• La mala racha desde los 11 metros (cuatro fallos seguidos) coincide con la presencia del mejor lanzador: Ronald Koeman

  • El entrenador acertó el 88,8% cuando era jugador: marcó 56 de los 63 lanzados como azulgrana

  • Messi es el que más ha chutado (102) y más ha transformado 80: un 78,4%

  • Entre el técnico y el capitán, están Luis Suárez, Ronaldinho, Rivaldo y Stoichkov, con muchos menos tiros

  • «Si dudas, fallas», sostiene Koeman, y lo corrobora Rexach, otro especialista: «Si no vas convencido, no chutes porque la cagas»

El Barça nunca había fallado dos penaltis en un partido, y mucho menos había desperdiciado cuatro consecutivos (* asterisco). Es comprensible el enfado del entrenador del equipo; es normal, también, la incontenible estupefacción de Ronald Koeman para expresar ese fastidio por ser quien fue: un consumado lanzador de penaltis. El mejor de la historia del club.

El asterisco sirve para puntualizar, y recordar, que el Barça falló los cuatro tiros de la tanda de penaltis de la final de la Copa de Europa ante el Steaua de Bucarest en 1986. El portero Duckadam paró los lanzados por Alexanko, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos. Urruti detuvo dos y el cuadro rumano se llevó el título.

Los dos penaltis fallados en Cornellà acaban con la paciencia de Koeman. «No se puede aceptar», estalló el técnico

La simbólica noche de Cornellà de la semana pasada invita a evocar la también episódica desgracia de Sevilla, lunar destacado y olvidable de la particular historia del Barça con los penaltis. “No es serio fallar dos penaltis en un partido”, protestó Koeman, sin señalar personalmente a los lanzadores (Pjanic y Dembélé) –“todo el mundo tiene derecho a fallar”-, sino por concepto.

El comentario llevaba implícito el malhumor del entrenador por haber sufrido gratuitamente hasta la prórroga frente a un rival de Segunda B. Nunca se malograron dos en un mismo encuentro hasta sumar cuatro seguidos (Valencia, Eibar y dos en Cornellà). Entre medio, el Barça superó a la Real Sociedad en la tanda de la Supercopa. No faltaron los yerros: De Jong tiró al poste y Griezmann chutó a la grada. Ya había errado uno ante el Betis.

El mejor lanzador en eficacia. Un 88,8% de efectividad. Marcó 56 de los 63 penaltis con el Barça. Ezaki (Mallorca) fue el primero que le detuvo uno (89-90), Emilio (Sporting), Sempere (Valencia) y Buljubasich (Tenerife), los siguientes. Koeman tiró uno fuera (ante Lopetegui, del Logroñés) y dos al larguero: ante Buyo, en una semifinal de Copa ante el Madrid y ante Jaro en un Barça-Betis.

“Ser un gran futbolista no quiere decir que seas un gran lanzador de penaltis”, coinciden los especialistas

Cruyff no los chutaba en el Barça ni Di Stéfano solía hacerlo en el Madrid, sino Puskas

Responsabilidad a los 17 años

No se puede aceptar siendo jugador del Barcelona”, repetía Koeman, un tipo que se cansó de chutar penaltis. Desde los 17 años y asumió la responsabilidad nada más debutar en el primer equipo del Groningen. “Siempre me ha gustado chutarlos, nunca tuve miedo”, reconocía en una entrevista a El Periódico.

«Siempre me ha gustado chutar los penaltis. Nunca tuve miedo»

Ronald Koeman

Koeman transformó 56 de los 63 penaltis que ejecutó con el Barça. Un porcentaje de acierto del 88,8%. Mejor que Luis Suárez (13 de 15, 86,6%), Ronaldinho (29 de 35, 82,8%), Rivaldo (24 de 30, 80%), Hristo Stoichkov (11 de 14, 78,5%) y también mejor que Leo Messi (80 de 102, 78,4%). Obvia decir que Messi es el que más ha chutado de siempre. Diego López es el único portero que le ha parado dos con diez años de diferencia: en un Barça-Villarreal (Liga 07-08) y en un Espanyol-Barça de (Copa, 17-18).

Dos fallos en 15 lanzamientos arrojan un porcentaje de acierto del 86.6%. La presencia de Messi limitó mucho sus oportunidades. Los errores fueron consecutivos: Cuéllar (Sporting-Barça) y Juan Carlos (Rayo-Barça) le detuvieron los tiros en la Liga 15-16, justo después del famoso penalti indirecto que tramó con Messi frente al Celta. Ya no marró ninguno más.

