España es un país de pymes: representan el 99,8% de las empresas, el 60% del valor añadido bruto y el 66% del empleo empresarial. El covid les ha pasado una abultada factura, pero no habrá recuperación económica sin su concurso. Fernando Álvarez, profesor de la Universitat Abat Oliva; Antoni Cañete, presidente de PIMEC, y Ramon Xifré, profesor de ESCI-UPF, analizan su situación y perspectivas de futuro.

Las debilidades de las pymes, especialmente su reducida dimensión y baja productividad, son estructurales, por lo que hay que activar más pronto que tarde las palancas de cambio. Pero también hay que ayudarlas a superar el bache que ha supuesto la pandemia. Los fondos ‘Next Generation’ pueden ser un trampolín hacia el futuro. 

La mejor vacuna: pasar a la acción

Fernando Álvarez. Profesor de Dirección de Empresas de la Universitat Abat Oliba CEU (UAO CEU) y miembro de la Cátedra de Empresa Familiar y Creación de Empresas (UAO CEU)

Evitar una recesión económica tras la crisis sanitaria será gracias a las pymes o no será. Representan el 99,8% de las empresas españolas, aportan más del 60% del valor añadido bruto y generan el 66% del empleo empresarial total. El reto ahora es que el paréntesis provocado por la pandemia no abra uno nuevo de crisis económica, y eso dependerá de la salud en la que se encuentren las pymes, de lo que tarden en recuperar su normalidad y del crecimiento que puedan generar una vez recuperado el pulso.

Siendo evidente la necesidad de priorizar la atención sobre las pymes, sería preciso detectar los elementos que contribuirían a mejorar su posicionamiento. Por suerte, esa lista hace tiempo que está hecha; y por desgracia lo está porque las debilidades de las pymes son estructurales y reclaman reformas de mayor calado. 

Hay que accionar las palancas de cambio que necesitan las pymes. En primer lugar, se ha de reforzar la cultura empresarial, mejorar la imagen de las personas empresarias y facilitar la creación de empresas. Deberíamos contar con un marco que favorezca un emprendimiento rápido y sencillo, y promueva las segundas oportunidades. 

Las pymes deben corregir dos debilidades estructurales: reducida dimensión y baja productividad

Las pymes deben corregir dos debilidades estructurales: reducida dimensión y baja productividad. Más del 97% de las empresas españolas ingresan menos de dos millones de euros porque el tejido está formado principalmente por microempresas. Está demostrado que la productividad laboral empeora cuanto más pequeña es la empresa y que las microempresas tienen las tasas de supervivencia más bajas. Urge aumentar el tamaño para hacerlas más productivas. Entre los factores que más influyen en el crecimiento y el tamaño está la regulación administrativa. Hay que accionar esa palanca de cambio.

Otro motivo que influye en la productividad de las pymes es el escaso gasto en formación de los trabajadores, muchas veces por el elevado peso de la contratación temporal. Debe corregirse el excesivo peso de la temporalidad. 

Las pymes españolas invierten poco en I+D+i, necesitan mejorar su acceso a la innovación. En su mano está esforzarse parar atraer y retener talento. También les ayudaría que se accionaran dos palancas de cambio más: que los colegios y las universidades se hagan más emprendedoras y que se fomente el uso de las bonificaciones fiscales a la inversión, poco utilizadas por su complejidad administrativa.

La financiación es esencial para que las empresas se puedan adaptar a los retos tecnológicos, innovar e internacionalizarse. Sin embargo, hay una dependencia excesiva de la financiación bancaria. Es preciso mejorar su acceso a instrumentos financieros alternativos al crédito bancario.

Como señalaba, la ventaja es que las reformas estructurales están estudiadas e identificadas. El Gobierno publicó en abril de 2019 el marco estratégico en política de pyme 2030, donde se detallan 50 líneas de actuación vinculadas a siete ámbitos relacionados con las palancas de cambio mencionadas. Está todo escrito, ahora falta pasar a la acción.  

Un papel clave en la reactivación

Antoni Cañete. Presidente de PIMEC

Las pymes, junto con los profesionales autónomos, son el eje central de nuestro tejido productivo, el verdadero motor económico de nuestra economía en términos de aportación al producto interior bruto (PIB), en cuanto a la creación de empleo y generación de riqueza en nuestro país. Así pues, la reactivación de su actividad es un elemento de vital importancia para alcanzar la tan ansiada recuperación económica y dejar atrás esta crisis derivada de la pandemia de la covid-19. 

