EL PERIÓDICO ha reunido virtualmente a los responsables de cuatro de las decenas de establecimientos que enviaron sus propuestas de comida a domicilio el pasado mes de octubre después de que el Govern de la Generalitat decretara el cierre de bares y restaurantes. Tres de los cuatro restaurantes sobreviven gracias al ‘take away’ y sobre todo la fidelidad de sus clientes. El cuarto colgó el cartel de ‘Se traspasa’ tras unos meses intentando mantenerse a flote con unas restricciones para realizar su trabajo inasumibles.

En Catalunya el número de bares y restaurantes no paró de crecer en los últimos cinco años, probablemente como una alternativa de autoempleo. Este incremento sostenido, que superó los 15.500 establecimientos en el 2020, según los datos del Idescat, se acabó con la crisis del covid-19. Los diferentes cierres decretados por el Gobierno primero y el Govern después para reducir las cifras de contagio han supuesto un escenario extremo que ha llevado a muchos a bajar la persiana definitivamente. El número de establecimientos sin continuidad es difícil de contabilizar con precisión en estos momentos, pero previsiblemente serán cientos. «En un portal inmobiliario he visto más de 900 locales en traspaso», explica Montse Barrachina, de 54 años. Su negocio, La Taverna del Nan, situado en Cornellà, ya es historia. «El confinamiento perimetral me ha hecho mucho daño porque tenía clientela en otros municipios», cuenta la propietaria de este restaurante temático especializado en hamburguesas abierto en agosto del 2019.

El pasado 30 de enero el gestor de Barrachina comunicó el cierre del establecimiento. Mantiene la licencia y el local abierto para poderlo traspasar. «Voy dos horas al mediodía, las que nos dejan, por si viene algún cliente. Intenté el reparto a domicilio en patinete eléctrico con la ayuda de mi hijo pero no funcionó. Tuvimos cuatro o cinco pedidos», lamenta esta restauradora que cerró la caja con 20 euros. 

El Departament d’Empresa i Coneixement de la Generalitat ha destinado 107 millones de euros para dar cobertura principalmente a bares, restaurantes y cafeterías, pero también a centros de estética y tiendas situadas en centros comerciales. En total, unos 34.000 beneficiarios recibirán en los próximos días la ayuda (entre 1.500 y 2.000 euros por beneficiario en el caso de la restauración). Barrachina dejó de pagar autónomos «para poder comer y pagar el alquiler», y por ese mismo motivo no se pudo beneficiar de ninguna de las ayudas del Govern. «Si no estás al corriente de los autónomos o tienes alguna deuda no tienes acceso a ninguna ayuda, y no me parece bien. Al final sirven para los que más o menos aguantan, pero no rescatan a los que estamos peor», denuncia esta mujer con la mirada puesta en otros sectores. «Ya no abriré ningún bar ni restaurante. Llevo muchos años en la cocina y me tendría que reciclar, porque lo que sabía de administrativa seguramente ya no me sirve», afirma Barrachina, que no descarta dar rienda suelta a una de su pasiones, la escritura, ahora que tendrá más tiempo. 

 El ‘take away’ está salvando algunos negocios como el Dr. Zhang, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona, cuya suerte habría sido muy diferente si no fuera por este balón de oxígeno. Con todo, su facturación ha bajado un 40% y los pedidos a domicilio que antes suponían el 10% de su negocio representan el 60% «Me he tenido que ir adaptando y ha sido un poco estresante. Lleva abierto unos dos años y no acaba de arrancar todo. Puedo pagar las facturas, aguantar y poco más. Eso no es un negocio», explica su propietaria, Elia Caral, de 42 años, también muy crítica con las ayudas de las diferentes administraciones a las pequeñas empresas. «Me denegaron la ayuda porque tengo el servicio a domicilio y mi facturación no había caído un 75%», recuerda esta emprendedora al frente de un restaurante dedicado a las ‘dumplings’ o empanadillas asiáticas. 

La primera línea de ayudas de hasta 1.500 euros para bares, restaurantes y locales de estética contó con 40 millones de presupuesto. En la denominada segunda ola, el Govern abrió una nueva línea dotada con otros 60 millones de euros, ampliada con otros 7 millones recientemente, que persigue paliar el impedimento para desarrollar normalmente la actividad y cubrir parte de los gastos fijos, como el alquiler o los suministros. La brasería gallega O Meu Lar, situada en la calle de Margarit, en el Poble Sec de Barcelona, tiene a dos empleados en erte. «La mejor ayuda que hemos podido tener han sido los ertes. Ahora mantenemos el negocio mis padres, mi mujer y yo. Los cuatro somos autónomos y gracias a eso vamos tirando», explica Santiago Rodríguez, de 44 años, que ha recibido unos 670 euros mensuales durante tres meses. «La facturación ha caído más de la mitad pero los recibos llegan igual. Suerte que teníamos algo ahorrado y una clientela muy fiel. Les estamos muy agradecidos», añade el copropietario de este restaurante abierto en 1989. 

El sector de la restauración está ahora mismo en la uci. Tampoco gozaba de un estado de salud envidiable antes del pasado mes de marzo, cuando se declaró el estado de alarma. «Veníamos de unos años que tampoco fueron los mejores y ya habían empezado a cerrar muchos locales y parecía que solo abrían cadenas», recuerda Rodríguez, que critica al Govern unas restricciones que «hacen que paguen justos por pecadores». Su familia invirtió en cortinas transparentes para separar las mesas y mejoraron la circulación del aire mientras otros establecimientos, los menos, se saltaban algunas restricciones básicas como los aforos máximos permitidos.  

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Ezequiel Devoto, chef y propietario de Olivos Comidas y Vinos, en el barrio de Sants, también ha recibido una ayuda durante tres meses, del todo insuficiente para mantener a flote un negocio que abrió hace tres años y medio. «Nuestro local era un antiguo bar y nosotros lo cogimos con la idea de darle otro aire, con aspiraciones culinarias altas, y durante la pandemia no quisimos renunciar a eso. Tenemos ahora platos para llevar y hemos creado una línea de productos de horno y algunos dulces que elaboramos nosotros a diario que nos permite aguantar», asegura Devoto, molesto como Rodríguez con las últimas restricciones. «Si solo nos dejan abrir un par o tres de horas la gente se amontona y es peor –continúa el cocinero–, mucho más peligroso».

La hostelería no solo es uno de los sectores más afectados, sino que «han pagado justos por pecadores»., según Rodríguez. Los bares y restaurantes que respetaban las medidas y recomendaciones para no convertirse en focos de contagio se han visto igualmente penalizadas, añade, por culpa de una minoría. «Nosotros hemos invertido mucho dinero para adaptarnos, pero eso no lo tienen en cuenta, como tampoco suelen tener en cuenta a las pequeñas empresas y autónomos, supongo que no contamos mucho en sus cálculos electorales», añade el copropietario de O Meu Lar, en referencia a las elecciones del próximo domingo.  

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