Han pasado cuatro décadas desde que, a raíz de las primeras elecciones municipales democráticas que se celebraron en España desde 1934, las del 3 de abril de 1979, una nueva generación cogió el timón de los anquilosados ayuntamientos provenientes del franquismo y los convirtió en herramientas indispensables del salto hacia adelante que necesitaban las ciudades catalanas.

En el área metropolitana, que había recibido en los anteriores 25 años un alud migracional procedente de diversas zonas de España, el trabajo por hacer era ingente. Las transformaciones urbanísticas, en estas cuatro décadas, han cobrado grandes dimensiones, pero las sociales requieren mucho más tiempo y muchas de ellas aún están pendientes.  

Las transformaciones urbanísticas en estos 40 años han sido de grandes dimensiones, pero las sociales aún están pendientes

Ahora, 40 años después, las necesidades siguen siendo acuciantes. Y las capacidades de los municipios, que son mucho mayores, siguen resultando insuficientes para atender a todas las problemáticas que surgen en ellos, algo propio de sociedades complejas y posindustriales.

El marco competencial sigue sin atender a los problemas que los entes municipales tratan de resolver y tampoco ha mejorado el esquema de financiación: los ayuntamientos siguen siendo las administración débil. Sin embargo, al estar en la primera línea de la trinchera, los alcaldes adoptan la máxima de intentar actuar en todos los frentes, a veces de forma ineficaz.

En este sentido, con un Área Metropolitana de Barcelona (AMB) que va reconstruyéndose poco a poco, se impone la necesidad de mancomunar cada vez más las legislaciones –uno de los ejemplos más paradigmáticos es el del patinete eléctrico- y trabajar de forma mucho más estrecha, tal y como reivindican la práctica totalidad de los alcaldes entrevistados en el ciclo ‘Los alcaldes hacen balance’ de EL PERIÓDICO.

Incluso hay –la alcaldesa de L’Hospitalet, Núria Marín, por ejemplo- quien se atreve a dibujar una AMB con plenos poderes y con un alcalde metropolitano para que la aplicación de las políticas sea más efectiva y a su vez deba rendir cuentas a los habitantes de la Gran Barcelona.          

L’Hospitalet: guarderías a base de hoteles

“Puedo entender que determinados barrios de Barcelona estén saturados turísticamente hablando, pero en L’Hospitalet esto no pasa. Y para nosotros es importante que haya hoteles porque esto permite la redistribución de impuestos en forma de proyectos sociales”.

Así de taxativa se manifiesta la alcaldesa de L’Hospitalet, Núria Marín (PSC), cuando se le plantea cómo seguir generando equipamientos educativos y sociales en un momento en que las arcas de la Generalitat son incapaces de satisfacer la demanda aún existente. “No me plantearía hacer tres nuevas guarderías, de las cuales ya hemos encargado los proyectos ejecutivos, si no tuviera nuevos hoteles”. El pasado mes de octubre se anunció la construcción de nueve hoteles más en la segunda ciudad catalana, fruto de la moratoria de estas construcciones que Ada Colau declaró en Barcelona. 

En otros casos, la fórmula para resolver problemas es la coordinación con el AMB, como es el caso de los 65 bloques de Bellvitge donde el ascensor se para no en el rellano de cada piso, sino siete escalones por encima o por abajo, dificultando su accesibilidad. Para resolver esta situación, el Consorcio Metropolitano de la Vivienda costeará directamente el 30% del total de la operación; el Banco Europeo de Inversiones generará créditos a interés cero para las familias; y el Ayuntamiento subvencionará a las familias sin recursos, aunque recuperaría la cantidad aportada en caso de venta del piso. 

Badalona: gestionar la convivencia

Aunque Badalona no tiene una tasa de inmigración -ciudadanos de origen extranjero- desproporcionadamente alta (16,1%, según el Idescat) en comparación con la comarca del Barcelonès en su conjunto (23,9%), sí es evidente que la gestión de la convivencia ha determinado y polarizado el debate político de la cuarta ciudad catalana, especialmente durante el mandato de Xavier García Albiol (PP).

El actual alcalde, Álex Pastor (PSC), que accedió al cargo a través de una moción de censura apoyada por el propio Albiol en junio del 2018, abandera la conjugación de castigar al delincuente –o al incívico, categorías que van cada vez más de la mano- sin necesidad de estigmatizar a ningún colectivo -en alusión al ‘Limpiando Badalona’ del popular-.

A quien hay que sancionar es al delincuente, no al diferente”, advierte el primer edil, que, apuntalando su política de seguridad, ha aumentado la plantilla de la Guardia Urbana en 27 agentes y plantea instalar cámaras de videovigilancia en la vía pública y los uniformes de los agentes.

En otros términos, Pastor plantea la necesidad de que Badalona aproveche mejor las sinergias con las ciudades del entorno, especialmente con Barcelona, a través de plataformas como el Consorci del Besòs. “El Barcelonès Nord no tiene que ser el norte pobre; se merece recuperar un déficit histórico de inversión”, señala el edil.

Santa Coloma: atajar la sensación de inseguridad

Evitar que la ciudadanía se sienta insegura es una de las principales preocupaciones en Santa Coloma de Gramenet últimamente; muestra de ello es el reciente servicio de serenos. Preocupación que cobra importancia, especialmente, ante el reto de la injerencia amplificadora de las redes sociales, según apunta la alcaldesa Núria Parlon. “En las ciudades del antiguo extrarradio, lo negativo tiene mucho impacto”.

