueólogos nazis buscaron el Santo Grial. Yo mismo me dediqué a buscarlo durante años. En el proceso me hice creyente en lo sobrenatural. Fui testigo de apariciones paranormales en la montaña del Pog, y conocí a varias brujas. Me dediqué a trabajar como guía turístico. Volví al cine tras participar en una sesión de espiritismo con una ouija de ‘Toys R Us’. Es una larga historia.

¿Deja que los espíritus le asesoren profesionalmente?

Mis fuentes de inspiración son variopintas. El gran reto a la hora de hacer ‘Color out of space’ fue crear un color nunca antes visto por el ojo humano, y lo logré gracias a los sueños que tuve durante el rodaje de la película. En uno de ellos, una voz me dijo: “Hazme hermoso”, y me ordenó que me mirara las manos. Mi yo onírico obedeció, y vio cómo unos hilillos rosáceos le manaban de las manos. Así descubrí el color que necesitaba.

¿También usa drogas para inspirarse?

He tomado muchas a lo largo de mi vida. En una ocasión, tras consumir grandes cantidades de ácido, me encontré frente a frente con Harvey Weinstein y huí despavorido, porque no  me pareció un ser humano sino una criatura abisal. Y, de hecho, considero que la estructura narrativa de ‘Color out of space’ es justo igual que un viaje lisérgico. Durante la primera media hora de metraje no parece pasar nada, pero poco a poco la realidad va siendo invadida por lo extraño y lo bizarro hasta que, llegado el momento, se impone la más absoluta locura.

All copyrights for this article are reserved to Portada

Quantcast