Los equipos de aire de los Bombers de la Generalitat presentan una grave anomalía: el manómetro –el instrumento que informa al bombero de cuánto aire dispone durante un servicio– se congela por causas desconocidas. El problema no interrumpe el suministro de oxígeno pero sí engaña al bombero, que obedeciendo a un manómetro congelado cree que aún dispone de reserva y puede quedarse sin aire repentinamente. Según las fuentes consultadas por EL PERIÓDICO, se ha observado este error en el funcionamiento de los dos modelos de Equipos de Respiración Autónoma (ERA) que usan los bomberos: MSA y Dräger. Se desconoce por qué fallan.

La cúpula ordenó la retirada de 170 unidades nuevas de la marca MSA a principios de diciembre, pero poco después supo que la problemática podía afectar a todos los equipos. En una intervención telefónica de los Mossos d’Esquadra, dos mandos del cuerpo de emergencias muestran su temor a que este problema pueda provocar accidentes o incluso muertes. Manifiestan que la muerte del bombero Joan Liébana, en junio del 2021, también podría guardar relación con estos incidentes. Sin embargo, para no detener el funcionamiento del cuerpo, no trasladaron este temor a los 5.000 bomberos profesionales y voluntarios. Y han negado a los sindicatos que este fallo pueda tener vínculo alguno con la muerte de Liébana.

La cronología de los fallos en los equipos

La subdirección general técnica de los Bombers elaboró recientemente un informe interno en el que anota todos los incidentes detectados con equipos de respiración. El primero que contabiliza sucede el 13 de agosto de 2021. Pero existe un incidente anterior, ocurrido el 19 de julio, del que informó un bombero del parque de Vilanova i la Geltrú, que no está recogido en ese documento.

Tras estos dos primeros incidentes, se acumulan los nuevos episodios de manómetros congelados que dejan ‘a ciegas’ a bomberos que trabajan en incendios o, en la mayoría de los casos, en prácticas efectuadas en el recinto de Can Padró (Barcelona) o en la Zona Franca (Barcelona). Los responsables ponen la lupa únicamente sobre los nuevos equipos MSA. El 1 de diciembre toman la decisión de retirar los 170 MSA de reciente adquisición.

El 20 de diciembre se bloquean en otra práctica dos equipos Dräger, uno de manómetro digital y otro analógico. En ambos casos, el instrumento se ha congelado indicando una presión constante a pesar de que las botellas seguían vaciándose. Joan Liébana, el bombero que falleció el 17 de junio en un incendio de Vilanova i la Geltrú, usaba un equipo Dräger analógico. 

El pinchazo telefónico

La noticia de que también se congelan equipos como el que usó Liébana atormenta al jefe del Servei Técnic, Màxim del Valle, y su superior, el subdirector general técnico, Antonio Ramos. Ambos temen que el bombero Liébana de Vilanova i la Geltrú, el mismo parque en el que se produjo un mes después el incidente con otro equipo que no trascendió, pueda haber muerto a causa de los bloqueos de manómetro. Este temor queda registrado en conversaciones telefónicas que la Unitat Anticorrupció de los Mossos d’Esquadra capta el 22 de diciembre. Ramos y del Valle son dos de los investigados en el ‘Caso Bombers’ por supuesta contratación fraudulenta de la empresa Iturri en el mantenimiento de los camiones del cuerpo de emergencias. 

Según un informe que los Mossos han elaborado a partir de las grabaciones y que ya se ha entregado al juzgado que instruye la causa contra Iturri, del Valle le dice a Ramos que no sabe «si están haciendo bien o no» al no compartir «más arriba» la problemática que tienen y le pide que imagine que esa tarde hay «un accidente».