Otro de los retos de la ciudad del Barcelonès es la vivienda, cuya política integral es “la asignatura pendiente del mandato”, reconoce Parlon, que a su vez reclama a las administraciones supramunicipales herramientas legislativas que sustenten el Plan de Vivienda Local.

Cornellà: la lucha contra el incivismo

El barrio cornellatense de Sant Ildefons lleva años contando con la presencia de la Guardia Urbana de 18:00 h a 2:00 h. Es el ejemplo que cita el alcalde Antonio Balmón para referirse a la degradación del espacio público de la ciudad, que, marcando diferencias con la extrema derecha, no achaca a la inmigración sino al incivismo de la ciudadanía en general.

Balmón incide en el concepto de «humanizar» Cornellà para el futuro, esto es, hacer el espacio público más agradable, reducir el protagonismo de los coches y aminorar la contaminación acústica. «Tenemos que gestionar el silencio de la ciudad; queremos convivencia en la calle pero sin molestias, ocupándolas con actividades de innovación y participación colectiva».

Sant Boi: el espacio público como preocupación ciudadana

«Al principio de la crisis, las preocupaciones ciudadanas eran el paro, la inmigración y la seguridad. Ahora, en cambio, giran en torno al espacio público, la limpieza viaria, la movilidad y el aparcamiento». De esta manera comenta la alcadesa de Sant Boi, Lluïsa Moret, las quejas más comunes de la ciudadanía en la actualidad.

Como retos de futuro inmediato, Moret apunta a seguir posicionando a Sant Boi como «ciudad referente en el ámbito de la salud», aprovechando la presencia del referente local de la Fundació Gasol, y resolver los dos grandes temas locales anquilosados históricamente: retomar las obras de la variante de la C-245 y recuperar el espacio del municipio que ocupa el cuartel militar.

Viladecans: energía con denominación de origen

El alcalde de Viladecans, Carles Ruiz, lo tiene claro: si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. O lo que es lo mismo: si las empresas energéticas no invierten en Viladecans, Viladecans -con fondos europeos- crea su propia estructura energética (Vilawatt). En este caso un consorcio, participado tanto por ayuntamiento como por ciudadanos y empresas.

«El cambio energético será equiparable al de Internet: pasaremos de una distribución jerarquizada a generar y distribuir energía localmente dentro de una comunidad. Las primeras ciudades que tengan una cultura de gestionar diferente serán más competitivas. Por eso hemos decidido hacer esta apuesta estratégica, que es única en nuestro país», rubrica Ruiz.

Gavà: proteger a las prostitutas penalizando a los clientes

En este mandato, Gavà ha pasado al primer plano de la actualidad al ser un municipio español pionero en endurecer la normativa local contra la prostitución, poniendo en marcha medidas tales como las multas a domicilio para los clientes o la despenalización de las prostitutas.

Según afirma la alcaldesa de la ciudad del Baix Llobregat, Raquel Sánchez, estas políticas han generado un «cambio de mentalidad» en la ciudadanía desde una perspectiva feminista, etiqueta con la que se declaró el municipio.

Por otra parte, Sánchez destaca la necesidad de atraer nueva actividad económica en los próximos años, además de «hacer realidad» proyectos locales como el del sector Roca o el desarrollo del sector económico dels Joncs.

Esplugues: en busca del alquiler asequible

«El problema en Esplugues es encontrar vivienda de alquiler a precio asequible», admite la alcaldesa Pilar Díaz. De hecho, Esplugues -donde el alquiler ha subido un 38% en 4 años- es uno de los municipios con precios más elevados de la demarcación de Barcelona (3.120 euros por metro cuadrado, frente a los 913,33 de media en Barcelona).

Díaz remarca la tendencia de las administraciones de ir a contracorriente para intervenir en la realidad, y cita los ejemplos de la limitación de los pisos turísticos y la regulación de los patinetes eléctricos (la primera muerte en España por atropello fue en Esplugues). “En movilidad continuamos reclamando la llegada del metro”, apunta la edil.


LOS ALCALDES HACEN BALANCE

«Las redes sociales han amplificado muchísimo la sensación de inseguridad en Santa Coloma»

«Los nuevos hoteles nos permiten financiar las guarderías de L’Hospitalet»

«Las preocupaciones de los ciudadanos de Sant Boi giran en torno al espacio público»

«En Gavà ha habido un cambio de mentalidad a raíz de las acciones contra la prostitución»

«El problema que tenemos en Esplugues es encontrar vivienda de alquiler a precio asequible»

«Nosotros no estigmatizamos: hay que sancionar al delincuente, no al diferente»

«El problema no es la inmigración, sino la degradación del espacio público, que la hacemos todos»

«En Rubí, con la Generalitat no tenemos interlocutor: no es prioritario para ellos»

«Que la gestión del agua esté en poder de la Administración pública es una garantía»

«Viladecans y el resto de municipios metropolitanos necesitamos que Barcelona vuelva a empujar»

«Mataró tiene un problema con el incivismo y hay que reconocerlo»

«La alargada sombra del ‘Mercuri’ afecta a la confianza en los políticos de Sabadell»

«Antes de la crisis teníamos personas sin trabajo, ahora tenemos trabajadores pobres»

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