Si un juego infantil me ha dejado un recuerdo inquietante ese ha sido el de peste alta. Jugábamos en el patio del colegio, teníamos 9 o 10 años, y la idea era que quien, a suertes, empezaba con la carga de la «peste», solo se libraba de ella si se la transmitía a otro al tocarlo, y así sucesivamente hasta que sonaba la campana del fin del recreo. Te salvabas si estabas en alto, y el banco de piedra del patio era la principal tabla de salvación tras una buena carrera. Es un recuerdo vago, marcado por la inquietud, los nervios y el temor atávico que arrastraba el juego en sí. No teníamos entonces ni idea de que la peste había sido una plaga que azotó Europa en la edad media. ¿A qué jugarán los niños en el recreo este curso? 

El año escolar que empezó en septiembre del año pasado giraba sobre temores bien distintos, siempre miedos, de nuevo. La amenaza del uso de los móviles en las aulas estaba muy presente, así como el debate sobre los perjuicios y también ventajas que comportarían para el aprendizaje. La protección de datos de los menores de edad ante su entrada en el mundo tecnológico parecía una asignatura prioritaria. Riesgos y amenazas que ahora cualquier padre firmaría por enfrentar, visto el panorama. 

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Otra cosa es cómo lo perciben los más pequeños, pero la vuelta al cole tras la interrupción forzosa que supuso el estado de alarma y el confinamiento hace que el tiempo transcurrido parezca mucho mayor de lo que el tiempo real indica. Unos meses son una eternidad para la mente de un crío, pero la brecha digital que ha abierto este paréntesis y la madurez sobrevenida para niños sometidos a la incertidumbre y miedo que sufren sus padres marcarán un antes y un después en toda una generación. 

Donde hace solo un año temíamos el efecto de los avances tecnológicos sobre la humanidad, ahora esperamos una vacuna que nos inmunice y nos devuelva el sueño por las noches, cierta tranquilidad. Un banco de piedra donde encaramarnos para huir del contacto fatal de la peste alta que nos arroja, una y otra vez, casillas atrás en este tablero caprichoso en que se juega nuestra vida.  

Subdirectora.

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