8 de marzo de 2019. ¿Otra vez huelga? Sí. Este viernes las mujeres no trabajan. Ni en casa ni fuera de casa. Tampoco cuidan a los hijos. Ni a los abuelos. Ni compran. Ni estudian. ¿Por qué? Porque hay mil motivos para la lucha. ¿Hasta cuándo? Hasta que el feminismo sea una realidad y se haya liquidado al machismo. Para despistados y despistadas, la RAE define el feminismo como “la igualdad de derechos entre hombres y mujeres” mientras que el machismo es “la prevalencia del varón”. 

La bicicletada feminista de Teruel. El carnaval feminista de Madrid. El coro feminista de Huesca. El mercadillo feminista de Alicante. El vermut feminista de Logroño. Los delantales feministas de Mérida… No hay ciudad en España  –ni pueblo ni barrio- que no haya calentado motores esta semana de cara al 8 de marzo, día de la Mujer. Tras la agitación previa ha llegado el momento clave.

Por segunda vez en la historia de España, todas las mujeres –ya sean ganaderas, monjas, ejecutivas, cajeras, ingenieras o amas de casa- están convocadas a una huelga de 24 horas. Algunos sindicatos, como CGT y CNT, apoyan el paro total. Sin embargo, las centrales mayoritarias (CCOO y UGT) respaldan el paro de dos horas. La huelga, en todo caso, no es solo laboral sino también estudiantil, de consumo y de cuidados. Y estará seguida por manifestaciones en todas las ciudades. El objetivo es repetir lo que ocurrió el año pasado, que más que una huelga fue una revolución.

Hicieron historia

En 2017, el movimiento feminista de España se sumó a la reivindicación de sus compañeras de Polonia y Argentina y animó a realizar un paro de media hora. La gran acogida de la iniciativa hizo pensar en una huelga de 24 horas. Lo que nunca imaginaron es que el 8 de marzo de 2018 se abriría la caja de Pandora y se convertiría en un día histórico. La convocatoria tuvo un seguimiento masivo (seis millones de personas secundaron el paro). Los colectivos feministas de medio mundo llamaron a sus colegas de España para preguntar ¿cómo lo habéis conseguido?

La Comisión 8 de marzo, asociación independiente que organiza los actos del día de la Mujer desde 1977, prefiere ser cauta. No se atreven a pronosticar un éxito como el de 2018, año del #MeToo. Pero intuyen que sí, que las mujeres se acogerán al derecho constitucional de todo trabajador: la huelga, que conlleva no cobrar el sueldo ni cotizar a la Seguridad Social.

Los hombres, apoyo

Bajo la premisa de que “si paramos nosotras se para el mundo”, a la huelga es feminista y a ella están convocadas todas las mujeres. El papel de los hombres es el de apoyar. “Son nuestros aliados y nos respaldarán para que sea posible que nosotras paremos, ya sea, por ejemplo, cuidando de los hijos ese día o preparándonos bocadillos para comer”, explica Sara Jiménez, vocera de la Comisión 8 de marzo. De hecho, harán falta muchos bocadillos. El consumo está vetado, así que las organizadoras del 8-M proponen almuerzos tipo pícnic en plazas y parques.

El colofón al paro serán las manifestaciones, que inundarán todo el país. En Barcelona empezará en la Gran Via con Rocafort  (18.30 horas) a las 18:30 horas bajo el lema ‘Ens aturem per canviar-ho tot. Cap pas enrere’ (“Paramos para cambiarlo todo. Ningún paso atrás”). La marcha seguirá por passeig de Gràcia hasta llegar a la plaça Catalunya, donde se leerá el manifiesto.

La de Madrid se prevé tan multitudinaria que han adelantado la cabecera a la plaza de Neptuno, en lugar de Atocha, donde comienza a las siete de la tarde. Al grito de “queda mucho por hacer y seguimos luchando”, recorrerá el corazón de la ciudad, incluida la Gran Vía, y terminará en la Plaza de España, también con la lectura de una proclamación reivindicativa.

Sororidad

Desde el 8-M del 2018 han pasado algunas cosas que invitan al entusiasmo. El feminismo ha entrado en la agenda mediática, política y social. La RAE ha abrazado la palabra sororidad: agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo. Y, por ejemplo, actores como Berto Romero exigen que su compañera de reparto en la serie ‘Mira lo qué has hecho’ (Movistar), Eva Ugarte, cobre exactamente lo mismo que él.

Entonces, ¿hace falta volver a salir a la calle para exigir más feminismo? Sí, hay mil motivos. “Sigue habiendo brecha salarial, nos siguen violando, nos siguen matando, sigue sin haber corresponsabilidad en los cuidados de hijos o abuelos y sigue habiendo voces que piden recortar nuestros derechos”, responden las voceras de la Comisión 8 de marzo cuyos argumentos dejan claro que, en pleno siglo XXI, la vida es más fácil si eres hombre.

Cortesano y cortesana

Puede que el lenguaje inclusivo esté de moda y puede que la RAE haya dado cobijo a la palabra sororidad. Pero los académicos siguen considerando que un cortesano es alguien que se comporta con cortesanía y una cortesana, una prostituta elegante y distinguida. Puede que el feminismo haya entrado en la agenda política y que el actual Gobierno tenga más ministras que ministros, pero un autobús recorre España comparando la lucha de las mujeres por la igualdad con el nazismo. Puede que el permiso de paternidad esté ampliado, pero la crianza de los hijos sigue pesando más sobre las madres. De ahí que la brecha salarial se llame, en muchos casos, maternidad. De ahí que la carga mental -estrés que implica la organización del hogar, hijos incluidos- sea un problema femenino. 

Sociedad patriarcal

No se acaba tan fácilmente con una sociedad patriarcal. La filósofa y política Clara Serra, actual portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid que acaba de fichar por Íñigo Errejón para Más Madrid, asegura en su libro ‘Manual Ultravioleta’ que “diez mil años de cultura patriarcal no se deshacen porque España saliera de una dictadura, ni porque las sufragistas consiguieran el derecho al voto, ni porque las mujeres se incorporaran al empleo en el siglo XX. Un problema tan arraigado en lo más profundo de nuestra historia y nuestra sociedad es más resistente de lo que cada época histórica suele pensar cuando se compara con un pasado peor”.

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