El precio de la gasolina y el gasóleo está batiendo récord tras récord en España en las últimas semanas. La invasión de Ucrania, el veto a las importaciones de petróleo ruso y las sanciones económicos han agudizado la escalada de precios de los carburantes. Esta evolución es consecuencia de una escalada que se desató tras la ‘tregua’ de las Navidades. Pero con el comienzo del año volvió a dispararse. ¿Qué está pasando?

El barril de petróleo ha alcanzado unos niveles que no se veían desde 2014 e incluso se encamina hacia el récord histórico de más de 147 dólares en 2008. El crudo Brent se encamina, según JP Morgan, a los 150 dólares. España importa casi el 100% delos hidrocarburos, que están sujetos a la intervención de las naciones exportadoras y a la de las economías que los importan, que los utilizan como una fuente de ingresos tributarios. Los costes energéticos son uno de los elementos que más han disparado la inflación en los países desarrollados. En EEUU se ha situado al nivel de hace 40 años y en España, al de hace tres décadas. En febrero, la tasa interanual de inflación escaló hasta el 7,4%. En el tercer trimestre del año pasado comenzó el ascenso del petróleo impulsado por la mayor demanda tras levantarse las restricciones por la pandemia. También han influido las interrupciones en el suministro relacionadas con fenómenos meteorológicos y la restricción de la producción por parte de los principales productores, la OPEP y sus asociados, entre los que está Rusia, denominados OPEP+.

Al petróleo hay que sumarle otro elemento: el aumento de la demanda. Las familias salen más, utilizan más el coche y la actividad económica también tira de carburantes y demás combustibles para la producción. La oferta no parece que vaya a mejorar corto plazo. todo ello ha empujado la producción industrial. El cártel de países exportadores, la OPEP, no está muy dispuesta a aumentar la producción de uno de los productos que alimenta las arcas públicas de sus socios, que ya redujo hace unos meses para adecuarse a una demanda menor. A esa organización se han sumado otros país, que son grandes productores, pero que no forman parte de la misma, como Rusia. Este control de la producción es uno de los principales factores que explican la subida de los precios.

La consecuencia más palpable de la escalada del petróleo y, por tanto, de sus derivados, y el tirón de la demanda es una precio de venta al público de los carburantes más caro. En la actualidad, llenar un depósito de 55 litros de gasolina cuesta unos 100 euros. Al comenzar este año, la misma operación costaba 81,35 y, un año atrás, 65,65 euros. Los movimientos de la cotización del petróleo no impactan directamente en el precio de venta de los carburantes, pero sí en el de los mercados mayoristas de estos derivados. En todo caso, en el precio de la gasolina el crudo solo supone alrededor del 40% del precio final, mientras que el resto son esencialmente impuestos, como se encargan de recordar en la patronal, la Asociación de Operadores Petrolíferos (AOP). De esta manera, aunque el precio del petróleo baje muchas veces no se refleja en las gasolineras. Pero en cambio sí que se nota con mayor rapidez cuando sube. Es lo que la entidad supervisora, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) denominó ‘efecto cohete’ en las subidas y ‘efecto pluma’ en las bajadas. Todo ello se percibe más o menos en función de la competencia existente en el mercado. El ministerio de Transición Ecológica cuenta con un buscador para ver cuáles son las estaciones de servicio más caras y más baratas.

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