Se parecen en la indumentaria y en las intenciones a la revolución que nació hace dos años en Francia y que acaba de volver a las manifestaciones para luchar contra las  medidas gubernamentales que impiden al ciudadano medio llevar una vida digna: subida del combustible, caída del poder adquisitivo o precarización de los servicios públicos… Pero los “chalecos amarillos” de Gondomar, en Galicia, no se echan a la calle, sino al monte. También son una respuesta cívica a la desidia de los gobiernos, desde el municipal al autonómico, pero en lo que se refiere a la lacra de los incendios forestales. Medio centenar de vecinos se han unido a una iniciativa surgida en las redes sociales hace apenas una semana y cada día son una veintena los que salen a patrullar por las pistas forestales de todo el municipio para prevenir el fuego.

«Llenemos el monte de chalecos amarillos». Es el grito de guerra lanzado en Facebook al que se habían sumado ayer un total de 53 personas. La idea es de Antonio Araúxo, que había impulsado un grupo municipal de voluntarios durante su etapa como concejal de Medio Ambiente en el anterior  mandato. Tras la grave oleada de incendios que arrasó en octubre de 2017 más de 1.000 hectáreas en Gondomar, su departamento municipal había organizado las patrullas vecinales para disuadir a los incendiarios. Su formación política, Manifesto Miñor, ahora en la oposición, lleva meses solicitando al alcalde que las recupere.

El riesgo este año es tremendo. Septiembre y octubre siempre han sido los momentos críticos de incendios en el Val Miñor, pero la tierra está muy seca porque hemos vivido un verano calurosísimo. Lo poco que ha llovido no ha servido de nada

La demanda no ha obtenido respuesta por parte del gobierno municipal y Araúxo se negaba a quedarse “con los brazos cruzados” . Así que decidió plantear la idea de manera abierta en las redes. Y la acgida lo ha sorprendido. Decenas de vecinos han rescatado las prendas reflectantes del voluntariado municipal para darles una segunda vida por las pistas forestales.

Antonio Araúxo y los «chalecos amarillos» de Gondomar, antes de una partida / JOSÉ LORES

Como los “chalecos amarillos” franceses, los gondomareños no tienen líderes ni organización. Salen al monte para caminar y hacerse ver con sus llamativos uniformes. “El amarillo ‘fosforito’ se ve a cientos de metros y eso es lo que pretendemos, que los incendiarios sepan que estamos ahí y se vayan”, apunta Araúxo, que lleva una especie de “central de coordinación”  y anota a aquellos que por seguridad prefieren comunicar a dónde van. La única recomendación es “salir un mínimo de dos personas”.

Unos hacen “turnos” de mañana, otros de tarde, “cuando a cada uno le venga mejor salir a caminar”. Tampoco hay un perfil de voluntario. “Tenemos jubilados, gente joven… Cada vez hay más concienciación”, señala.

Fotografían vehículos extraños “por si sirve de prueba” en caso de incendio

Al trabajo de hacer acto de presencia se une el de  “fotografiar cualquier vehículo o persona desconocida que se encuentra en el monte o llamar a la Policía o a la Guardia Civil si se aprecia algún movimiento extraño”. “No somos la Gestapo ni tenemos autoridad, pero si un lugar arde después de pasar por allí a lo mejor podemos aportar alguna prueba”.

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