• Los candidatos exprimen los llamamientos al voto útil al término de la carrera electoral más igualada

Finaliza la campaña electoral más atípica de la historia de Catalunya con nueve partidos, nueve retos y un triple empate. El domingo, 14 de febrero, las urnas despejarán los resultados electorales, aunque la gobernabilidad quedará en manos de futuros acuerdos de gobierno. ¿Qué se juega cada fuerza política?

Ante la incertidumbre que muestran las encuestas, ERC se mueve por sensaciones. Y estas, sobre todo comparadas con las acumuladas en la campaña del 2017, son positivas. La concesión del tercer grado a los presos, singularmente a Oriol Junqueras, ha tendido un doble efecto para los republicanos. Ante todo, recuperar al líder, lo que ha dado moral a las bases. Y luego, una vez que Junqueras, muy activo en campaña, tanto en los mítines como en paseo por las localidades catalanas alejado de las cámaras, ha cubierto las necesidades de épica y carisma que todo partido precisa para vencer, el rol de Pere Aragonès, siempre más terrenal, ha cambiado, consideran en ERC. Si la gran queja es que le falta carisma, ahora que el partido rebosa de él, se valora la capacidad de concreción y de explicar la gestión realizada. Algo que ha sido especialmente visible en los debates televisivos.

ERC es consciente que todo ello puede no valer en un contexto de máxima igualdad con PSC y Junts. Por ello, y con la cabeza más en superar a los posconvergentes, lo que, posiblemente les daría la Generalitat, se han dedicado con ahínco a intentar demoler la imagen de Salvador Illa, en busca de ser considerados, por el independentismo, como el voto útil contra la amenaza de un triunfo del PSC.

A esto y a tapar la principal fuga de votos, el espantajo del tripartito que Junts exhibía permanentemente. Primero en los mítines y, el miércoles, mediante la firma del pacto anti-Illa.

El ‘elefante blanco’ que nadie menta, pese a estar en la habitación es qué ocurrirá si ERC vuelve a ser tercera y pierde el doble duelo, el global con el PSC y el de ‘conferencia’, en términos NBA, con Junts. Una derrota, por pequeña que sea supondría una enmienda al independentismo pragmático que se propugna desde enero del 2018. Y, echando una mirada a la convulsa historia del partido, no cabe descartar ningún escenario, si ello sucediere.

En sentido contrario, un triunfo el 14-F, sumados al de las dos generales y al de las municipales abriría la puerta de la hegemonía. O todo o nada. XABI BARRENA

En busca del ‘efecto remontada’

Junts per Catalunya ha hecho exactamente la campaña que pretendía, sin sobresaltos. La candidata Laura Borràs no ha cometido errores de bulto y se ha centrado en avisar de un posible tripartito de izquierdas y defender de nuevo un independentismo combativo con una nueva declaración de independencia de fecha inconcreta. Su mensaje de gobernabilidad y buena gestión es el que ha quedado más difuminado, pero ha introducido ahí alguna baza como el anuncio de que el doctor Josep Maria Argimon sería su ‘conseller’ de Salut.

Sólida ante las cámaras, Borràs ha contado a diario con el apoyo telemático del ‘expresident’ Carles Puigdemont y a menudo con el de los presos independentistas de JxCat. Pero en el caso de Puigdemont su aportación esta vez no ha sido tan encendida como en el 2017 y él mismo ha quedado en un cierto segundo plano.

A Borràs si se le ha visto incómoda ante las preguntas sobre la investigación del Supremo por presunta corrupción cuando dirigió la Institució de les Lletres Catalanes. También ha habido titubeos en materia de impuestos, hasta que el programa electoral certificó que no habrá bajada del de sucesiones, como la candidata defiende.

Pero Borràs en ningún momento no se ha salido del guión emocional independentista y para ello ha cargado también las tintas sobre el candidato socialista, tratando de crear la imagen de que la victoria se juega entre él y ella.

El pacto anti PSC firmado por ERC no ha alterado el guión de Junts, que ha seguido poniendo en duda la promesa de los republicanos. Los dardos de Pere Aragonès a Borràs recordándole el pacto de JxCat con el PSC en la Diputación de Barcelona tampoco han hecho variar el rumbo a una candidata muy bregada ya ante los micrófonos y las cámaras.

