La startup Viviendea permite a los compradores de vivienda diseñar a medida su piso con más de 2.800 variables. La plataforma funciona como los configuradores de los fabricantes de automóvil y facilita escoger hasta el último detalle de la casa. El sistema elimina la incertidumbre que tienen los promotores al lanzar un proyecto porque saben desde el inicio cuánto dinero están dispuestos a gastarse sus clientes y qué es exactamente lo que quieren.

El objetivo es conseguir el 100% de las ventas antes del inicio de las obras. El primer proyecto completamente a medida de Viviendea se entrega en 9 meses. Es un edificio de 24 viviendas en el barrio de Benimaclet de València en el que los compradores han podido elegir los metros que le dedican a la cocina o al salón.

Cada inmueble tiene un precio, ya que el valor se ajusta según los extras incluidos. La compañía ya tiene en marcha otros doce proyectos y está en plena expansión nacional tras validar con éxito su modelo de negocio.

Romper con modelos antiguos

El fundador de la empresa, el arquitecto y aparejador Sergio López, tuvo la idea en 2015, aunque ha necesitado cinco años para madurarla por las reticencias del sector promotor. La startup estuvo en Lanzadera (la aceleradora del presidente de Mercadona, Juan Roig) en 2018 y 2019, y se constituyó en julio de 2020 como mercantil para empezar a operar. La empresa tecnológica tiene actualmente diez trabajadores (la mayoría desarrolladores informáticos) y el año pasado facturó 100.000 euros.

Sergio López explica que ya han llegado a acuerdos con 90 empresas del sector (promotoras, constructoras, despachos de arquitectos, inmobiliarias y azulejeras como Pamesa y Cifre Cerámica) y este año tienen como objetivo facturar 1,4 millones de euros con el desarrollo de más de mil viviendas.

«Nos ha costado validar el modelo de negocio porque el sector promotor es muy conservador y reacio a los cambios, pero la pandemia ha acelerado la digitalización cuatro o cinco años», asegura. La empresa cobra a los promotores desde 990 euros por cada vivienda vendida. Los usuarios no pagan por la utilización de la plataforma. Los clientes eligen la localidad y el barrio donde quieren vivir y a partir de ese momento deciden cómo es la casa que buscan. El sistema da la posibilidad de optar por pisos construidos en régimen de cooperativa o impulsados por una promotora tradicional.

«Viviendea ofrece 2.800 interacciones. Es igual que configurar un coche antes de comprarlo. Al promotor no le encarece la construcción y se garantiza la venta. Es un cambio de modelo. Hasta ahora, las promociones residenciales se lanzan con dos calidades o dos colores. Nosotros ofrecemos la posibilidad de que cada cliente decida las superficies que se adaptan a sus necesidades», apunta.

En la primera promoción que ya está en su fase final de construcción una persona discapacitada que utiliza silla de ruedas ha podido diseñar la vivienda a su medida. «Si se configura en la primera fase del proyecto todo es mucho más sencillo», destaca López. El fundador de Viviendea incide en que el modelo que han desarrollado permite validar si existe demanda en una determinada zona y si es sólida.

«Evita riesgos a los promotores porque pueden predecir de antemano la viabilidad del proyecto. Algunos promotores dicen que hay que colocar la grúa para vender. Eso es un error, primero tienen que comprobar cómo es la demanda», subraya López.

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Las simulaciones en el buscador de Viviendea revelan que los compradores buscan inmuebles de entre tres y cuatro dormitorios, un 80% quiere terraza (una tendencia que ya se daba antes del confinamiento) y la mitad apuesta por cocina abierta al comedor y la otra mitad por cerrada.

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«Nuestro sistema indica en una determinada promoción cuáles son las preferencias. No es cuestión de hacer quince pisos con cocina abierta y quince con cocina cerrada. La clave es saber de antemano en una promoción concreta cuáles son las preferencias», añade el director de la firma.

En Madrid las zonas más buscadas por los usuarios de la plataforma son Nuevo Norte, Salamanca y Chamberí; en Barcelona los clientes quieren vivir en San Martí, L’Eixample, Gracia y Sarrià; y en Valencia la demanda se concentra en Mestalla, Benimaclet, Russafa y Campanar.

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