Òscar Camps, el dueño de Pro-Activa Serveis Aquàtics, experimentó un giro de guion el 2 de septiembre del 2015. La visión del cadáver del niño Aylan Kurdi tendido boca abajo en la playa turca de Bodrum lo empujó a salir pitando hacia Lesbos con un silbato y unas aletas. A base de donaciones, voluntarios y tres barcos –el ‘Astral’, el ‘Golfo Azzurro’ y el ‘Open Arms’–,  la oenegé que fundó amplió el radio de acción al Mediterráneo central. En tres años, 59.395 rescatados y un máster acelerado en vilezas de Europa. Aquí desgrana algunas.

2015

Lesbos. Frontex obstaculiza

La misión más dura. “El primer ‘shock’ fue ver que el salvamento no importaba”. La gente llegaba a miles, a diario, durante meses, y moría en las playas. “No había NA-DA –recuerda Camps–. La Guardia Costera griega, preparada para disuadir intrusos, tenía balas de goma y mangueras pero no disponía de un triste botiquín”. Las oenegés hacían lo que podían con pocos medios (Camps y Gerard Canals tenían dos neoprenos del Decathlon y una reciclada barca del tráfico con la palabra ‘socorristas’ en griego pintada con un espray). “Estábamos en el agua en diciembre, enero, febrero, nevando… No se nos cerraban las heridas”.

Las autoridades los tenían enfilados, pero les llamaban al hostal de noche para que salieran a rescatar. Aprovechando esas medias tintas, les llegaron dos motos de agua desde Barcelona, y cuatro días 

después, el 28 de octubre, se produjo el mayor naufragio en el Egeo. Había temporal, con vientos de fuerza 7. Una bestialidad. “Cogíamos a niños y cuando íbamos a buscar a los padres ya habían desaparecido… Nada estaba quieto”. Cargaban náufragos y los llevaban a barcos de pescadores, con bandas más bajas que los guardacostas.

Rescataron a tantos –260– que Alexis Tsipras les llamó para felicitarlos. Eso les convirtió en referentes en el norte de la isla y en sujetos dignos de atención mediática.

Documento

La lista de los 35.597 migrantes muertos

La lista de los 35.597 migrantes muertos

Pero Camps detectó las primeras villanías. “Vimos cómo un guardacostas griego abordaba a una patera y morían unos 11 niños –la versión oficial fue que era la patera la que había chocado–, y me indignó la connivencia de los periodistas griegos. No decían la verdad”. También vio cómo guardacostas turcos entraban en aguas griegas, cogían a gente y “hacían devoluciones en caliente”.

Mientras el Egeo se convertía en tumba, el director de Frontex, Fabrice Leggeri, máxima autoridad policial de las fronteras exteriores de la UE, se hartaba de repetir que las oenegés favorecían el ‘efecto llamada’ y la entrada de terroristas. “Me llenó de rabia al ver la inacción deliberada –admite Camps–. La UE había decidido mirar hacia otro lado”.

Buena parte de los rescatados era gente ilustrada que al tocar tierra quería un taxi y que les dijeran cómo ir a Alemania. Ahí le asalta a Camps otra oleada de rabia. Rebobina al  2012, cuando Alemania –alarmada por los ocho nacimientos por cada mil habitantes– concluyó que necesitaba un millón de personas, y zas, en el 2015 Merkel aparece dispuesta a ‘jugarse el cargo’, recibiendo a los refugiados con los brazos abiertos. “Cuando se invirtió la pirámide poblacional –echa cálculos–,  se firmó el acuerdo con Turquía y cerró puertas. ¿Quién generaba el ‘efecto llamada’ del que hablaba Leggeri?“.

2016

Mediterráneo Central. 15.000 vidas en cuatro meses

 

Debutan en el ‘pozo ciego’ situado entre Italia y Libia con el ‘Astral’, barco de recreo que el millonario Livio LoMonaco cedió “con un contrato de comodato, como si prestara una obra de arte”. El velero “no tenía velas ni neveras –las pagaron los Serrat-Tiffón–, ni batería, ni nada…”, y había que pagar el seguro a todo riesgo de dos millones de euros. Rescataron sí –unas 15.000 personas–, pero solo podían tranferirlos a otras embarcaciones.

