• El pacto arroja luz sobre algunos escollos de la negociación y deja otros abiertos

La negociación entre ERC y JxCat se había envenenado en cuatro puntos sensibles: la dirección estratégica del ‘procés’, la gestión de los fondos europeos, la unidad del independentismo en Madrid y el reparto de las áreas del Govern. Tanto Pere Aragonès como Jordi Sànchez habían admitido en público discrepancias en esas áreas, que finalmente han superado para alumbrar un pacto que dará continuidad al Ejecutivo de coalición.

En el acuerdo final se evidencia que las dos partes han cedido, y también que han dejado para más adelante algunos de los asuntos más escabrosos, con lo cual tendrá que pasar un tiempo para conocer quién gana más con el pacto.

La dirección estratégica del ‘procés’

El liderazgo del ‘procés’ ha sido el principal campo de batalla entre ERC y Junts a lo largo de las negociaciones hasta el punto de que llegó a dinamitar las conversaciones una semana atrás. El aspirante republicano a la Presidència Pere Aragonès desdeñó desde ser tutelado desde Waterloo ante la obcecación de Junts en que la hoja de ruta debía ir a cargo del Consell per la República (CxR), presidido por el ‘expresident’ Carles Puigdemont.

Los intentos de la CUP por sacar de la ecuación de la investidura al CxR fructificaron y Aragonès y el secretario general de Junts, Jordi Sànchez, presentaron este lunes un acuerdo que aboga por acordar un «espacio de coordinación, consenso y dirección estratégica» conformado por los tres partidos independentistas, la ANC y Òmnium Cultural, sin que por ahora esté atado al ente privado belga. Un dibujo calcado al que ERC y la CUP pactaron poco después de los comicios del 14-F.

El aspirante a ‘president’ ha deslizado que el CxR podría “acoger” este órgano de coordinación si hay consenso para que así sea, pero antes deberá ser reformulado para que todo el independentismo se lo sienta suyo y que no lea como un brazo más de Junts. «No es un acuerdo que haga que uno u otro salga derrotado o victorioso», ha espetado Sànchez para negar que Junts haya dado marcha atrás. “Nunca ha pretendido dictar ni al ‘president’ ni al Govern”, ha añadido sobre las tutelas de las que se quejaba Aragonès. 

El papel del CxR está por ver, pero fuentes de la CUP sostienen que debe considerarse como “una pata del independentismo desde el exilio” sin preeminencia sobre el resto, una visión compartida por ERC, pero que choca con la figura “institucional” que pretende dar Junts del ente. Si el consenso permite su reformulación, republicanos y anticapitalistas podrían ocupar un puesto en la dirección, aunque este extremo, por ahora, está lejos de cumplirse. Mientras, Puigdemont guarda silencioJÚLIA REGUÉ

La recuperación económica tras el impacto del covid-19 es una de las prioridades del futuro Govern y, con ello, la responsabilidad de gestionar de los fondos europeos Next Generation. El control de esta inyección procedente de la Unión Europea, previo peaje por Moncloa, estará a cargo de una comisión interdepartamental que dependerá de la Conselleria d’Economia, en manos de Junts y previsiblemente bajo la batuta de Elsa Artadi

Para garantizar una gestión conjunta entre republicanos y posconvergentes, el aspirante a la Presidència Pere Aragonès ha anunciado este lunes que este comité estará compuesto por los miembros del Consell Executiu y por algunos altos cargos de la Generalitat -a modo de Procicat- para tener una “visión global y transversal”.

Los fondos Next Generation han sido objeto de tensión entre los dos partidos durante las arduas negociaciones para formar Govern tras las elecciones del 14-F. La idea inicial de Esquerra era que fuera un comisionado adscrito a la Conselleria de Presidència quien los administrara e incluso eligió al economista y actual concejal del partido en el Ayuntamiento de Barcelona, Miquel Puig, para encargarle este cometido. Junts, en cambio, quería que se atara a Economia, a sabiendas de que tras la distribución del anterior Govern les podría corresponder ahora, con los papeles invertidos, tomar las riendas de este Departament, así como de la Dirección General de Promoción Económica, que acogió hasta ahora el plan sobre estos fondos. 

