El 45º presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pasará a la historia por sus fuertes salidas de tono y sus momentos atípicos y estrambóticos al frente de una de las potencias mundiales. Han pasado cuatro años desde que Trump tomó posesión tras proclamarse vencedor en las elecciones de 2016. Millones de votantes todavía lo aclaman y creen que su presidencia es el camino al verdadero sueño americano, mientras otros tantos sienten que estos últimos cuatro años han sido una pesadilla de la que todavía el país tardará en recuperarse.

Tres años y dos semanas después de haber sido nombrado, en febrero de 2020, el presidente de Estados Unidos afrontó un primer ‘impeachment’ que no salió adelante, y elevó su popularidad al punto más alto de su presidencia a menos de un año de las elecciones. El proceso fue iniciado por la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, por las presiones de Trump contra el Gobierno de Ucrania para que investigara supuestos negocios fraudulentos del hijo de su rival demócrata a la presidencia, Hunter Biden

La cumbre del G-7 en el balneario canadiense de La Malbaie dejó, en el 2018, una de las imágenes que mejor sirven para resumir la política exterior del magnate: aislado frente al mundo. Desafiante y chulesco, Trump ha protagonizado grandes polémicas políticas con países árabes, China, México y los aliados europeos de Estados Unidos. El dirigente ha arremetido y ha dado la espalda a las organizaciones internacionales multilaterales y ha alterado las reglas del juego comerciales vigentes con la imposición de aranceles.

La polémica gestión del coronavirus

Los posicionamientos del presidente estadounidense sobre el covid han seguido desde el principio una línea negacionista. Desde el principio, ha restado importancia a la letalidad del virus y se ha resistido a imponer restricciones. Sus primeras intervenciones acerca del coronavirus consistieron en asegurar que iba a «desaparecer milagrosamente«, calificarlo de «virus chino», enfrentarse al principal experto de la Casa Blanca en enfermedades infecciosas Anthony Fauci e incluso atacar al entonces candidato demócrata Joe Biden por llevar puesta la mascarilla todo el tiempo. En una de sus intervenciones más polémicas recomendó inyectarse lejía en los pulmones para rectificar luego y decir que estaba bromeando. Meses después, el propio presidente se contagió de covid-19 y tuvo que ser ingresado. Solo tres días después, a pesar de que sus médicos le advirtieron de que «no estaba fuera de peligro», apareció en el balcón de la Casa Blanca y, tras quitarse la mascarilla con un gesto teatral, llamó a los ciudadanos a «no temer al virus».

El asesinato de George Floyd a manos de la policía en Estados Unidos causó una fuerte crisis social y política que azotó al Gobierno de Trump con manifestaciones que perduraron durante más de 50 días por la justicia racial y social y contra el racismo en el seno de las fuerzas de seguridad. La reacción del Ejecutivo estadounidense de dispersar las masivas manifestaciones con gases lacrimógenos y la inexistente condena pública de la violencia policial al colectivo afroamericano azotó con fuerza al republicano y su equipo. El potente estallido de las protestas a lo largo y ancho del país tuvieron eco en todos los rincones del mundo.

Trump y su relación con las mujeres

El año 2017 supuso un punto de inflexión para el feminismo. El movimiento ‘saludó’ la llegada de Trump a la Casa Blanca con una manifestación multitudinaria en Washington en protesta por la misoginia del presidente. Además, en pleno mandato, eclosionó el movimiento #MeToo en Hollywood que luego se extendió a otras esferas. Las acusaciones de acoso sexual y los desplantes hacia las mujeres no han hecho sino que ahondar la división entre el presidente estadounidense y movimiento feminista.

Reconocimiento de Jerusalén

El presidente de Estados Unidos reconoció a Jerusalén como capital de Israel, el pasado 6 de diciembre de 2017, cuando ordenó trasladar a la ciudad santa desde Tel-Aviv la embajada de EEUU. La decisión de Trump rompió con el consenso internacional y las resoluciones de Naciones Unidas y puso todavía más en entredicho la credibilidad de la Casa Blanca como mediadora en el conflicto entre israelís y palestinos. Esta decisión dio inicio a una estrategia para sumar apoyos al Estado israelí en el mundo árabe y reforzar su rivalidad con Irán. El yerno de Trump, Jared Kushner, por su parte, fue promotor de un polémico «plan de paz del siglo» entre Israel y Palestina que no tardó en ser rechazado por todas las facciones palestinas y algunos de sus vecinos árabes.

Estados Unidos abandonó el 4 de noviembre de 2020 el Acuerdo de París sobre el Clima cumpliendo así una de las principales promesas electorales de Trump. Este pacto de ámbito planetario, que es clave para implantar medidas medioambientales que permitan combatir el cambio climático, ya había sido menospreciado sin ambages por el presidente republicano, quien anunció que sacaría a su país del pacto porque, entre otras razones, lo consideraba un lastre para la prosperidad de ciertas empresas dedicadas a las energías fósiles. El negacionismo climático le ha valido al magnate más de un enemigo, siendo una de las más célebres la activista medioambiental Greta Thunberg, cuyo discurso contra el mandatario se convirtió en viral al poco de ser pronunciado.

Amor-odio con Kim Jong-un

La relación entre el presidente estadounidense y el líder norcoreano ha pasado por muchos estadios. Desde amenazas de guerra a declaraciones de amor. EEUU y Corea del Norte iniciaron en 2018 un proceso de negociación que ha desembocado en dos cumbres entre Donald Trump y Kim Jong-un: la primera en junio de 2018 en Singapur y la segunda en febrero de 2019 en Hanói, que se cerró sin acuerdo sobre el proceso de desnuclearización.

En su primer día como presidente, en enero de 2017, Trump definió a los periodistas como «los seres humanos más deshonestos de la tierra» y en varias ocasiones les ha calificado de «enemigo del pueblo». Esta complicada relación del mandatario con la prensa se ha mantenido viva a lo largo de sus cuatro años de mandato en los que si una noticia no le convenía, optaba por clasificarla de ‘fake news’.

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En los últimos cuatro años, Estados Unidos ha invertido 15.000 millones de dólares en erigir la promesa electoral estrella de Trump, y ha construido esa valla a lo largo de 727 kilómetros (452 millas) de frontera, lo que cubre más de una cuarta parte de los 3.145 kilómetros (1.954 millas) que separan el país de México. Sin embargo, la mayor parte del muro construido reemplaza una valla que ya existía y no ha cumplido la parte de su promesa que más entusiasmaba a sus seguidores: la garantía de que México pagaría por el proyecto.

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