A pesar de las advertencias de Estados Unidos, pocos eran los que creyeron posible que el presidente ruso, Vladímir Putin, lanzara la invasión total de Ucrania. La operación militar ha generado una unánime repulsa internacional y reacciones de represalia en todo el mundo, principalmente en Europa y Estados Unidos, y no se ha limitado al mundo político y económico, sino también en otros campos, como el del deporte. Bruselas ha dado el paso de prohibir las emisiones en territorio comunitario de dos medios de comunicación oficialistas rusos, mientras Moscú, ante la batería de sanciones económicas y la decisión de la UE de enviar armas a la resistencia ucraniana, ha evocado en más de una ocasión el fantasma de la guerra nuclear. Decisiones que marcan un nuevo punto de partida inimaginables hace tan solo diez días. Las líneas rojas que la invasión ha borrado.

La invasión rusa de Ucrania ha dejado sin efecto algunas de las líneas centrales de la política exterior y de defensa de Alemania. El canciller socialdemócrata, Olaf Scholz, presentó un plan de rearme de las Fuerzas Armadas tras calificar el ataque ruso de «infame violación del Derecho Internacional» y de posicionarse a favor de «poner límites a los belicistas como Putin».

El plan del Gobierno de Berlín, una coalición de socialdemócratas, liberales y los verdes, contempla crear un fondo de 100.000 millones de euros para inversiones en el sector militar, que será incluido en la Constitución. Alemania destinará en defensa más de un 2% de su PIB, una meta de la OTAN a la que el país se acercaba muy lentamente y que desde hace años venía siendo fuente de controversia principalmente con Estados Unidos, informa desde Berlín Andrés Goldszmidt. Alemania no vaciló a la hora de sumarse a las sanciones de la Unión Europea, ni tampoco lo hizo cuando decidió suspender el proceso de certificación del gasoducto Nord Stream 2, que debe conectar Rusia con Alemania bajo las aguas del Báltico. 

Suiza abandona la neutralidad

País neutral por excelencia, sede de organismos internacionales y refugio financiero de grandes fortunas, el país helvético se ha sumado a la condena de la invasión rusa y al paquete de sanciones impuestas por Occidente a Rusia. Suiza ha sido neutral en todo tipo de guerras desde 1815. El presidente de Suiza, Ignazio Cassis, tras calificar de «inaceptable desde el punto de vista del derecho internacional, de la política y de la moral» la operación militar del Kremlin en Ucrania, dijo que su Gobierno había decidido adoptar las sanciones tomadas por Bruselas contra rusos que participen en la guerra y congelar sus cuentas bancarias.

Entre esas personas se encuentran el presidente, Vladímir Putin, el primer ministro, Mijaíl Michoustine, y el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y otros miembros del Gobierno de Moscú. La medida afecta a eventuales bienes y cuentas bancarias que puedan tener los sancionados en Suiza.

La UE censura prensa rusa

En una decisión que ha generado polémica, la UE decidió prohibir las emisiones de los medios rusos ‘Russia Today’ y ‘Sputnik’ en territorio comunitario, una medida destinada a frenar «la maquinaria mediática del Kremlin» que «difunde mentiras para justificar la guerra de Putin y para sembrar la división en nuestra Unión», según dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyer.

‘Russia Today’, conocida como ‘RT’ es propiedad del Kemlin y fue fundada en abril de 2005. Ha sido muy criticada por la manera como está cubriendo la invasión. «RT es un elemento crítico en el ecosistema de desinformación y propaganda de Rusia», denuncia Estados Unidos. ‘Sputnik’, por su lado, abierta en 2014, es la agencia de noticias que también pertenece al Kremlin. Ambos medios califican la invasión como «acción militar especial», el término empleado por Putin.

La prohibición ha generado un gran debate en el seno de la UE al considerar los críticos que esta decisión puede socavar uno de sus principios sagrados: la libertad de prensa. También preocupa las represalias que puede tener la prohibición para la prensa europea en Rusia».

El fantasma de la guerra nuclear

Ha sido el presidente ruso el que se ha referido por primera vez a las armas nucleares tras invadir Ucrania. Ante el freno de la ofensiva por la fuerte resistencia de los ucranianos, el paquete de sanciones Occidentales y la decisión de la UE de enviar armas a Ucrania, Putin ordenó a sus máximos jefes militares poner en alerta las «fuerzas de disuasión«, eufemismo militar que equivale a las fuerzas nucleares. Nunca antes se había mencionado esta posibilidad desde la crisis de los misiles en Cuba en 1962.

Moscú mantiene activa la advertencia. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, declaró al canal de televisión catarí, Al Yazera, que el presidente de EEUU, Joe Biden, «tiene experiencia y sabe que no hay alternativa a las sanciones, sino la guerra mundial», y que de producirse una tercera guerra mundial, ésta implicaría armas nucleares y sería destructiva. En otra intervención posterior, Lavrov afirmó: «Si algunos elaboran un plan de guerra real contra nosotros, y pienso que lo elaboran, deben reflexionar bien. No dejaremos que nadie nos desestabilice», dijo

Boicot del deporte mundial

La condena del mundo del deporte ha sido prácticamente unánime. Una de las primeras decisiones de la UEFA fue cambiar la sede de la final de la Champions, prevista en un principio para del 28 de mayo en San Petersburgo, la ciudad natal de Putin. El partido se jugará finalmente en el Stade de France en París. La FIFA, por su lado, ya ha descalificado a la selección rusa para jugar el mundial de Catar. Entre otras medidas simbólicas en el mundo del balompié destaca la del club alemán se segunda división Schalke, que ha retirado de sus camiseta el nombre de su principal patrocinador, la empresa rusa Gazprom.

