1.- El Madrid dominó, pero sin puntería

No salió el Barça al Camp Nou. El Madrid, sí. En los primeros 45 minutos, y gracias a la organización ofensiva dispuesta por Zidane, los azulgranas no vieron casi la pelota. Acumuló centrocampistas el Madrid en la zona ancha (cuatro que eran, a veces, cinco cuando bajaba Benzema a ayudar para darle velocidad a la circulación del balon), aumentaba luego su presión y el equipo de Valverde no tenía respuesta alguna para superar ese entramado.

Desde el inicio, el Barça fue un muñeco de trapo, sin personalidad alguna, a quien le temblaban las piernas, excepto Piqué, convertido un partido más, en un coloso defensivo, arropado, eso sí, por las manos y los pies de Ter Stegen, zarandeado desde todos los rincones. Ya fuera por tierra (los disparos lejanos de Valverde y Casemiro) o el juego aéreo, de nuevo con Casemiro, ayudado también por Varane y Ramos. El Madrid llegó a disparar hasta 12 veces en 45 minutos. El Barça, solo tres. Pero no solo los números explicaban el apabullante dominio blanco sino el temor del culé porque veía a su equipo deambular sin recursos.

2.-  Vidal dio aire a un Barça plomizo

Tan mal estaba el equipo de Valverde que solo podía mejorar tras el descanso Algo lo hizo. Tampoco era demasiado difícil. Quizá la entrada de Arturo Vidal tuvo un efecto de mayor consistencia porque generó un doble cambio en la estructura del Barcelona. Se marchó Semedo, regresó Sergi Roberto al viejo rol de lateral derecho y se incrustó el chileno en el centro del campo para insuflar aire a un equipo plomizo. Plomizo porque dio la sensación de que le pesaban las piernas, al tiempo de que se atascaba en las escasas jugadas de ataque estático, por mucho que Messi fallara lo que no suele fallar. Una ocasión clarísima en la segunda mitad en la que se enredó el balón de tal manera que ni tan siquiera percutió. No disparó Leo en una oportunidad que solía ser el prólogo del gol.

El retrato de un equipo que se angustió porque no tuvo el balón ni supo  tampoco reaccionar para empujar al Madrid hasta la casa de Courtois. Y en el último cuarto de hora ya no había pizarra pese a la entrada de Ansu Fati o de Rodrigo y Modric.  Entró el miedo a perder de ambos equipos con un partido decayendo en calidad futbolística, dejando en el tramo final sin emoción alguna el choque.

3.- Piqué dictó otra lección defensiva

Ya casi deja de ser noticia. Deja de serlo porque encadena exhibiciones de poderío defensivo partido tras partido. Y ante el Madrid, Gerard Piqué acudió fiel a su cita con una lección de poderío, sobre todo en el área pequeña. Ahí estaba la figura del central para proteger a un Barcelona que se iba aculando hasta las narices de Ter Stegen. Piqué gobernó con enorme autoridad el juego aéreo, especialmente en la primera mitad donde despejó con acierto cualquier pelota que volara por encima de su radar.

No erró Piqué a la hora de achicar pelotas, transformado como quedó el campeón en un equipo menor porque su único recurso para sortear la presión blança era la vía directa entre el portero alemán y Luis Suárez. Esos pases de 30, 4 o 50 metros que antes eran una válvula de escape para que el Barça se reagrupara en torno al balón fracasaron. Quien se mantuvo de pie, en todo momento, fue Piqué.

All copyrights for this article are reserved to Portada

Quantcast