Es por eso por lo que en PIMEC llevamos tiempo reclamando, como organización empresarial más representativa de las pymes y los autónomos de Catalunya, que se compense a todas aquellas empresas afectadas por las restricciones de la actividad económica para contener el virus, así como a aquellas actividades auxiliares que forman parte de la cadena de valor. Además, para garantizar la compatibilidad de la actividad económica con las máximas garantías para la salud de las personas, es fundamental agilizar el proceso de vacunación de la población, contando con el ámbito privado y ampliando la oferta a otras vacunas como la china o la rusa.

El reparto de los fondos ‘Next Generation’ debe tener en cuenta los proyectos ambiciosos de las pymes

Otra cuestión en la que las pymes pueden suponer un eslabón clave en la cadena para avanzar hacia la recuperación económica es la gestión de los fondos ‘Next Generation’ de la Unión Europea, en cuyo reparto deben estar muy presentes los proyectos ambiciosos de las pequeñas y medianas empresas en materia de innovación, digitalización y sostenibilidad. La financiación de dichos proyectos, sin lugar a duda, será fundamental para sumar competitividad a nuestra economía y dar los pasos necesarios hacia la reactivación, volviendo a generar puestos de trabajo y mejorando la viabilidad de muchas empresas, las que presenten los proyectos y todas aquellas que puedan beneficiarse de rebote.

Todos, especialmente las administraciones públicas, a quienes corresponde la gestión de ayudas y el impulso de las medidas anteriormente citadas, debemos ser muy conscientes de que la recuperación de nuestra economía no llegará hasta que las micro, pequeñas y medianas empresas y el colectivo de autónomos retomen su actividad. Las pymes están preparadas para su reactivación, son más resilientes que nunca y, sin ellas, no sería posible sostener nuestro Estado del bienestar. Rescatarlas es la única opción de seguir adelante y salir de la crisis.  

Una internacionalización inmune al covid

Ramon Xifré. Profesor de ESCI-UPF, de la UPF Barcelona School of Management e investigador del Centro Sector Público-Sector Privado del IESE

Las pérdidas que ha provocado la crisis del covid-19 son dolorosas y, en algunos casos, personalmente irreparables. Frente a ello, la mejor reacción es desplegar humanidad y cuidarnos unos a otros. Acto seguido, por responsabilidad, hay que encontrar la forma de no seguir hundiéndonos. ¿Cómo será la recuperación para muchos autónomos y pequeñas empresas? ¿Qué pasará con sus principales clientes y proveedores? ¿Qué hay que cambiar para seguir adelante?

Toda iniciativa empresarial tiene su propio camino y proyectos y, por ello, es absurdo esperar soluciones universales. Pero es igualmente absurdo olvidar que la internacionalización es uno de los pilares básicos de cualquier recuperación. Por varios motivos.

Lo primero que hay que preguntarse es si en estos momentos internacionalizarse no sea remar a contracorriente. La respuesta breve es no. Es probable que la llamada hiperglobalización (Rodrik, Antràs) se haya agotado, pero la globalización sigue muy activa. ¿Por qué? Porque las tres fuerzas principales que la han alimentado durante los últimos 40 años siguen activas. Las ventajas de internacionalizar las cadenas de valor, la incorporación masiva de trabajadores de países en desarrollo a dichas cadenas de valor y la conveniencia de intereses de las grandes potencias económicas en pactar una regulación favorable al comercio y la inversión son tendencias de fondo inmunes al covid

La escasez de recursos clave frena la expansión internacional de muchas empresas

Si la globalización no se ha detenido y la empresa tiene margen para crecer en el exterior, ¿qué es lo que la detiene? Las causas son tan diversas como las empresas pero, a grandes rasgos, bastante conocidas. Es la escasez de ciertos recursos clave: personal adecuado para pilotar procesos de internacionalización; inteligencia económica para acceder a los mercados exteriores; y una visión internacional suficientemente compartida por la empresa. 

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Si, como todo apunta, el covid será una crisis económicamente pasajera, los mercados internacionales deben seguir siendo prioritarios. Por eso sorprende que en el reciente Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno, la internacionalización no sea uno de los seis objetivos generales. Hay medidas horizontales que ayudan a internacionalizar las empresas pero esta palanca de competitividad necesita más relieve.

Un último apunte: el mayor riesgo para la estabilidad del comercio y las inversiones internacionales es la hiperglobalización desordenada que genera desigualdades en los países y alimenta populismos. La vacuna contra esas tentaciones regresivas es bien conocida: redistribuir justamente las ganancias y pérdidas de la actividad internacional y asegurarse de que todo el mundo tiene oportunidad de participar de ella.  

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