Las relaciones entre España y Marruecos en las últimas décadas han estado marcadas principalmente por la estabilidad, aunque con algunos altibajos principalmente a causa del conflicto del Sáhara Occidental, territorio que fue un protectorado español durante la época colonial, la inmigración irregular o los derechos de pesca. La acogida en un hospital de Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, ha abierto la última crisis diplomática entre ambos países.

La hospitalización de Ghali en Logroño

El pasado 21 de abril, el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, fue ingresado de urgencia en el hospital de Logroño con una identidad falsa para ser tratado de covid-19, según reveló la revista ‘Jeune Afrique’. Ghali, de 73 años, padece también un cáncer digestivo desde hace varios años y fue hospitalizado previamente en Tinduf (Argelia). En un primer momento, se intentó trasladar al líder saharaui a Alemania, pero el Gobierno de Angela Merkel se negó. La citada publicación señaló que finalmente, tras negociaciones al más alto nivel del Estado argelino, se optó por España bajo la garantía del presidente, Pedro Sánchez, de que no sería investigado por la justicia. El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, puso un equipo de médicos argelinos que acompañaron a Ghali hasta España, «a bordo de un avión médico fletado por Argelia». Fuentes diplomáticas españolas confirmaron el traslado un día después de su ingreso y alegaron «razones humanitarias«.

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz investiga a Ghali por su supuesta implicación en crímenes de lesa humanidad y tortura en los campamentos de Tinduf a ciudadanos saharauis que tienen la nacionalidad española. Tras certificar, mediante un informe de la Policía, que la persona hospitalizada en Logroño con una identidad falsa es Brahim Ghali, el juez Pedraz ha fijado su declaración para el próximo 1 de junio siempre que no empeore el estado de salud del líder saharaui.

Enfado de Rabat por la acogida

Tras salir a la luz el traslado de Ghali a España, el 25 de abril, el Gobierno de Marruecos exigió explicaciones al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Fuentes de Rabat citadas por el periódico digital ‘le360.com’, considerado cercano al Palacio Real, calificaron de «desleal» la actitud del Gobierno español y consideraron que la entrada de Ghali «a escondidas» enviaba el mensaje de que «las autoridades españolas no han considerado a Marruecos como un amigo y socio privilegiado«. «¿Por qué ha optado por maniobrar, por no decir actuar a espaldas de Marruecos?», se preguntaron las mismas fuentes.

Desde Madrid, la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, hizo hincapié en que España es «un país responsable con sus obligaciones humanitarias» y que la acogida de Ghali respondía a una cuestión «estrictamente médica». «Quiero dejar claro que para nada esta cuestión ni impide ni perturba las excelentes relaciones que España tiene con Marruecos, que es no sólo un vecino y un amigo, sino un socio privilegiado en lo económico, en lo político, en lo migratorio, en lo empresarial y en la lucha contra el cambio climático. Y eso no cambia», remarcó.

Este mensaje de González Laya no sirvió para calmar los ánimos de Marruecos. Dos semanas más tarde, el Ministerio de Exteriores del país alauí publicó un comunicado en el que desdeñaba las razones humanitarias y advertía a España de las «consecuencias» que tendría la acogida del líder del Frente Polisario. Se trata, destacaba el comunicado, de «un acto premeditado, una elección voluntaria y una decisión soberana de España, de la Marruecos toma nota«.

«Las consideraciones humanitarias no pueden ser una panacea que se conceda selectivamente» a Ghali, «en un momento en el que miles de personas viven en condiciones inhumanas en los campamentos de Tinduf» ni «pueden explicar la inacción de la justicia española, cuando se toma debidamente en consideración las denuncias documentadas», sostenía Rabat. «Las consideraciones humanitarias no explican, tampoco, que se sea cómplice de robo de identidad y falsificación de pasaportes, con la intención de eludir voluntariamente la ley», denunciaba el Ministerio de Exteriores marroquí, en referencia al hecho de que Ghali entró en España supuestamente con identidad argelina falsa.

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Reunión de alto nivel aplazada sine die

El nuevo pulso diplomático entre los dos países tiene lugar cuando aún está pendiente fijarse la fecha para la Reunión de Alto Nivel. La cita estaba prevista para el pasado mes de diciembre pero fue aplazada por la pandemia. En un primer momento, se apuntó a su posible celebración en febrero o marzo, pero a día de hoy sigue sin haber fecha prevista.

Desde el Ejecutivo español se ha insistido repetidamente en que la relación y los contactos son fluidos, con conversaciones en las últimas semanas de ministros con sus pares marroquís, y que la cumbre se celebrará cuando las circunstancias sanitarias lo permitan.

Según el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación firmado por España y Marruecos en julio de 1991, deben celebrarse una reunión de alto nivel al año, sin embargo no siempre ha sido así. «Posponer las reuniones de alto nivel puede ser visto como una forma de expresar descontento por las expectativas incumplidas o, según otra interpretación, porque la relación marcha bien, por lo que no se requiere que los jefes de gobierno se reúnan con tanta frecuencia. Esta táctica actúa como una especie de termómetro que permite medir la calidez de las relaciones bilaterales y el nivel de expectativas que cada uno de los países pone en las mismas», sostiene el Instituto Elcano en el informe ‘Relaciones España-Marruecos’, coordinado por el analista y experto en el Mediterráneo y el mundo árabe Haizam Amirah Fernández.

Una relación con altibajos

España y Marruecos han sufrido crisis cíclicas. Según explica el informe del Instituto Elcano, las «disputas territoriales» han marcado profundamente sus relaciones. Entre estas destaca la reclamación de Rabat de «la soberanía de todas las posesiones españoles en el norte de África; Ceuta, Melilla y un conjunto de rocas y promontorios situados frente a la costa marroquí». En estas disputas se enmarca el incidente de la isla de Perejil, que tuvo lugar entre el 11 y el 20 de julio de 2002 cuando unos infantes de Marina marroquís ocuparon el islote.

Otro punto de fricción es la demarcación de las aguas territoriales, que afecta principalmente a la pesca. Otras cuestiones que recoge el citado informe son la inmigración, el Sáhara Occidental, la amenaza terrorista y el tráfico de drogas.

En el control de los flujos migratorios, es Marruecos quien cuenta con «mayor capacidad de influencia«, en función de «cómo aplique los acuerdos de readmisión y cómo vigile los accesos a las vallas y la salida de pateras«.

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