También ha habido reacción en el mundo del baloncesto, con la suspensión de partidos de la Euroliga en los que participaban equipos rusos, así como en la Fórmula 1, cuyos organizadores han decidido suspender el GP de Rusia, previsto para septiembre. El equipo de tenis ruso de también ha sido expulsado de la Copa Davis.

El Comité Olímpico Internacional (COI), por su lado, ha decidido excluir a Rusia de los Juegos Paralímpicos de Invierno de Pekín, previstos del 4 al 13 de marzo. El COI, tras acusar a Moscú de haber violado la tregua olímpica al invadir Ucrania, anunció su voluntad de ofrecer una asistencia humanitaria a los deportistas ucranianos.

Desbandada de las grandes empresas

La crisis ha provocado la desconexión de grandes empresas europeas con lazos con Rusia, como las petroleras BP, Shell o Total. También se ha desligado Iberdrola y la gigante francesa TotalEnergies. En la industria del automóvil, la crisis afecta también a Volswagen, Volvo, General Motors, Land Rover, Porche o Jaguar, que han dejado de enviar vehículos a Rusia. Unas de las principales navieras del mundo, Maersk, ha anunciado la suspensión temporal de todo el transporte de contenedores hacia y desde Rusia. También ha paralizado las ventas en Rusia Apple, así como Google y Microsoft.

En el sector de las grandes marcas de ropa, destacan Nike y la multinacional catalana Mango que ha anunciado este jueves el cierre de sus tiendas en Rusia ante las dificultades por mantener la actividad en plena guerra. También ha dejado de operar Ikea, la compañía sueca de muebles y decoración que ha decidido interrumpir de manera temporal sus operaciones en Rusia, así como suspender las importaciones y exportaciones de y desde Rusia y Bielorrusia.

Suministro de armas de la UE

El Tratado de la Unión Europea no permite utilizar el presupuesto multianual de la UE para financiar operaciones con implicaciones militares o de defensa. En menos de una semana, sin embargo, la guerra de Rusia contra Ucrania ha logrado tumbar esta línea roja. Aunque para esquivar la prohibición recogida en el tratado, los Veintisiete utilizarán el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz (EPF en sus siglas en inglés), un instrumento intergubernamental creado el año pasado, dotado de un presupuesto global de 5.000 millones de euros para el período 2021-2027 y que ya ha sido utilizado para apoyar a la Unión Africana así como a países como Ucrania, Georgia, Moldavia o Bosnia.

A partir de ahora también se utilizará para financiar la compra de “material letal” para Ucrania. Los Veintisiete destinarán este año 500 millones de euros para apoyar militarmente al país: 450 millones para comprar todo tipo de armamento y munición y 50 millones para suministros no letales, incluido carburante, equipos de protección o dispositivos de comunicación.

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Desconexión del sistema SWIFT

Pese a las resistencias iniciales de algunos socios europeos y al impacto económico que tendrá en Europa, la Unión Europea también ha terminado desconectando a siete bancos rusos de Swift, el sistema de comunicaciones que facilita recibir o enviar pagos internacionales y al que están adscritos 11.000 instituciones financieras de 200 países. La medida perjudicará la capacidad de estas instituciones financieras -Bank Otkritie, Novikombank, Promsvyazbank, Bank Rossiya, Sovcombank, Vnesheconombank (VEB) y VTB Bank- de operar en todo el mundo obligándoles a optar por procedimiento tradicionales y alternativas más lentas -desde correos electrónicos hasta fax- para notificar sus operaciones.

Fuera de la lista, de momento, se han quedado las entidades Sberbank y Gazprombank, el primer y el tercer banco ruso. El motivo, según fuentes comunitarias, es que canalizan la mayoría de los pagos europeos del gas y petróleo procedente de Rusia, que, pese a la guerra lanzadas contra su vecina Ucrania, sigue siendo uno de los principales suministradores energéticos de la UE.

Fronteras abiertas a los refugiados

Esta guerra ha logrado lo que no logró ninguna crisis migratoria anterior, tampoco el conflicto de Siria en 2015 cuando millones de personas huyeron del país y llegaron continente europeo: que los Veintisiete acuerden a la velocidad de la luz -en apenas cinco días- activar la Directiva europea sobre Protección Temporal. Se trata de una normativa adoptada en el año 2001, a raíz de la guerra de los Balcanes y el desplazamiento de más de 3,2 millones de personas, en la crisis migratoria más grave hasta entonces vivida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

La norma concede protección inmediata en caso de afluencia masiva de personas desplazadas y evitar desbordar los sistemas de asilo. Concretamente, los ucranianos que se beneficien de esta protección tendrán derecho a obtener durante al menos un año -aunque prorrogable hasta tres- un permiso de residencia, ya sea por cuenta ajena o propia, a educación o formación profesional, alojamiento adecuado, ayuda social, apoyo financiero y atención médica.

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