Todos ellos están por encima del promedio histórico del Barça contabilizado desde 1988. El equipo ha dispuesto de 382 penaltis a favor, de los que ha aprovechado 298 (78%). Los 84 fallados se reparten entre 58 parados por los porteros, 16 se estrellaron en los postes y 10 salieron fuera.

«Un penalti lo puede marcar o fallar cualquiera: el mejor especialista lo puede fallar y el más patán lo puede meter”

Víctor Muñoz, exjugador del Barça

La seguridad en sí mismo sería el primer artículo del decálogo del buen lanzador. «Si dudas, fallas», aseguraba Koeman. Lo corrobora Carles Rexach, otro consumado lanzador exitoso de penaltis: “Yo iba a chutar convencido de meterlo. Si no vas convencido, no lo lances porque la cagas”. El que fuera extremo y entrenador del Barça sostiene que el éxito va “en el estado de ánimo” más que en la técnica, que da por supuesta en un jugador de élite.

El tipo que devolvió la sonrisa al Barça fue el designado por Rijkaard para ejecutar las penas máximas. Igual que las faltas. Tuvo un acierto del 82,8%: transformó 29 de los 35 tiros entre el 2003 y el 2008. Le pararon cuatro y dos salieron fuera. En la Liga 07-08 fue el lanzador exclusivo, acertando en siete de los ocho.

La clave del estado psicológico

Víctor Muñoz añade otro concepto general: “Un penalti lo puede marcar o fallar cualquiera: el mejor especialista lo puede fallar y el más patán lo puede meter”. La clave reside, como sus colegas, en “el estado psicológico que tienes en aquel momento”. Expone su experiencia personal: “Chute uno contra el Goteborg (semifinal de la Copa de Europa, tanda de penaltis en el Camp Nou en 1986), el último, convencido de meterlo; en la final, ante el Steaua, me aparté, porque estaba destrozado, no me aguantaba después de 120 minutos. Meses después, en el España-Bélgica, en los cuartos del Mundial de México, también lancé”.

“Yo quería que el portero se moviera. Me complicaba mucho la vida si se quedaba quieto hasta el final, era lo peor”

Carles Rexach, exjugador y extécnico Barça

Establecido el primer precepto (la confianza en uno mismo), se añade el segundo: la seguridad en el lanzamiento. Ni dudas para chutar ni dudas en cómo ni dudas hacia dónde. Elegir un lugar y no cambiarlo. Pero hay disensiones respecto a los preparativos. “Solo si veía algún movimiento del portero, podía cambiar, pero lo hice pocas veces”, compartía el hoy entrenador azulgrana. Él no miraba el balón, sino que, cuando iniciaba la carrera, “miraba al portero, concentrado en chutar hacia el sitio elegido” y disparaba con el interior del pie, no el empeine, “y normalmente fuerte”.

Cuarto en efectividad, con solo seis errores: 24 de 30 goles. Aunque no empezó bien: marró el segundo que tiró con el Barça al poste. Pero Van Gaal no le retiró la responsabilidad. El brasileño ajustaba tanto que se estrelló tantas veces con la madera (tres) que con los porteros. De Goey (Barça-Chelsea), Cavallero (Celta-Barça de la UEFA) y Notario (Barça-Sevilla) lo lograron.

«‘Quina cagada he fotut’, se dijo Rexach, al fallar en la final de Basilea: «Un penalti bien tirado siempre es gol»

Rexach esperaba hasta el último momento. “Yo quería que el portero se moviera”, afirma, quien solía proceder con un amago y una paradinha. “Me complicaba mucho la vida si se quedaba quieto hasta el final, era lo peor”. Víctor escogía un lado y apostaba por un tiro con potencia, aunque destaca con admiración la técnica de los lanzadores actuales que son capaces de cambiar la dirección en el último instante.

El mismo tiro siempre

Roger Garcia solo chutó uno con el Barça. En la final de la Copa del Rey de Valencia ante el Mallorca de 1998. Era la última hasta la tanda con la Real Sociedad. “Siempre lo chutaba al mismo lado, abajo a la izquierda del portero, nunca arriba ni a media altura. ¿Por qué? Ya tenía el toque”, explica el interior zurdo. Los practicó poco en los entrenamientos del primer equipo, que ya contaba con un especialista, Rivaldo, que curiosamente lo falló aquella noche. Ensayaba más las faltas, de las que era un especialista.

