Totalán ha quedado hundido. El ambiente esta mañana era de retirada. Camiones, furgonetas, vehículos de emergencias… Un tráfico continuo de vehículos que han ido abandonando poco a poco desde la pasada madrugada ese cerro en el que ha estado enterrado dos semanas Julen. En mitad de la estrecha carretera que lleva a este pequeño pueblo de Málaga y a escasos metros del camino que lleva al punto en el que está el pozo dos bomberos se funden en un abrazo.

“No puedo hablar, lo siento”, dice uno de ellos. Están agotados después de tantos días de trabajo sin descanso. Eso lo curarán con descanso. Lo que parece que les va a costar más de superar es el estado anímico en el que han quedado sumidos esos integrantes de ese vasto equipo de rescate tras el hallazgo del cuerpo de Julen. Estos operativos pasan factura y ahora más de uno va a precisar apoyo psicológico para recuperarse, si no es que ya han recibido ayuda por parte de esos profesionales a lo largo de estas dos largas semanas. Ese es un abrazo que trasmite muchas cosas, pero lo que seguro más duele a esas personas que han trabajado noche y día para sacar a Julen de ese pozo es la impotencia por no haberlo podido hacer antes.




















El rescate de Julen

“Nosotros también hemos quedado destrozados, la esperanza de encontrarle con vida nunca se perdió”





El compañero que abraza a ese bombero incapaz de articular palabra por la emoción pide disculpas por no poder continuar con la conversación: “nosotros también hemos quedado destrozados, la esperanza de encontrarle con vida nunca se perdió”. Ese hilo de esperanza que también han mantenido vivo estas dos semanas los padres de Julen. Y muchos de los vecinos de Totalán, un pueblo que ha vivido en vilo trece días a la espera del desenlace de esta historia.

Ese pequeño núcleo de alrededor de 700 habitantes se despertó con la noticia del fin de estas historia. Aunque muchos vecinos supieron ya del hallazgo del cadáver pasadas las dos de la madrugada cuando se supo la noticia. Esos vecinos no escondían ayer su tristeza. A muchos les cuesta hablar, llevan trece días respondiendo a los periodistas las mismas preguntas y no esconden que empiezan a estar ya cansados de ese acoso mediático. Los que sí aceptan comentar la última noticia lo hacen con un tono de alivio. “Esto tenía que acabar algún día”, afirma un vecino de Totalán. No es el final que ellos hubiesen querido, pero sí la puerta que cierra una situación de angustia que duraba ya demasiado.









Consternación en Totalán

Los vecinos se vuelcan con los padres de Julen





Los padres de Julen se han desplazado al tanatorio del barrio de El Palo, en Málaga, donde la familia tiene su residencia. La pareja está arropada en estos momentos por familiares y amigos en el exterior de estas instalaciones a la espera de la llegada de los restos mortales del pequeño, una vez acabe la autopsia. Juan José Cortes, el padre de Mariluz, continúa junto a los padres en estos momentos tan duros para ellos. Los progenitores del niño han permanecido los últimos días en la casa de un vecino de Totalán, de donde no querían alejarse hasta que su hijo fuera rescatado. Esta madrugada, tras recuperar el cuerpo de Julen, han regresado a su domicilio en Málaga.


















La calle donde tiene la casa los padres de Julen estaba a mediodía de hoy desierta. La mayor parte de habitantes de esa vía peatonal han recorrido los poco mas de cien metros que separa sus vivendas de la funeraria del barrio de El Palo para arropar a los padres del pequeño, que desde media mañana aguardan en las afueras de esas instalaciones la llegada del féretro con el cadáver del niño, una vez finalice la autopsia.



Una espera en silencio, donde los padres no dejan de recibir abrazos y mensajes de apoyo. “La pareja ha recibido la peor de las noticias, pero si el niño llevaba ya muerto varios días su rescate del pozo era lo mejor que podía pasarles. No se puede vivir tantos días con esa angustia”, se escucha en uno de los corrillos formados en el exterior del tanatorio. “Ahora toca descansar”, interviene otro conocido de la familia inmerso en esa conversación. Y eso vale también, añade este hombre, para los miembros de los equipos de rescate, de quienes dice: “Habría que darles una medalla a todos, son unos héroes”.


















A solo unos escasos metros de ese corrillo, Lola y Eduardo hablan también del caso Julen. No hay otro tema de conversación a muchos kilometros a la redonda. Ambos viven en la misma calle Almagro y Cárdenas, en la que tienen su casa los padres de Julen. Hace unos minutos han podido dar el pésame a la pareja cuando se dirigían al tanatorio. “Están destrozados”, afirma Eduardo. Lola recuerda que hace solo unos días Julen jugaba por esa calle con un patinete. “Era un encanto de niño, muy despierto. Tenia mucha vida por delante”, afirma esa vecina. Lola solo pide “y así se lo acabo de decir a los padres, que Dios les dé una nueva vida. Son jóvenes”.


Lola, vecina de Julen en la calle barrio de Palo donde tiene su casa la familia
Lola, vecina de Julen en la calle barrio de Palo donde tiene su casa la familia
(Mercè Gili)



















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