Actualizado 30/01/2019 10:48:05 CET

MADRID, 30 Ene. (EDIZIONES)

Alberto Jiménez Becerril, concejal del PP, y su esposa, Ascensión García Ortíz, abogada, regresaban a su domicilio por la calle Don Remondo de Sevilla, a escasos metros de la Giralda y de su domicilio, tras haber cenado fuera un 30 de enero de 1998. Cuando llegaron a la esquina con la calle Sanz y Fores, a la 1:15 de la madrugada, Alberto notó un movimiento sospechoso y giró la cabeza: justo en ese momento dos individuos abordaron al matrimonio y dispararon al concejal. La bala alcanzó la sien derecha de Jiménez y llegó a dar en uno de los muros del Palacio Arzobispal hispalense.

Alberto Jiménez quedó tendido en el suelo gravemente herido y su esposa gritó para pedir auxilio hasta que decidió dar un paso hacia adelante para intentar hacer frente a los terroristas pero recibió un disparo en la frente que le provocó la muerte instantánea. Los terroristas huyeron rápidamente del lugar y cuando llegaron los servicios de emergencia, solo pudieron certificar su muerte de ambos. La pareja, de 37 años y que iba a cumplir en los próximos días su décimo aniversario de boda, dejaba huérfanos a sus tres hijos de nueve, siete y cinco años de edad.

Becerril era el quinto concejal del PP asesinado por ETA y junto a su esposa ya eran diez las víctimas de la banda terrorista en la comunidad andaluza. Solo un día después, la tragedia volvería a golpear a la familia con la muerte de la tía del concejal en un accidente de tráfico cuando regresaba a su casa tras asistir al funeral.

«A SU DESPOTISMO VAMOS A RESPONDER CON NUESTRA LIBERTAD»

Desde primera hora de la mañana de ese viernes, apenas unas horas después del atentado, numerosos ciudadanos se concentraron frente al Ayuntamiento de la ciudad, en cuya fachada se colgó un gran crespón negro. Los sevillanos depositaron allí flores, encendieron velas, profirieron gritos contra los terroristas e incluso se recogieron firmas en ese mismo lugar para que los ciudadanos pudieran mostrar su repulsa al ataque. La Corporación Municipal entregó además, tras aprobarlo por unanimidad, la medalla de la ciudad al concejal y a la abogada a título póstumo, la máxima distinción de la ciudad de Sevilla, y la alcaldesa, Soledad Becerril, se dirigió a todos los que estaban concentrados en la plaza: «ETA no podrá doblegarnos ni hacernos callar porque siempre defenderemos nuestro derecho a vivir en paz«.

Los vecinos de la pareja también colocaron a lo largo del día velas y ramos de flores y en el lugar exacto del asesinato, cercano a la casa donde residían las víctimas y colgaron un manifiesto: «Quieren imponernos a tiros sus criterios, no los dejaremos, porque a su despotismo vamos a responder con nuestra libertad«. El mismo día por la tarde, unas mil personas se concentraron en ese mismo punto, donde la presidenta de la Asociación de Vecinos se refirió a los responsables del ataque como «gentuza que parece no estar dispuesta a parar».

Los féretros con los restos de Alberto y Asun cubiertos con la bandera de la ciudad llegaron al Ayuntamiento de Sevilla a primera hora de la tarde entre los aplausos de las miles de personas que allí se concentraban y posteriormente se instaló la capilla ardiente en la Sala Colón del consistorio. Alrededor de 50.000 personas se acercaron a dar el último adiós a la pareja y las puertas tuvieron que cerrarse una hora después de lo previsto debido a la gran afluencia de público.

Ascensión y Alberto / Fundación Alberto Jiménez-Becerril

A la vez que los sevillanos recordaban a la pareja asesinada, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, pedía ayuda a la sociedad para acabar con esta lacra, dijo que no permitiría que suplanten la voluntad de los ciudadanos y advirtió: «Que nadie tenga duda de que con la ley en la mano (los terroristas) pagarán muy caro lo que están haciendo«. Las condenas de los partidos políticos se sucedieron a lo largo del día y también llegaron desde el extranjero, como la del Consejo de Europa que hablaba de un «acto de barbarie que desafía abiertamente a la comunidad internacional al atacar los propios fundamentos de la democracia» o desde Francia, donde su ministro de Exteriores, Hubert Vedrine, aseguró que «a los franceses les repugna el terrorismo ciego».

