Nunca hubiese podido esperar la empresa Miniland, firma especializada en el sector del juguete educativo, que Donald Trump se iba a convertir en su mejor aliado para la comercialización de sus artículos en Estados Unidos. Pero lo cierto es que el presidente en funciones norteamericano, con sus mensajes segregacionistas y en contra de los valores de la integración, el respeto y la tolerancia, ha logrado que las ventas de los muñecos afro fabricados por la compañía ubicada en el municipio alicantino de Onil se hayan incrementado de manera exponencial.

El mérito, en cualquier caso, también es lógicamente de la empresa, que este año, sin ir más lejos, ha logrado el premio al mejor juguete a nivel nacional con una colección de muñecos de diferentes etnias con síndrome de Down, que se suman a los que tanta aceptación están teniendo en Estados Unidos.

La empresa Miniland se encuentra situada en la comarca alicantina de la Foia de Castalla, también conocida como el Valle del Juguete, toda vez que este enclave concentra cerca del 40% de la producción del sector en España. Con más de 50 años de trayectoria a sus espaldas, la firma se ha especializado en el denominado juguete educativo, ocupando en estos momentos una posición de liderazgo merced a una apuesta clara por los valores. El director general de la compañía, Rafael Rivas, destaca que ya llevan mucho tiempo «trabajando en favor de la diversidad y la inclusión, y fruto de ello es nuestra colección Miniland Dolls, compuesta por muñecos de diferentes etnias, que desde un principio ha tenido una buena aceptación».

El 60% de la producción de la empresa va destinada a la exportación, y Estados Unidos, un mercado siempre complicado, se ha convertido en uno de los principales clientes, gracias en parte a una «colaboración» inesperada. Según subraya Rivas, «nuestros productos promueven cuestiones como la integración, el respeto y la tolerancia, valores estos, precisamente, que han sido objeto de ataques constantes por parte de Donald Trump a lo largo de su mandato». Tenerlo como presidente, añade, «nos ha venido bien para que la gente nos vea como una empresa diferencial, lo que se ha traducido en que nuestras ventas hayan crecido en este país de manera notable, cerca de un 50% en el último año, porque somos la antítesis a lo que ha venido pregonando en sus discursos y en su forma de actuar».

En este contexto, la muerte el pasado mes de mayo de George Floyd a manos de la policía provocó numerosas revueltas y oleadas de protestas contra el racismo, la xenofobia y los abusos policiales, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. «Coincidiendo con este lamentable suceso -destaca Rivas-, registramos un récord de ventas de nuestros muñecos afroamericanos».

Como resultado de todo ello, el país norteamericano se ha convertido en el segundo destino de las exportaciones de Miniland, solo por detrás de Francia, con unas ventas cercanas al millón de euros. Se trata de una cifra más que reseñable, teniendo en cuenta que la facturación de la empresa se sitúa alrededor de los 17 millones. «No nos quedará otra que agradecerle a Trump la campaña que nos ha estado haciendo. No cabe duda de que la filosofía de la empresa ha triunfado en la sociedad norteamericana en un momento de falta de valores», destaca.

La colección Miniland Dolls, además, ha sumado nuevos protagonistas. Concretamente, cuatro muñecos con síndrome de Down, dos caucásicos y dos africanos, niña y niño, que han merecido el reconocimiento como mejor juguete del año por parte de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes. Según Rafael Rivas, «estamos muy satisfechos con este galardón, teniendo en cuenta que nuestra colección fue seleccionada de entre 81 juguetes pertenecientes a 24 marcas con un más que notable prestigio a nivel internacional. Nuestro propósito, dentro de la línea que seguimos dentro de la empresa, es dar visibilidad a los colectivos que más lo necesitan».

No es la única colección en la que Miniland apuesta por la diversidad racial. Los Emotiblocks, unos pequeños personajes concebidos para el descubrimiento e interpretación de las emociones por parte de los más pequeños, también incorporan diversas etnias.

La empresa apuesta en todos sus productos por la vertiente educativa, hasta tal punto que los colegios y los educadores, con los que se encuentran en permanente contacto para responder a las necesidades de los niños, se encuentran entre sus principales clientes. «La filosofía pasa por abordar lo que nosotros denominamos inteligencias múltiples. Es decir, trabajamos valores más emocionales, que a nuestro modo de ver son tan importantes como las matemáticas o el lenguaje, que también son un objetivo de nuestros productos. La acogida que estamos teniendo y los resultados que logra la empresa parece que nos avalan», enfatiza el director general.

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Miniland seguirá insistiendo en esta filosofía, que es la que le ha abierto las puertas de par en par en Estados Unidos. Tras los resultados de las últimas elecciones, va a «perder» a un «embajador» en este país de la entidad de Donald Trump. No importa. La apuesta por la diversidad y la integración le han servido a la firma alicantina para abrirse camino en una sociedad cada vez más concienciada. 

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