Si todo ello no es suficiente y ERC (y el PSC) queda por delante de Borràs el domingo, Junts entrará en otra dimensión: sus tesis ya no serían mayoritarias en el independentismo y debería tragarse el sapo de ayudar a Aragonès a gobernar con una estrategia distinta a la de la “confrontación inteligente” de Puigdemont. Eso, o negarle el apoyo a los republicanos. FIDEL MASREAL

El protagonista de la campaña busca el vuelco

Si los resultados electorales tuvieran una relación directamente proporcional al protagonismo de los candidatos durante la campaña, Salvador Illa arrasaría en las elecciones del domingo. El aspirante socialista a ‘president’ ha concentrado, desde que el 30 de diciembre se anunció por sorpresa que relevaba a Miquel Iceta, los ataques de prácticamente todos los partidos. Y esos dardos se multiplicaron cuando las encuestas confirmaron que el ‘efecto Illa’ era una realidad. Sin embargo, el exministro de Sanidad, convencido de que esas arremetidas beneficiaban la imagen que busca transmitir –la de ser el único entre los favoritos interesado en restañar las grietas en la convivencia de los catalanes– ha seguido hasta el final su libro de estilo, buscando dar una imagen presidencial: actos de formato íntimo, talante sosegado, exposición del programa, poca confrontación.

El guion funcionó bien sin duda hasta los últimos días de campaña; después surgieron algunas dudas que solo despejará el resultado que arrojen las urnas. Illa explotó los ataques de los adversarios en su favor en el primer debate televisado, el de TVE. En los dos siguientes, sin embargo, algunos contratiempos le han hecho ponerse a la defensiva y dar en ocasiones la impresión de que la campaña se le estaba haciendo larga. Sobre todo sucedió después de que trascendiera que se había negado a realizarse una prueba de detección del covid-19 antes de participar en el debate de TV-3.

Pero el cordón sanitario de los partidos independentistas contra el PSC ha permitido a Illa volver a pasar al ataque en los últimos días de la carrera, en la que siempre ha contado con el apoyo de Pedro Sánchez y del resto del Gobierno. Los socialistas están convencidos de que pueden ganar en votos, y quizás en escaños. ¿Y después? “Si los independentistas no suman, se quedará un tablero interesante”, dice un integrante de la sala de máquinas del PSC. Esa opción, que no contempla casi ninguna encuesta, parece la única que podría dar el Govern a los socialistas más de una década después.

Evitar caer en la irrelevancia

Las encuestas pronostican una caída libre de Cs con fugas de votantes al PSC, al PPC y a Vox. Los naranjas buscan ensancharse en el centro, escorando a los socialistas junto al independentismo y al PP y Vox a la derecha. El posible ‘sorpasso’ de la ultraderecha tiene en guardia a las filas naranjas, pero Cs sufre también por otro adversario: la abstención

En el cuartel naranja son conscientes de que les es imposible reeditar la victoria electoral del 21-D porque estuvieron «sobredimensionados» electoralmente tras el convulso otoño del 2017 y temen que el PSC les arrebate el liderazgo -y el altavoz- de la oposición si los independentistas vuelven a pactar.

Fían a los indecisos un resultado «optimista» que les deje en unos 13-15 escaños, aunque actualmente tengan 36. «Nos beneficia una mayor participación, como pasó en las últimas elecciones, y temblamos si finalmente sólo va a votar el 50 o el 60% del electorado», admiten fuentes del partido. De ahí las llamadas constantes del candidato Carlos Carrizosa y de la líder de la formación, Inés Arrimadas, a que ningún votante se quede en casa.

Cs ha centrado su campaña en espantar el fantasma del tripartito para que la papeleta naranja sea la «garantía» de que el PSC les elija para gobernar y se desentienda de ERC. «Concentrar el voto constitucionalista en Cs es un voto seguro porque no pactaremos con el independentismo», insisten fuentes del partido.

La carrera electoral empezó con cuestionamientos internos por el revuelo que generó el lema ‘Vota abrazo’ en plena pandemia y por el empleo de imágenes no autorizadas para uso político, una piedra en el camino que rápidamente corrigieron con espots electorales comparando las protestas independentistas con el asalto al Capitolio, recordando los tripartitos catalanes, e incluso con un videoclip con una canción propia de dirigentes del partido llamado ‘Vitamina C’.

Sea cual sea el resultado electoral, desde el partido aseguran que Arrimadas y Carrizosa mantendrán intacto su liderazgo, aunque el sector crítico ya empieza a moverse para que asuman responsabilidades ante un descalabro. JÚLIA REGUÉ

Los ‘comuns’ llegan al final de la campaña muy satisfechos con el trabajo de su cabeza de lista. Las expectativas electorales, de inicio sombrías, se han elevado tras dos semanas en que Jéssica Albiach ha demostrado su preparación –sobre todo en los debates-, su conexión con las principales figuras del espacio podemista –Pablo Iglesias y Ada Colau han participado en varios actos– y su capacidad para difundir las principales ofertas de En Comú Podem para convencer a los ciudadanos: un pacto tripartito con el PSC y ERC y una crítica furibunda a los elementos más reaccionarios de la lista de JxCat.