En aquellos días, quien coordinaba los barcos de rescate de la zona –los de Frontex incluidos– y otorgaba puerto era la Guardia Costiera italiana. Libia no contaba. Estaba repartida entre facciones armadas en guerra, no tenía zona SAR (siglas en inglés de Búsqueda y Rescate) y, como certificaría después el fiscal jefe de Catania, muchos de los guardacostas se sacaban unos dinares extra traficando por las noches.

Camps notó que algo rechinaba (“empezaban a preparar a los libios”, concluiría más tarde). 

2017

Mediterráneo Central. Persecución en toda regla

Italia, receptora de la mayor presión migratoria, entra en precampaña. Si seguían desembarcando inmigrantes, la ultraderecha tendría argumentos. “Para que Italia dejara de rescatar, Europa debía empoderar a Libia, defender que actuaba dentro del derecho internacional y que su Guardia costera era capaz de resolver problemas en 350.000 kilómetros cuadrados de agua”.

Podía colar, salvo que Naciones Unidas afirmaba que Libia no era segura y que contravenía el convenio marítimo. También levantó la voz el responsable de la International Maritime Organization (IMO), aunque duró poco en el cargo. Solo quedaban las oenegés, con periodistas y políticos a bordo, que se encargaban de denunciar que la UE pagaba “a un grupo armado para que interceptara las pateras en aguas internacionales y, contra su voluntad, los devolviera en caliente a Libia, donde los esclavizan, violan y torturan”.

Libia, sostiene Camps, se convertía en “el campo de concentración de Europa”.

De las críticas, dice el fundador de Proactiva, pasaron a intentar cortar la fuente de financiación. Les empiezan a llover insultos ultras y son objeto de ‘fake news’. Que si iban a las playas libias a cargar gente, que si pagaban sistemas de comunicación para estos operativos, que si los financiaba George Soros y la Mafia.

Las oenegés eran ‘traficantes’ y punto.

En agosto, el ‘Golfo Azzurro’ sufrió el acoso del ‘C-Star’, un barco fletado por la organización racista Defend Europe. “Nos persiguieron, se aproximaron con una zódiac a enganchar pegatinas en el casco…”.

“Empezamos a notar que la Guardia Costiera italiana cedía terreno a los libios”, prosigue Camps. Y como las oenegés –que en aguas internacionales solo obedecen el derecho marítimo internacional– se negaban a llevar a los rescatados a Libia, y la difamación no conseguía cortar el chorro de  financiación, empiezan a intimidar de verdad.

“Los guardacostas libios, financiados y entrenados por España e Italia, al grito de ‘I kill you’, dispararon al aire”. Y en agosto secuestraron el ‘Golfo Azzurro’, e intentaron llevarlo a Libia, con la mala pata de que a bordo viajaba Lola Galovart, diputada del PSOE, que llamó inmediatamente a Ana Pastor y al CNI, y a las dos horas los dejaron ir. Sin embargo, el mantra de ser el ‘pool factor’, de que “no rescatan sino que transportan” culebrea hasta la reciente declaración del ministro Ábalos.


2018

Mediterráneo Central. Persecución militar y judicial

Entre enero y marzo –Italia celebró elecciones el 4 de marzo–, el número de rescates baja en picado y los pocos que salvan están en condiciones de salud deplorables. “Las milicias libias habían cobrado dinero de Italia para que los retuvieran durante la campaña electoral”, explica Camps. “Es lo mismo que está pasando ahora en España –sospecha–, por eso bloquean el ‘Open Arms’ y hay un cerrojazo de silencio a Salvamento Marítimo”.

Los supervivientes que antes relataban haber sido víctimas de violaciones múltiples, pero haber comido, ahora explicaban haber sufrido lo mismo, pero sin alimentos ni agua, con sarna y encerrados en sótanos. “Por primera vez los rescatados no llegaban a tierra. Morían a bordo”.

