Todos los alumnos de una misma clase (o grupo burbuja) serán sometidos a pruebas PCR en cuanto se confirme la existencia de un caso positivo de contagio por coronavirus en ese grupo, ha adelantado este jueves el ‘conseller’ de Educació Josep Bargalló, que ha indicado que, en principio, solo los estudiantes y profesores que hayan tenido un contacto estrecho con esta clase deberán confinarse en sus casas y dejar de ir al colegio durante dos semanas.

El resto de grupos de clase podrán seguir con sus actividades lectivas habituales. «El centro educativo se cerraría, por ejemplo, cuando se detecten de forma simultánea más de dos casos positivos en grupos de referencia distintos», ha agregado Bargalló.

Cada escuela o instituto tendrá profesionales sanitarios y un centro de atención primaria (CAP) de referencia cuando se retomen las clases en septiembre, y la Generalitat dará una «formación específica» a los directores de los centros para gestionar los posibles casos de coronavirus entre profesores y alumnos.

Profesores, alumnos y familias tendrán que estudiar el protocolo presentado por Bargalló para gestionar con la máxima rapidez y eficacia los casos de covid-19 que surjan durante el próximo curso escolar 2020-2021, que está previsto que se inicie de forma presencial en Catalunya el próximo 14 de septiembre.

El documento, presentado conjuntamente con el departamento de Salut, se basa en el funcionamiento de grupos estables de alumnos, que en principio no tendrán que utilizar mascarilla mientras estén en el interior del aula. En el caso de detectarse un positivo se harán pruebas PCR a todo el grupo y se ordenará su cuarentena; si hay dos o más positivos en distintos grupos estables y en distintos espacios, se plateará el cirre del centro educativo durante 14 días.

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Estos criterios tienen el objetivo de minimizar el riesgo de transmisión del virus una vez reabran las escuelas y los institutos y están sujetos a modificación si las condiciones epidemiológicas empeoran. En este caso, las autoridades podrían obligar a llevar mascarilla en todo momento a partir de secundaria. Asimismo, la búsqueda de contactos de los casos confirmados se hará a través de una nueva aplicación de rastreo llamada TraçaCovid.

“Los alumnos han estado desconectados durante seis meses del día a día de la escuela y no podemos tener a una generación desconectada -afirmó el ‘conseller’-. Pero es evidente que habrá incidencias y tenemos que estar preparados para afrontarlas”. Antes de empezar el curso, se dará una formación específica a las direcciones de los centros y se les asignará un CAP de referencia, con una enfermera que resolverá dudas y un equipo de gestores covid-19 que se encargarán de hacer el seguimiento de los casos.

Tanto el conseller como el Director General de Professionals de la Salut del Departament de Salut, Marc Ramentol, y el Director General de Centres Públics, Josep Gonzàlez-Cambray, lanzaron un mensaje de tranquilidad frente a la percepción social del riesgo que implica reabrir las escuelas con los recursos actuales. En este sentido, las autoridades educativas y sanitarias no prevén rebajar las ratios de los grupos estables como reclaman los profesores ni hacer cribajes masivos aunque no haya casos positivos, como piden insistentemente algunos científicos.

Según Ramentol, la experiencia “muy positiva” de los casales de verano y “los estudios observacionales que muestran que las escuelas no se han comportado como amplificadoras de la transmisión comunitaria (como sí ocurre con la gripe estacional)” son dos factores que dibujan un inicio de curso esperanzador. En todo caso, según las autoridades la clave está en “detectar los casos precozmente y actuar de manera clara y eficiente”. De ahí la necesidad del protocolo.

Las medidas de prevención y contención del covid-19 implican a toda la comunidad educativa. Las familias tendrán que firmar una declaración responsable por la cual se comprometen a seguir las normas, mantener al centro informado de cualquier novedad y permitir el intercambio de datos personales entre Educació y Salut con el fin de hacer la trazabilidad de posibles contagios. Tendrán que comprobar que sus hijos no tengan una temperatura superior a 37,5 ºC o síntomas nuevos antes de mandarlos a la escuela y también deberán asegurarse de que cumplan la cuarentena.

El primer paso ante un caso sospechoso es acudir al CAP de referencia, que valorará si se procede o no a hacer una PCR. Los resultados deberán comunicarse en el plazo de 24 horas. En el caso de confirmarse un positivo, se aislará el grupo estable al que pertenezca el alumno o profesor y se les harán pruebas PCR a todos. Aunque el resultado sea negativo, la cuarentena deberá cumplirse igualmente.

Las direcciones de los centros son responsables de la gestión del covid-19 y deberán introducir los datos de los positivos en la aplicación TraçaCovid, una tarea calificada de “esencial”. Los datos se actualizarán dos veces al día para tener información a tiempo real y la aplicación enviará una alerta a los servicios centrales, territoriales, inspección educativa y servicios centrales de Salut Pública. Por su parte, los gestores covid del CAP recogerán los datos de contacto en el ámbito familiar.

El conseller Bargalló insistió en la necesidad de no relajar las medidas de seguridad fuera del contexto de los grupos estables. La mascarilla y la distancia social serán obligatorias en pasillos, bibliotecas, sala de profesores y otros espacios de convivencia. Asimismo, si un profesor da positivo se aislará su grupo estable, pero no los otros grupos en los que dé clase con las medidas de prevención de la mascarilla y la distancia.

El conseller no dio datos sobre la previsión de docentes vulnerables que no puedan incorporarse a su puesto de trabajo, pero insistió en que todas las bajas “serán sustituidas inmediatamente”. Asimismo, aseguró que la Generalitat planteará en la próxima conferencia de presidentes que las bajas laborales de los adultos que tengan que cuidar a menores en cuarentena no impliquen una pérdida de salario.

Las escuelas en barrios pobres tienen más riesgo de cierre

Las autoridades educativas y sanitarias aseguran que las escuelas e institutos no son “factores amplificadores de la transmisión comunitaria” del covid-19, pero sí que pueden verse muy afectadas por la situación epidemiológica de su entorno.

Según un reciente estudio, el distrito con la renta media más baja de Barcelona, Nou Barris, registró una incidencia de casos 2,5 veces superior a la de Sarrià-Sant Gervasi, que tiene la renta más alta. Extrapolando estos datos a la educación, los centros situados en barrios con más necesidades tendrían un riesgo más alto de sufrir cuarentenas.

Ante la posibilidad de que los alumnos de estos centros hagan menos clases presenciales que los de otras zonas, el conseller Bargalló afirmó ayer que son conscientes de que “las enfermedades tienen una extensión social y económica” y que “en la distribución de los recursos se ha tenido una atención especial hacia los centros de más complejidad, que suelen coincidir con estos territorios [de rentas bajas]”.

El conseller no especificó qué planes concretos existen para acompañar a los alumnos de familias con pocos recursos que tengan que seguir las clases desde casa y evitar que aumente la desigualdad educativa. Aseguró que las medidas actuales son “suficientes”, pero apuntó que “si hay que invertir más recursos educativos y sanitarios en un momento concreto, se hará”.

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