¿Quién fue la persona que te inspiró a luchar por tus sueños? ¿Cuál fue el momento, por pequeño que sea, que todavía atesoras como una lección de vida? En ocasión del Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia, celebrado cada 11 de febrero, preguntamos a una decena de científicas por las mujeres que las motivaron a emprender su camino en el mundo de la ciencia. Mientras algunas admiran la imagen de las científicas más emblemáticas de la historia, otras recuerdan con cariño las lecciones que sus madres y profesoras les enseñaron de pequeñas.

La primera vez que Carmen Ocal, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se enfrentó al teorema de Cauchy-Kovalevskaya se sorprendió por su fascinante utilidad. Con el tiempo descubrió que detrás de ese guion había la historia de una científica fascinante, llamada Sophie Kovalevskaya, de la que nadie nunca le había hablado. «Cuando empecé a conocer la historia de las grandes científicas de la historia sufrí el llamado ‘síndrome del impostor’ porque sentía que si no era súper brillante lo mejor era dedicarme a otra cosa. Además, veía que todas estas grandes científicas habían sufrido mucho y no estaba segura de que quería pagar este precio por una carrera en ciencia», reflexiona la investigadora. ¿Su solución? «Me empecé a divertir con la investigación y no pensé demasiado en ellas», explica.

La científica que más inspiró la carrera de Estela Romero, investigadora del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals, fue Josette Garnier, especialista del Centre National de la Recherche Scientifique de París. «Aprendí que es posible mantener la emoción, la ambición, las ganas de hacer bien las cosas, el buen carácter y el compañerismo a pesar de llevar muchos años en la profesión», recuerda la científica. «También aprendí que puedes ser un jefe exigente y muy cordial, pero que debes exigirte a ti mismo el compromiso que les pides a los demás; y que es posible conciliar (un tema apenas visible en los compañeros hombres), y que sí, hay mujeres (pocas) en la cima… ¡pero se puede llegar!», destaca con entusiasmo.

Adela Muñoz Páez, catedrática de Química Inorgánica Universidad de Sevilla, miraba con admiración el trabajo de la profesora de matemáticas de su instituto, Carmen Ferrer. «Era una mujer independiente en una época en la que las únicas profesiones ‘femeninas’ que conocía eran modista, peluquera y monja», explica. Fue ella, junto a las demás profesoras de su colegio, quien plantó la semilla de la curiosidad científica en su vida.

¿Se acuerdan de Temperance Brennan, la emblemática antropóloga forense que protagonizaba la serie ‘Bones’? Ella fue quien inspiró a Amanda Muñoz, investigadora del Instituto de Química de Materials de Barcelona (ICMAB), para emprender su carrera en el mundo de la ciencia. «Me inspiró su dedicación al trabajo, ver que luchaba por lo que quería y cómo lograba aprender de todas las situaciones. La veía y pensaba; ¡Eso quiero en mi vida!», explica.

Mervi Mantsinen, investigadora ICREA en el Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), recuerda el día en que sacó una mala nota en matemáticas como uno de los momentos que más marcó su vocación científica. Tarja Hintikka, su profesora de instituto, la miraba de reojo durante la revisión del examen para asegurarse que estaba entendiendo dónde había fallado. «Yo estaba molesta y sorprendida a la vez, porque me costaba pensar que me había ido mal. Pero ese día mi profesora me enseñó que el secreto para ser una buena científica está en no bajar la guardia y a prestar atención al 100%», recuerda.

La trayectoria de bioquímica española Margarita Salas inspiró la carrera de muchísimas científicas como Cristina Mayor Ruiz, jefa de laboratorio del Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona. «Margarita Salas inició el desarrollo de la biología molecular en España en tiempos es los que la mujer realmente no tenía prácticamente voz. Aprendí que si quieres puedes, que si tú sabes que eres válida, nadie puede pararte», explica. Mayor Ruiz recuerda con especial cariño una charla «tremendamente inspiradora» de Salas en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid, desde donde la bioquímica también guió los inicios de científicos tan reputados como María Blasco, Manuel Serrano y Marisol Soengas.

«Las mujeres no solo necesitamos referentes, también necesitamos redes de complicidad académica», explica Marga Sánchez Romero, profesora de Prehistoria en la Universidad de Granada. Sin el apoyo de sus compañeras, explica, su camino en el mundo de la investigación hubiera sido más difícil sin las demás expertas de la red ‘Pastwomen’, con las que ha compartido innumerables debates e intercambios de opinión. «A veces la inspiración no te llega de una figura reconocida, sino del entorno cotidiano», reflexiona la experta.

Pastora Vega Cruz fue una de las primeras mujeres que lograron un puesto como catedrática de ingeniería de sistemas e informática en España. También fue uno de los muchos modelos a seguir que inspiraron la carrera de Juani Bermejo-Vega, investigadora en computación cuántica en la Universidad de Granada. «Fue la primera mujer de mi familia que consiguió entrar en la universidad y una de las personas que me asesoró sobre qué estudiar», relata la científica, quien todavía recuerda con cariño la visita que hicieron juntas a la Universidad de Salamanca.

La historiadora y sexóloga Shere Hite fue una de las primeras en interesarse sobre sexualidad femenina… preguntándole a las mujeres. «Ella me inspiró para abordar la sexualidad y sus dificultades directamente, tanto en mi formación como en mi trabajo, sin dejar que los prejuicios o tabúes empañaran mi trabajo», explica la psicóloga Laura Morán. El conocido ‘Informe Hite’, de hecho, fue uno de los primeros estudios en ahondar en cómo las mujeres viven sus relaciones afectivas y sexuales, la masturbación o el orgasmo. 

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La ecóloga Corina Basnou, del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals, habla de dos grandes referentes que forjaron su vocación por la ciencia; la emblemática Jane Godall y su madre, Doina Basnou. De Godall aprendió que «lo importante que es saber observar la naturaleza, ser valiente, rigurosa y un poco cabezona». Y de su madre, el referente más cercano, aprendió el valor de «una mirada más inclusiva». «Ella fue quien siempre me apoyó para luchar por mis sueños», recuerda.

La historia de las mujeres científicas ha permanecido durante mucho tiempo en la sombra. Tanto que hay toda una generación de mujeres que han crecido sin un referente en el que inspirarse. Mónica H. Pérez-Temprano, líder de un grupo de investigación en el Instituto Catalán de Investigación Química (ICIQ), explica que ha forjado su carrera científica ‘a hombros de gigantas’, pero sin ningún modelo concreto al que seguir. “Una charla en un cole, una profesora comprometida con sus estudiantes o programas de ciencia dedicados a los más jóvenes pueden ser mucho más inspiradores que las biografías de las grandes científicas de la historia”, reflexiona la investigadora.

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