Las muestras de condena pudieron verse en todos los rincones de España y miles de personas salieron a la calle ese mismo viernes a la misma hora, las 21:00 horas, en numerosos municipios de todo el país en concentraciones convocadas por La Federación Española de Municipios y Provincias. La más numerosa fue la de Sevilla, a la que acudieron miles de personas y que estuvo encabezada por autoridades como la alcaldesa, Soledad Becerril, el presidente de la Junta, Manuel Chaves o el ministro de Trabajo, Javier Arenas. Esa noche se oyeron duras consignas entre los concentrados que pedían la pena de muerte para los terroristas y las autoridades se vieron obligadas a pedir calma a la multitud. Finalmente los congregados acabaron entonando el himno de Andalucía, el Himno de la Alegría y el «Libertad sin ira», además de cánticos como «basta ya» o «esos niños no están solos», en alusión a los tres hijos de la pareja que quedaron huérfanos tras el atentado.

El día siguiente, sábado, se celebró el funeral en la Catedral de Sevilla al que asistieron, entre otros, el presidente del Gobierno, varios de sus ministros, los presidentes del Congreso y el Senado y numerosas autoridades autonómicas, a la vez que cientos de personas permanecían en la calle bajo la lluvia para despedir a la pareja. Ese día, los comercios sevillanos cerraron durante media hora sus puertas para condenar el atentado y solidarizarse con los ciudadanos que salieron a la calle para expresar el dolor por el asesinato de la pareja.

Ese mismo día, hubo manifestaciones multitudinarias en toda España para condenar este atentado de la banda terrorista ETA, y destacaron las cerca de medio millón de personas que salieron a la calle en Sevilla o las cien mil que se manifestaron en Bilbao.


TODO APUNTABA A ETA

Desde un primer momento, desde el Ministerio del Interior señalaron que todos los indicios apuntaban a que se trataba de un nuevo crimen de ETA por la munición empleada (se encontraron en el lugar del tiroteo dos casquillos del calibre nueve milímetros SF que era habitualmente utilizado por la banda) y por el hecho de que la víctima fuese miembro del Partido Popular.

Además, el nombre del concejal estaba en una de las listas de ETA decomisada dos años antes por la Policía, algo que estaba en conocimiento de su esposa y cuya preocupación trasladó al entonces decano del Colegio de Procuradores de Sevilla, Manuel Murube. Tanto Marube como el que por entonces era presidente de la Audiencia de Sevilla, Miguel Carmona, aseguraron que a pesar de que el concejal era uno de los objetivos de ETA, éste nunca llegó a recibir ningún tipo de amenaza.

Las primeras pistas de quién podía ser la persona que estaba detrás del tiroteo llegaron los días siguientes después de que la Policía tomara declaración a más de 300 personas y recibiera más de mil llamadas de ciudadanos que querían colaborar en el caso. En marzo, las Fuerzas de Seguridad desarticularon al ‘comando Andalucía’, responsable del asesinato a tiros de la pareja, en la que se detuvieron a cinco terroristas, Mikel Azurmendi Peñagaricano (‘Hankas’), Maite Pedrosa Barrenetxea, José Luis Martín Barrios; los tres con un amplio historial delictivo a sus espaldas y dos franceses que abastecían al comando con armas y explosivos. Durante la inspección del piso de Sevilla en el que vivían los terroristas, la Policía encontró las dos armas con las que dispararon a Becerril y a su mujer y gran cantidad de armamento como 440 kilos de explosivos o 30 granadas. Pocos días después, la Audiencia Nacional ordenó el ingreso en prisión incondicional para los cinco.

