Pablo Motos le pareció interesante preguntar a una niña de 9 años que si le gustaba algún chico. La mentecata pregunta se refería a gustar desde el punto de vista sexual porque eso es lo que se les suele preguntar a las niñas, qué sabor de helado les gusta más y quiénes son sus ídolos sexuales.

Luna Fulgencio, actriz con desparpajo, le contestó que ni idea. «¿Mario Casas, Antonio Banderas?», sugirió Mente Calenturienta Motos. La chavalilla, una persona del siglo XXI a la que las neuronas le funcionan a la perfección, pensó que el presentador le preguntaba desde un punto de vista profesional, así que soltó: «Blanca Suárez». Anclado en la prehistoria, el presentador de ‘El Hormiguero’ le espetó: «Pero te gusta como actriz, ¿no?». Su intención era dejar bien claro que la niña  -oh, cielos- no era lesbiana ni nada parecido.

El remate de la entrevista fue colosal. «¿No tienes novio, verdad?», insistió Motos. «No. Tengo 9 años, no 26», remató Chica Lista Luna. La peque estuvo sembrada.

No es la primera vez que Motos se mete en charcos machistas. Especialmente preocupante es que lo haga con una niña de 9 años. A su lado estaba Santiago Segura, cineasta que protagoniza y dirige la segunda parte de ‘Padre no hay más que uno’. La película, y el propio Segura, dan juego para hablar de mil temas. Pero ¿a quién le interesa el cine pudiendo preguntar a una niña de 9 años por sus gustos sexuales? Y aunque la niña tuviera 26 años, ¿a alguien le importa a estas alturas de siglo si tiene novio? Es más, ya que se pregunta eso, ¿por qué no preguntar si tiene novia? ¿Por qué damos por hecho que a una chica le tiene que gustar un chico?

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La pregunta de Motos no es ciencia ficción. Que levante la mano el padre o la madre que, en una reunión familiar o de amigos, no ha escuchado de boca de alguien: «¿Qué, el niño ya tiene novia en el cole?». Es un comentario fuera de lugar. Y lo es a cualquier edad. Igual de viejuno que preguntar a una joven que cuándo tiene pensado ser madre vaya a ser que se le pase el arroz. Porque las mujeres somos así, nacemos para tener novio y ser madres. Da igual que seas astronauta, ejecutiva o ingeniera. Lo importante es que tengas cubierta tu vida amorosa, sexual y reproductiva.

«Desde hace un siglo la ciencia afirma que la infancia es la fase más importante de la vida y que los niños y las niñas son aptos y competentes, no adultos en miniatura. Saben interpretar el mundo que les rodea y expresar lo que piensan y sienten. A veces no sabemos escucharlos y entenderlos, pero es un problema nuestro, no suyo». Lo dice Francesco Tonucci en su maravilloso ensayo ‘Por qué la infancia’ (editado por Destino). Solo son 163 páginas. Venga, Pablo Motos, tú puedes.

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