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No hay quien pueda con Morrissey, y quienes le han retirado el saludo por sus estridencias verbales no podrán evitar que, mal que les pese, sea capaz de facturar a estas alturas un álbum tan notable como este ‘I am not a dog on a chain’. Disco con el que saca pecho, desafiando a ‘haters’ e insinuando, con su simpatía habitual, que está rodeado de pusilánimes: «No soy un perro atado a la cadena, uso mi cerebro», presume en el tema titular, en el que se acoge a la idea de que quien pega primero, pega dos veces. «No le veo la gracia a ser simpático», remata en el estribillo sin pestañear.

Difícilmente podía Morrissey imaginarse que su nuevo disco, que salió este viernes, se encontraría con un paisaje tan extremo, con los ciudadanos, también en su orgulloso país, el Reino Unido pos-‘Brexit’, afectados por un pánico global y forzados a buscar seguridad en sus hogares. ‘I am not a dog on a chain’ es el puñetazo sobre la mesa de un artista que predica el rechazo a los miedos y que canta con el viento en contra, creciéndose ante las miradas de desaprobación y hablando sin tapujos desde la primera pieza, ‘Jim Jim falls’: «Si quieres saltar, salta / No lo pienses dos veces», invita sobre un ritmo musculoso. «Si te vas a ir corriendo a casa a llorar / no me hagas perder el tiempo / Si te vas a suicidar luego / para salvar la cara / Adelante con ello».

Subsuelo cibernético

Solo 10 meses después de entregar ‘California son’, disco de versiones, Morrissey se crece respecto a obras anteriores manejando un cancionero de mercurio y trazo severo, que conjuga canónicas derivas majestuosas e incursiones enrarecidas, y que redobla el factor electrónico: las tramas de sintetizador de ‘Love is on its way out’ y ‘Once I saw the river clean’, que acercan las canciones a un disco-rock de ecos germánicos. La canción titular, donde le imaginamos cantando en modo rabioso, cerrando los puños a medida que alza el tono, puede optar a plaza en un futuro ‘greatest hits’, y ‘Knockabout world’ le va a la zaga con su melodrama seco y sus arreglos de cuerda.

Hay giros sorprendentes, como ‘Bobby, don’t you think they know’, cita con la venerable Thelma Houston (la voz que en 1977 convirtió ‘Don’t leave me this way’ en hito discotequero), larga y serpenteante, con un toque art-rock a base de saxo insano y órgano de plomo. En el tramo final, arqueamos las cejas con el número de cabaret de aires distópicos ‘The truth about Ruth’. Y acto seguido, con los casi ocho minutos de ‘The secret of music’, pieza de andares siniestros que acerca a Morrissey a un Scott Walker maduro y en la que traza paralelismos entre su estado emocional y el timbre de los instrumentos, aventurando el sentido de la música y viniéndonos a decir que no está todo dicho en su largamente tambaleante arte de la canción. – Jordi Bianciotto

OTROS DISCOS DE LA SEMANA

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Como en el reivindicable ‘New energy’, Kieran Hebden combina aquí grandes cortes de baile (la UK garage “Baby”, al lado de Ellie Goulding) con pasajes cálidos y reflexivos más cercanos a su época folktrónica. En ambas lides, el productor se muestra incluso más inspirado e inspirador que de costumbre; cada melodía es una promesa de futuro.  – Juan Manuel Freire

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Marcó el rumbo de los guitarristas de jazz del cambio de siglo hasta que se fue tan lejos del canon que ya no lo siguió nadie. Pero la búsqueda de Rosenwinkel sigue. Ahora, con el trío Bandit 65, no persigue armonías sino texturas, sonidos insólitos y ambientes de ensueño. Y aunque se toma su tiempo –en este directo hay una pieza de 19 minutos–, los encuentra. –Roger Roca

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Londinense con querencia por la tradición negra, Fitzroy brinda su voz honda y carnosa a un repertorio asentado en el soul con fugas hacia el blues y el funk y resonancias de una educación góspel. Música voluptuosa, cocinada en alianza con el productor Colin Elliot (Richard Hawley, Paul Weller) y que desprende una palpitante nocturnidad. J. B.

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Díscolo, extravagante y atormentado, Lil Uzi Vert ha sacado partido de su ADN como artista para reafirmarse como uno de los capos del rap a través de un sonido sofisticado. En su esperada vuelta tras el bombazo de ‘Luv is Rage’ (2017), el disco del de Filadelfia destaca por sus rapeos supersónicos y las producciones avanzadas que dan al álbum un sobresaliente aire vanguardista. – Ignasi Fortuny

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