Camps, que ya recibía amenazas de muerte en cinco idiomas, cuenta que el 16 de marzo la Guardia costera libia cruzó la proa de dos embarcaciones semirrígidas de ‘Open Arms’, que había acudido en respuesta a una alerta del Centro de Coordinación de Rescate italiano, pese a que se apresuró a subrayar que Libia estaba al mando. Hubo forcejeo para llevárselos, pero aguantaron el tipo porque a bordo viajaba un periodista del diario ‘Ara’.

“Quien realmente está traficando es la propia UE”, zanja Camps. “Pagan grandes cantidades para modificar flujos, retener personas y, cuando estos gobiernos exigen más y no reciben, miran hacia otro lado y abren las puertas”. Sería el caso, sostiene, de Mohamed VI, que deja salir a jóvenes del Atlas al ver que Erdogan y el presunto Gobierno de Trípoli hace caja, y él no. “¿Europa le tiene que pagar ahora 180 millones para que no salgan más? ¡Eso se llama ‘tráfico-de-personas’, no tirarse al agua para sacar gente!”.

A todo esto, investigados desde el 2016, el 17 de marzo Carmelo Zuccaro, el fiscal antimafia de Sicilia y también fiscal de Ragusa, para el ‘Open Arms’ en el puerto de Pozzallo, donde desembarcaron a 216 migrantes. Los quiso detener. Como Pozzallo no era de su jurisdicción, solo podía imputarlos por ‘asociación criminal’ –”desde entonces, en mi barrio me llaman ‘Il Dottore'”, bromea Camps–. Y como ‘asociación criminal’ tenían que ser tres, y en el ‘Golfo Azzurro’ solo había dos responsables –los capitanes del barco, Marc Reig, y de la misión, Anabel Montes–, los hicieron declarar como testimonios e imputaron al coordinador de Open Arms, que estaba en Barcelona el hombre.

Con esta argucia, se llevó el caso a Ragusa, aunque tres jueces acabaron desestimando el sumario. La retención duró un mes y medio, tiempo suficiente para deterior el barco (las reparaciones costaron 200.000 euros).

2019

El ‘Open Arms’ bloqueado en BCN. Dos ministros driblan

Capitanía Marítima de Barcelona bloquea el 8 de enero el ‘Open Arms’.

De momento, ganan. Ya no hay una sola oenegé de rescate en el Mediterráneo. “Como no han podido acabar con nosotros, nos han cerrado los puertos”, explica Camps. El ‘Open Arms’ es un barco de salvamento registrado, con bandera española y una tripulación contratada como dios manda, pero, aunque el bloqueo es un tema administrativo, puede demorar lo suficiente como para cercenar la financiación. Sin rescate no hay donativos.

Ya no son los héroes, “la verdadera marca España”, que decía el PP, ahora son “un problema, como Venezuela”, infiere Camps, a la par que subraya que Europa firma convenios con Omar El-Bechir, jefe de Estado de Sudán, que tiene dos órdenes internacionales de detención por genocidio y crímenes con la Humanidad.

“Se me hace difícil soportar que el ministro Ábalos tenga la indecencia de decir lo que dice –y dice que el bloqueo del ‘Open Arms’ y el ‘Aita Mari’ “se ciñe a lo que marca la ley”–, y escuchar a Grande-Marlaska considerar que ‘un rescate es intervenir cuando hay vidas en peligro, no ir a la playa a recogerlos’. ¡No tiene ni remota idea de lo que hacemos!”.

Mientras los ministros driblan, la Guardia Civil es el mando único en inmigración y la UE negocia el flujo humano con el Gobierno de Trípoli (“un grupo armado que ni siquiera tiene el control de Trípoli, al que han decidido reconocer como a Guaidó en Venezuela”), salen de Libia 24.000 millones de dólares de petróleo, “el 74% más que el año anterior”. Saquen ustedes sus conclusiones.

 

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