“Siempre lo chutaba al mismo lado, abajo a la izquierda del portero, nunca arriba ni a media altura. ¿Por qué? Ya tenía el toque”

Roger García, exjugador del Barça

Como Rexach, ejecutor de todo el balón parado en el Barça. Falló el día peor indicado. En la final de la Recopa de 1979 ante el Fortuna Düsseldorf. No estaba nervioso. “Entre que pisé mal y el campo estaba seco, salió el balón flojo. “Quina cagada he fotut!”, pensé. Porque siempre he pensado que un penalti bien tirado es gol”.

A la sombra de Koeman, solo pudo aprovechar las ausencias del holandés. Apenas pudo lanzar 14 penas máximas en su etapa azulgrana entre 1990 y 1998 bajo la dirección de tres entrenadores (Cruyff, Robson y Van Gaal). Aprovechó 11: tiró uno fuera ante el Sporting, uno al palo (Burgos) y uno o paró Abel (Atlético).

Rexach, a diferencia de Roger, era partidario de dirigir el disparo al otro lado como refugio de seguridad. En lugar de un tiro cruzado, prefería hacerlo abierto. Siendo diestro, apuntaba al mismo sitio que Roger: a la izquierda del portero. Tiene una curiosa teoría sobre la curva que dibujaba la pelota, alejándose del meta, en una época en la que todos se adelantaban de la línea. Pero el portero del Fortuna se lo paró. A Charly solo le aterraba tener enfrente a José Ángel Iribar. “Por lo grande que era y el aura que tenía”, reconoce, del mejor portero de los sesenta y los setenta. “Solo tuve que lanzarle uno, fue en el Camp Nou, y lo marqué”.

«Los cuatro penaltis fallados es una anécdota. Los han disparado cuatro jugadores diferentes”

Òscar Garcia, exjugador del Barça

El mejor goleador de la historia y el máximo lanzador de penaltis. Ha transformado 80 de los 102 intentados (78,4%). Jaume Domènech (Valencia) ha interrumpido su racha más larga, de 12 aciertos, aunque la jugada acabó en gol. También sucedió en tres casos anteriores. Tres tiros salieron fuera y dos, al larguero. Diego López (Villarreal y Espanyol) es el único que le ha parado dos. Nunca falló contra el Real Madrid. 

Diego López es el único que le ha parado dos a Messi con diez años de diferencia: en un Barça-Villarreal (07-08) y en un Espanyol-Barça (17-18).

“Todo el mundo ha fallado penaltis”, disculpa Òscar Garcia, que califica de anécdota que el Barça haya fallado cuatro seguidos. “Los han disparado cuatro jugadores diferentes”. Como su hermano Roger, chutó en la tanda de 1998. El sexto. “Lo pedí yo”. Había acabado la serie de cinco, y empezaba la muerte súbita. Lo transformó. Era el encargado de lanzarlos en el Barça B, pero al ascender ya había especialistas; primero Koeman, luego Stoichkov, luego Ronaldo, luego Rivaldo.

Xavi falló un penalti en la campaña 02-03 y tardó diez años en lanzar el segundo (al PSG, 12-13)

Más que Òscar tardó en lanzarlos Xavi Hernández. Entre el primero que ejecutó (al Recreativo, al poste, en la Liga 2002-03) y el segundo (gol al PSG en la Champions 2012-13), transcurrieron ¡diez años! Algo menos tardó Andrés Iniesta entre uno (el portero del Shakhtar se lo detuvo en la Champions 2004-05) y otro: gol al Granada en la Liga 13-14.

Iniesta, como Xavi: erró el primero y pasó nueve años sin lanzar, con el mismo acierto del 50%

Xavi e Iniesta solo metieron la mitad de los pocos que lanzaron, cumpliéndose así un axioma que repiten los consultados. “Ser un gran futbolista no quiere decir que seas un gran lanzador de penaltis. Es una especialidad. Ha habido grandes jugadores que nunca han tirado penaltis o muy pocos”, relataba Koeman. Ronald y Charly tenían muy a mano el ejemplo de Johan Cruyff. En la selección los tiraba Johan Neeskens, y en el Barça, Rexach, que recordaba: “Di Stéfano no los chutaba tampoco en el Madrid. Lo hacía Puskas”.

Entrenamiento psicológico  

Koeman dedicó dos días de entrenamiento para practicar penaltis después de Cornellà. “Algo había que hacer”, entendía el técnico, además de hablar y analizar la situación. Òscar entiende que no por practicar el día antes de una final mejoras el lanzamiento. Mejoras con la constancia. “Yo me quedaba tirando hasta que fallaba. Entonces me iba. ¿Por qué? Para que me quedara claro por qué lo había fallado y el siguiente, en el partido, sabría lo que no tenía que hacer”.

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