Ramos responde que «David» –el jefe de los Bombers se llama David Borrell– está al corriente y que las cosas «se están haciendo como tocan», que detener el uso de todos los equipos de respiración es «una barbaridad» cuando el problema está localizado en algunas zonas concretas –en alusión a que no todas las regiones han reportado incidentes–. Ramos razona que si escogen la postura «más conservadora» entonces no pasará nada pero recuerda que ello implicaría «detener el servicio» de bomberos, porque no hay alternativa. Del Valle lo comprende, pero subraya que no duerme pendiente de si llega «alguna noticia de que ha muerto un bombero por este motivo», un temor que le «obsesiona» y que, sin ir más lejos, su hermano –bombero en Girona– esa noche está «de guardia».

Del Valle también comenta que no se saca de la cabeza el caso de Joan Liébana porque «existe una posibilidad» de que falleciera por «este problema». Ramos responde que no lo cree. Una periodista de TV3, según el citado informe de los Mossos, contacta por esas fechas con del Valle para preguntar si la retirada de los equipos de aire –las 170 unidades nuevas del modelo MSA– puede tener relación con la muerte de Liébana. Del Valle responde que no guarda ninguna relación.

La comunicación con los sindicatos

Contactado por este diario, el sindicato UGT Bombers afirma que hasta el 31 de enero de 2022, cuarenta días después de la constatación de que puede fallar cualquiera de los equipos de aire que los bomberos usan diariamente, nadie les comunica que la problemática es generalizada. Es también a partir de ese encuentro con los sindicatos cuando la Direcció General de Prevenció i Extinció d’Incendis i Salvaments (DGPEIS) traslada instrucciones a los casi 5.000 miembros del cuerpo –entre profesionales y voluntarios– sobre cómo minimizar el riesgo de sufrir un accidente. Se elabora para ello un vídeo colgado en Youtube. 

La principal hipótesis que maneja la cúpula para explicar por qué se congelan los manómetros de los ERA, tanto los analógicos como los digitales, es que algunos compresores –las máquinas que rellenan de aire las botellas– están introduciendo humedad y que esta, debido al frío que produce la liberación de oxígeno comprimido, se solidifica. Es una hipótesis que el análisis de la mayoría de botellas de los equipos de MSA retirados no confirma: la mayoría presentan niveles de humedad por debajo de lo aconsejado. Actualmente, ni la DGPEIS ni las empresas que venden estos ERA saben qué ocurre.

El sindicato UGT asegura que solicitó que se investigara internamente si el equipo de Joan Liébana también pudo haber fallado. Los responsables de la comisión creada para aclarar por qué murió denegaron esta solicitud. 

Del Valle, destituido

Contactado por EL PERIÓDICO, un portavoz de la Conselleria d’Interior ha explicado que el director general de la DGPEIS, Joan Delort, ha comunicado esta semana a Màxim del Valle que deja de ser jefe del Servei Tècnic de los Bombers. Fuentes del departamento afirman que su destitución guarda relación con la demora en reaccionar ante el problema de los respiradores que, además, coincide con su condición de investigado por la contratación irregular de camiones de la empresa Iturri. Las mismas fuentes señalan que se trabaja intensamente en la resolución del problema y que ya se ha comprado una máquina que permitirá revisar los compresores. Y añaden que si estos compresores funcionan bien se pasará a revisar todos los equipos por tandas. En ningún caso, especifican, se va a suspender el servicio que prestan los bomberos.

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Dos bomberos investigados por homicidio por imprudencia

Liébana falleció el 17 de junio en el incendio de Vilanova i la Geltrú en circunstancias no aclaradas. Para sofocar las llamas que ardían en el interior de un taller del municipio, cinco bomberos, entre los que estaba Liébana, entraron en el local. Pero solo salieron cuatro. Y ninguno de los que salieron –algunos requirieron atención médica– reparó en que Liébana se quedó dentro del taller. Ni su compañero con el que formaba un binomio ni tampoco el cabo que comandó esa entrada. Liébana fue hallado una hora después mientras se efectuaban tareas de ventilación y el fuego ya había sido apagado. Un juzgado de Vilanova i la Geltrú instruye estos hechos por un posible homicidio por imprudencia y mantiene como investigados a dos de los bomberos participantes en esa intervención. 

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