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Uno de los autores de canciones más mayestáticas del pop moderno se descuelga con un disco de versiones. ¿Muestra de impotencia? ¿Una maniobra para ganar tiempo? ‘California son’ tendrá algo de ambas cosas, pero puede ser también la manera de Morrissey de responder a la percepción que se tiene de él en el campo político, ya que se asienta en autores de reconocido izquierdismo. Y desliza un paquete de grandes composiciones, aunque en muchos casos, para verlas brillar con el máximo esplendor, haya que recurrir a la versión original.

En los últimos tiempos se ha hablado más del excantante de The Smiths por sus simpatía pro-Brexit o sus declaraciones críticas con el feminismo que por su música. Un poco al estilo de Calamaro. Y como el argentino, él también se revuelve contra quienes le colocan en la casilla precocinada del ultraderechismo.

Este disco lo abre la hermosa ‘Morning starship’, una canción del malogrado artista glam, contemporáneo de ‘Ziggy Stardust’, Jobriath, gay declarado en su tiempo y una de las primeras figuras de la música que falleció de sida, en 1983. Y le sigue una ristra de temas de autores ubicados en el imaginario histórico de la canción comprometida, de Dylan a Buffy Saint-Marie pasando por Phil Ochs. ¿Hay un mensaje en todo ello? Quizá sí. O todo lo contrario.

Un toque de herejía

Los temas originalmente acústicos, de voz y guitarra, son las que más pueden chirriar, porque Morrissey les impone cierto tonelaje instrumental, llevándolos a un territorio que puede provocar objeciones (ese aparatoso ‘Suffer the little children’, de Saint-Marie). Otros proponen soluciones dudosas: el pasaje de jazz ‘easy-listening’ inyectado a ‘Don’t interrupt the sorrow’, de Joni Mitchell. Pero Morrissey es mucho Morrissey y no ha podido evitar primar su lucimiento vocal de ‘crooner’ pop con vistas a la eternidad, entre arreglos épicos y ‘crescendos’ arrolladores como el de ‘It’s over’, acercamiento a una fuente de inspiración vocal como es Roy Orbison con el apoyo de la cantante neoyorkina LP. Morrissey somete todo ese cancionero a su ley, y el disco gana dinamismo en la segunda mitad, con ese ‘Wedding bell blues’, de Laura Nyro (éxito en las voces de The 5th Dimension), en el que se cuela la voz de Billie Joe Armstrong (Green Day). Ecos del pop sesentero a través de las firmas de Bacharach y David, y hallazgos como el lejano grupo Gary Puckett & The Union Gap y su vivificante ‘Lady willpower’. Sí, una de las gracias de ‘California son’ es descubrirnos canciones apartadas de nuestro presente, ya sea ‘hits’ semi-olvidados u oscuros ‘album tracks’. Temas que llegan a permitir momentos de genuina intensidad en la voz de Morrissey (‘Lenny’s tune’, de Tim Hardin), si bien siempre sabrán a poco para quienes sigan esperando un álbum con canciones propias a la altura del mito.

OTROS DISCOS DE LA SEMANA

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Aviso: este no es un disco del Mehldau-pianista-de-jazz. Este es ‘el otro’ Mehldau, el explorador de otros mundos. Inspirándose en la Biblia para hacer su propio alegato anti-Trump, Mehldau levanta una fantasía a la vez triste y esperanzada, hecha de teclados retro, ritmos robóticos y voces espectrales que a ratos navega y a ratos -‘The Garden’- conmociona. Roger Roca.

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Hace apenas tres meses que Cecilio G publicó su mejor trabajo, ‘Million Dollar Baby’, y ya tiene uno nuevo que presentar, ‘Todos presos’, siete canciones que confirman que se ha instalado en un alto nivel de madurez productiva. Con productores como Marvin Cruz y Enry-K, el hiperactivo artista barcelonés vuelve al trap más crudo después de abrirse en canal en su anterior disco con un tono más melódico. Ignasi Fortuny. 

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¿Quién dijo que las guitarras habían muerto? Desde Amsterdam con fuzz, Pip Blom recuerda el valor del ruido y los pocos acordes bien dispuestos en esta colección de delicias de pop desvencijado. ‘Don’t make it difficult’ suena ya desde el título a declaración de intenciones: vamos a divertirnos y no hacernos daño. Cierta melancolía emerge en canciones como ‘Say it’, ‘Redhead’ o la catártica ‘Aha’.  Juan Manuel Freire. 

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El Niño de Elche se acoge a ese cante de ida y vuelta, la colombiana, como metáfora de un diálogo entre el flamenco de aquí y sus proyecciones de allá. Soleás por bullerengue y tangos por cumbia aderezados con mística y humor, ayahuasca mediante y en complicidad con Eblis Álvarez (Meridian Brothers). Inmersión psicotrópica. Jordi Bianciotto.

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