Busto de Alberto Jiménez-Becerril en la Casa Consistorial de Sevilla / Ayuntamiento de Sevilla

En el auto dictado por el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, aparece el nombre de José Javier Arizkurren Ruiz, más conocido como ‘Kantauri’, al que señala como la persona que ordenó al ‘comando Andalucía’ el asesinato del concejal del PP y su esposa. Según el auto, ‘Hankas’ fue quien descubrió a Jiménez Becerril en el bar ‘Antigüedades’ de Sevilla y se lo comunicó al resto del comando y entre ellos decidieron que Azurmendi y Barrios iban a ser quienes ejecutasen el atentado. Ambos se dirigieron al bar la noche del 29 de enero y estuvieron siguiendo a un grupo de varios concejales del PP hasta que Jiménez y García se separaron del resto del grupo para volver a su casa. Los etarras siguieron a la pareja durante unos cinco minutos hasta colocarse a la misma altura que ellos; Azurmendi disparó en la cabeza al concejal y “sobre la marcha” decidieron que Barrios asesinara también a su esposa para evitar que con sus gritos pudieran ser descubiertos. Tras el crimen, los dos volvieron al piso donde les esperaba Pedrosa, con quien habían planeado el ataque, y lo celebraron con “una comida especial y sidra”.

Un año después, la Audiencia Nacional condenó a 130 años de prisión a los integrantes del “comando Andalucía”. En concreto, Barrios y Azurmendi fueron condenados a 60 años de prisión y a indemnizar a los tres hijos de la pareja con 100 millones de pesetas (600.000 euros), y Pedrosa fue absuelta por el doble asesinato pero condenada a 10 años por conspiración para cometer un homicidio terrorista.

Busto de Ascensión García en la Casa Consistorial de Sevilla / Ayuntamiento de Sevilla

José Javier Arizkuren Ruiz, más conocido como ‘Kantauri’, fue condenado a 56 años de cárcel por un delito de atentado terrorista y otro de homicidio terrorista con agravante de alevosía, por ordenar al “comando Andalucía” el asesinato de Jiménez Becerril y su esposa, y a indemnizar con medio millón de euros a los hijos de la pareja. ‘Kantauri’ permanece en la actualidad en la prisión murciana de Campos del Río y el pasado verano el mundo de ETA exigió que fuera trasladado a una cárcel del País Vasco ya que sufre una cardiopatía isquémica severa.

El pasado mes de junio, la hermana del concejal y eurodiputada del Partido Popular, Teresa Jiménez Becerril, dijo estar “indignada” por la posibilidad de que ‘Kantauri’ pudiera ser trasladado al País Vasco, algo que “repugna” a la mayoría de los españoles, después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara que el acercamiento de presos de ETA a esta comunidad empezaría por aquellos que están enfermos (condición que cumple ‘Kantauri’) y los mayores de 70 años.

FUNDACIÓN Y HOMENAJES

El mismo año de su asesinato el propio Ayuntamiento de Sevilla crea la Fundación contra el Terrorismo y la Violencia Alberto Jiménez-Becerril como compromiso por parte de los sevillanos al permanente homenaje a la pareja asesinada por ETA. Entre sus objetivos está promover el comportamiento pacífico, el estudio del origen de los comportamientos violentos y promover una sociedad plural basada en el respeto.

Placa que recuerda a la pareja Jiménez-Becerril en la calle Don Remondo de Sevilla

El Ayuntamiento de Sevilla aprobó por unanimidad dar a dos calles de la ciudad los nombres del concejal y la procuradora asesinados y en 2007 encargó al escultor Miguel García Delgado realizar una escultura de la pareja que hoy puede verse en la primera planta del edificio. Además, en el cruce donde tuvo lugar el atentado, una placa recuerda a la pareja, “ejemplares servidores y buenos vecinos” y pide “que la paz y la no violencia vivan en nuestro pueblo”.

En enero de 2018, cuando se cumplieron 20 años del atentado que acabó con la vida de Alberto y ‘Ascen’, el ministerio del Interior publicó un vídeo en su memoria en que el que se puede escuchar la voz de la hermana del concejal, Teresa Jiménez Becerril: “Quisieron matar sus ideas y resucitaron nuestros valores. Quisieron poner de rodillas a dos inocentes y solo consiguieron levantarnos a todos”.



All copyrights for this article are reserved to Portada

Quantcast