“Albiach ha hecho muy buena campaña, ha ido creciendo y ha demostrado que tenemos un proyecto claro y de izquierda. Creo que mejoraremos los ocho escaños actuales”, dice un diputado de los ‘comuns’, que tampoco quiere descartar que, pese a los vetos, se forme un Ejecutivo progresista que rompa los bloques identitarios en Catalunya. “No sé si ERC y JxCat aguantarán un nuevo acuerdo de Govern”, asegura. DANIEL G. SASTRE

Tener la llave de la gobernabilidad

La CUP no ha jugado sus mejores cartas en esta campaña. Tuvo que sortear los baches de una carrera electoral que comenzó con una enmienda del consejo político a la estrategia de su candidata, Dolors Sabater, y a su ‘hiperrepresentatividad’, y se le sumó un debate en el que los anticapitalistas quedaron totalmente fuera de juego. Los ‘cupaires’ se fijan como objetivo duplicar escaños para forzar a JxCat y ERC –pero también a los ‘comuns’- a que “planten cara al Estado” y que el futuro Govern active las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional durante la pasada legislatura en materia social.

Su objetivo sigue siendo celebrar un referéndum antes del 2025, pactado o no con el Estado, como alternativa al “malbaratamiento” del 1-O junto a una hoja de servicios en materia social que ensanche la base independentista. Con esta maniobra los ‘cupaires’ intentan reivindicarse como el independentismo de izquierdas desobediente, frente a la mesa de diálogo pactista que defiende ERC y la DUI ‘mágica’ de JxCat. Está por ver si los resultados les acompañan y si acaban teniendo la llave de la gobernabilidad. JÚLIA REGUÉ

Soslayar un ‘sorpasso’ de Vox

El PPC empezó la campaña convencido de una remontada tras cosechar el peor resultado de su historia en el 2017. El liderazgo de Alejandro Fernández y el fichaje de Lorena Roldán y Eva Parera, de la órbita de Cs, daba un aire de renovación y de transversalidad a su proyecto. El viento soplaba a favor de los populares, e incluso se marcaron como objetivo adelantar a los naranjas. Pero Vox irrumpió con fuerza en las encuestas y la confesión de Luis Bárcenas hizo el resto.

El juicio por el pago en negro de las reformas de la sede estaba marcado en la agenda antes de la disolución del Parlament, pero la confesión del extesorero asegurando que Mariano Rajoy trituró personalmente las notas de la contabilidad b y su negociación con miembros del actual PP cogieron desprevenidos a los populares. Pablo Casado, volcado en la campaña, negó que hablara con «delincuentes» y reunió a los barones autonómicos para exhibir una imagen de unidad: «El PP no es Bárcenas», espetó Fernández en aquel mitin.

Las dotes de orador convirtieron al candidato en el ganador del debate de TV-3, especialmente por sus zascas a Vox. El domingo, los populares constatarán si dominio de la oratoria evita un ‘sorpasso’ de la ultraderecha y el último puesto del hemiciclo. JÚLIA REGUÉ

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Convergentes por la supervivencia

El PDECat acaba la campaña satisfecho pero sigue sin tener ni mucho menos garantizado que entrará en el Parlament. Su candidata, la debutante Àngels Chacón ha sido fiel al guión: ataques sistemáticos a sus excompañeros de Junts per Catalunya, pese a que su perfil no es en absoluto agresivo y que hasta hace pocos meses formaba parte del Govern de JxCat.

A estos ataques se ha dedicado durante los quince días hasta que finalmente, en el tramo final de la campaña, la presidenciable de Junts, Laura Borràs, sí ha replicado menospreciando el papel del PDECat.

Chacón ha logrado así un cierto cuerpo a cuerpo con el que intentar situar a Junts en la izquierda junto a la CUP y definir al PDECat como la Convergència clásica de centro derecha pactista. Para ello ha contado con el apoyo del PNV y el del ‘expresident’ Artur Mas, siempre, eso sí, con un discurso muy templado y nada crítico con Junts.

Pero si pese a ello el PDECat no logra ni un diputado su supervivencia estará en cuestión dado que el espacio posconvergente es, hoy por hoy, un espejo roto en varios pedazos de incierto futuro. FIDEL MASREAL

Irrumpir con fuerza en el Parlament

La ultraderecha obtendrá sus primeros escaños en el Parlament el próximo domingo, según todas las encuestas. Con un discurso antiinmigración y de mano dura contra el independentismo, Vox se ha hecho hueco en el tablero político catalán. El líder del partido, Santiago Abascal, ha comandado la contienda electoral participando en varios actos de la formación y agitando la convulsión en las calles.

Los dirigentes ultras no cumplieron las recomendaciones de seguridad que les indicaron los Mossos d’Esquadra en el mitin que celebraron en Vic, según indicaron fuentes policiales, tras el cual se produjeron graves incidentes y un enfrentamiento de los agentes con un grupo de manifestantes antifascistas. En un acto en Tarragona, Abascal también trató de sortear el cordón policial para encararse a vecinos que le abucheaban. Este espectáculo se repitió en otras ciudades y Vox logró acaparar la atención mediática y condicionar el discurso del resto de partidos. El 14-F se desvelará si logra adelantar al PP y a Cs el hemiciclo. JÚLIA REGUÉ

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