Y así ha sido. El intercambio de carteras para dividirse los puestos en el Consell Executiu ha terminado dejado a cargo de Junts la que hasta ahora era la Conselleria insignia de ERC. Eso sí, para evitar sacar rédito en solitario de la gestión de los fondos europeos, Esquerra y Junts han acordado una gestión ‘compartida’. La CUP, el socio externo de los independentistas, ya ha advertido de que librarán batalla para que estos ingresos lleguen a la ciudadanía y no sólo a manos de grandes empresas. JÚLIA REGUÉ

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Uno de los principales escollos para alcanzar un pacto estaba en la coordinación de los diputados de los dos grandes partidos independentistas en Madrid. Tanto ERC como JxCat aceptaban que la labor de esos 17 parlamentarios tuvieran algún tipo de hilo conductor, pero las diferencias estaban en el grado de esa colaboración y, sobre todo, en quién dirigía las operaciones. JxCat ha defendido que el Consell per la República debe tener un papel predominante en la estrategia global del ‘procés’, lo que incluía el trabajo en el Congreso. ERC no quería que el poder de decisión del futuro presidente de la Generalitat se supeditase a ningún otro.

Durante la comparecencia de este lunes en la que Pere Aragonès y Jordi Sànchez anunciaron su acuerdo también dejaron en el aire el alcande final de esa colaboración en Madrid. Aragonès dijo que se deberá llegar a acuerdos «por consenso», o, de lo contrario, cada partido tomará sus propias decisiones. En este caso, el peso de cada formación en el Congreso es muy diferente: ERC cuenta con 13 diputados, mientras que JxCat, tras la separación del PDECat, solo tiene cuatro.

En cuanto a la mesa de diálogo con el Gobierno, una de las principales apuestas estratégicas de Esquerra -que ha sido acogida desde el principio con indisimulado recelo por JxCat-, Sànchez afirmó que su partido «asume» esa apuesta. En el pacto que suscribió ERC con la CUP se acordó dejar trabajar a ese órgano durante dos años, y pasado ese tiempo valorar los frutos que había dado y, en caso de que no fueran los deseados, estudiar las alternativas. En correspondencia, Aragonès habló de «confrontación», que es la palabra clave de la estrategia que Carles Puigdemont quiere llevar a cabo con respecto a la relación con el Ejecutivo del PSOE y Podemos. «Defendemos la necesidad de una confrontación cívica y pacífica para que el Estado acepte esta mayoría independentista del 52%», dijo el futuro ‘president’. DANIEL. G. SASTRE

Los departamentos estrella cambian de manos

El 7 de mayo, Jordi Sànchez anunció, ante la sorpresa de ERC, que el acuerdo para investir a Pere Aragonès estaba «a punto de cerrarse». En estos 10 días ha pasado de todo: los republicanos rompían las negociaciones y priorizaban el Govern en solitario, Junts rectificaba su oferta inicial de ceder sus votos en la investidura y, finalmente, todo se reconstruía el fin de semana pasado para alcanzar un pacto que evita las elecciones. Pero Sànchez proponía ese día una fórmula para la nueva estructura de Govern que difiere poco de la que finalmente se ha alumbrado: la de simplemente darle la vuelta al acuerdo de 2018 para que cada partido ejerza ahora las funciones que en ese pacto asumía el otro.

Las ‘conselleries’ insignia de la última legislatura cambian de manos. ERC pierde Salut, que hasta ahora dirige Alba Vergés, justo cuando la vacunación ha alcanzado velocidad de crucero y se relajan las restricciones por la pandemia. Durante la campaña, la candidata de Junts anunció que el doctor Josep Maria Argimon, actual secretario general de Salut, sería el nuevo ‘conseller’. 

A cambio, los republicanos gestionarán por primera vez Interior. Se trata de un Departamento envenenado desde hace muchos años, principalmente por la controversia que suscita la actuación policial en las tareas de orden público durante las manifestaciones o en los desahucios.

En el intercambio, Junts asume otros importantes departamentos que ahora tenían un ‘conseller’ de ERC, como Economia i Hisenda -que seguirá adscrito a Vicepresidència, y que era el área que hasta ahora dirigía Aragonès-, Drets Socials, Justícia y Acció Exterior. Estas dos últimas ‘conselleries’ son importantes en el desarrollo del ‘procés’ por su influencia tanto en la política penitenciaria como en el trato con los ‘exiliados’. Los posconvergentes conservan Polítiques Digitals y Territori, que se fusiona con la primera bajo el nombre de Infraestructures. 

Además de Interior, ERC se queda con Empresa, Cultura y Agricultura, ahora en manos de Junts. Los republicanos mantienen Educació y suman la nueva Conselleria de Feminismes i Igualtat. DANIEL G. SASTRE

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