Casi siempre los protagonistas de las historias eran los héroes altos y guapos, un estereotipo que poco a poco empieza a caer en el cine (por suerte, cada vez más diverso) gracias a actores como Peter Dinklage. Los centímetros que le faltan por su acondroplasia de nacimiento los suple el intérprete con quintales de carisma y un encanto arrollador que engatusa a la cámara. Su papel más conocido hasta la fecha, el de Tyrion Lannister en ‘Juego de tronos’ (HBO), no solo lo convirtieron en un nuevo icono pop para el público, sino que le valió cuatro premios Emmy y un Globo de Oro, además del fervor del propio autor de la saga, ‘Canción de hielo y fuego’, George R.R. Martin, que confiesa que él es su «personaje favorito».

Su propia mujer, la directora teatral Erica Schmidt, que es también la autora del guion de ‘Cyrano’, donde Dinklage brilla como gran protagonista, asegura que «le encanta flirtear» y que lo hace de fábula. Dentro y fuera del set. Emilia Clarke, la madre de dragones, Daenerys Targaryen, también ha alabado así su «irresistible» personalidad: «Una vez, mi madre, que es muy inglesa, fue a verme al rodaje de la serie y nunca la había visto sonrojarse tanto como cuando se puso a hablar con Peter. Su ingenio es más agudo que el de Tyrion».

Ahora interpreta a otro personaje con un don especial para la palabra: el ‘Cyrano de Bergerac’ que Edmond Rostand estrenó en 1897. Pero en la nueva versión musical de Joe Wright no es un galán con narices de cartón, sino un tipo de 1,35 metros hábil espadachín y que engarza versos, canta, baila y lo que le echen.

Para este intérprete no hay límites, ni barreras; adiós estereotipos.

Cuando vino al mundo, el 11 de junio de 1969 en Morristown (Nueva Jersey; EEUU), sus padres –Diane, profesora de música, y John Carl, vendedor de seguros– prefirieron obviar que su hijo pequeño sufría de enanismo (es el único caso en la familia). Ni le bajaron las estanterías para que alcanzara las cosas ni le trataron diferente que a su otro hijo, con quien Peter empezó a representar funciones teatrales desde los 6 años. Su estatura le amargó la existencia hasta la adolescencia: odiaba que la gente midiese sus palabras en su presencia; ahora, en cambio, agradece que se le acerquen por su trabajo. Pero en sus años universitarios -estudió teatro- ya se soltó la melena: tenía un grupo punk llamado Whizzy, vestía de negro y le daba a la marihuana.

No llegó a la actuación para aceptar papeles de elfo, ni de duende, ni de cuadrilla de circo, lo cual le hizo perder algunos trabajos al principio de su carrera, porque, como ha confesado: «Antes de que apareciera mi personaje en ‘Juego de Tronos’ las personas de mi estatura no interesábamos a ningún productor». El primer golpe de suerte le llegó como protagonista de la premiada e independiente ‘Vías cruzadas’ (2003), donde interpreta a un hombre hastiado por su baja estatura. Eso le abrió las puertas para participar en otras producciones más taquilleras, como ‘Elf’ (2003), ‘Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian’ (2008) o ‘X-Men: Días del futuro pasado’ (2014).

Pero la lotería de verdad le tocó en 2009, cuando le contrataron para interpretar a uno de los personajes con más aristas y recorrido de la serie ‘Juego de tronos’, que HBO estrenó en 2011. George R. R. Martin y los productores solo le querían a él para el papel del astuto y locuaz ‘Mediohombre’ Tyrion Lannister, siempre del lado de los buenos aunque acabase de matar a su padre (por un buen motivo, claro). Durante los casi 10 años en que se rodó la serie, su familia y él vivieron seis meses al año en Irlanda, país de donde provienen sus parientes maternos. Gracias a la fama de su personaje ahora subraya en cada entrevista que concede que hay que acabar con los tópicos acerca de las personas enanas, y con los estereotipos de que solo los guapos pueden tener vida amorosa.

La fama de ‘Juego de tronos’ no es lo que más le ha cambiado la vida, confiesa Dinklage, casado desde 2005 con la directora teatral Erica Schmidt. El mayor terremoto ha sido ser padre. «Eso sí es un punto de inflexión definitivo», ha confesado en alguna entrevista el actor, absolutamente celoso de su vida privada y la de los suyos. En 2011 nació su primera hija, de la que se dijo que se llamaba Zelig, aunque él lo negó, y en 2017 llegó su hijo, del que tampoco ha trascendido el nombre. Desde 2012 los Dinklage llevan una vida tranquila y lejos de los focos de la atención de la prensa en una zona rural a las afueras de Nueva York.

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A pesar de su cuidado extremo para no soltar prenda en las entrevistas, a Dinklage se le han escapado algunos detalles curiosos, para satisfacción de sus seguidores (y no le busquen en Instagram, que solo encontrarán alguna cuenta creada por fans). El actor, que en 2017 presentó en Barcelona ‘La vida nuestra’, el espot de Raúl Arévalo para la campaña de Estrella Damm, es amante de los animales y vegetariano desde la adolescencia. Si alguna vez le han visto comiendo carne en alguna película, sepan que no es más que tofu. Y esa cicatriz enorme que le cruza la cara, de la ceja hasta el cuello, no se la pusieron de pega en la época de ‘Juego de tronos’; es real, un recuerdo de su época punk, tras caerse del escenario.

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