La crónica negra ha presentado a Enriqueta Martí Ripoll como un monstruo a la altura de los más atroces ‘psycho-killers’ de la historia. Más conocida como ‘La vampira de la calle de Ponent’ o ‘La vampira del Raval’, Martí habría secuestrado, prostituido y asesinado a niños para sacarles la sangre, la grasa y la médula ósea, y elaborar pócimas, ungüentos y cataplasmas con los que los burgueses de la oscura Barcelona de 1912 pretendían sanar de la tuberculosis.

Pero, ¿y si Enriqueta Martí no fuera la sacamantecas comúnmente considerada? Fallecida en la cárcel sin haber sido siquiera juzgada, ha hecho falta un siglo para que se ponga en duda su condición de ‘serial killer’ del Raval. Diversos ensayos defienden que la vampira no era tal, sino una desdichada mujer víctima de trastornos mentales, y que su caso fue utilizado por la prensa y la policía para tapar un infame caso de pederastia en el que estaría implicada la clase adinerada  barcelonesa.

A esta apasionante tesis se adhiere Lluís Danés en su película ‘La vampira de Barcelona’, acercamiento personal a la figura de Martí (foto de la izquierda) a cargo del reconocido director y escenógrafo, presentada este viernes a concurso en el Festival de Sitges. “Enriqueta no era una santa, pero tampoco la asesina que nos han querido hacer ver. Tenía todos los números para ser convertida en bruja de cuento: era pobre, mujer, exprostituta, separada, estaba enferma y tenía una herboristería donde administraba pócimas”, relata Danés. “Porque los monstruos de verdad no llevan escoba ni hacen brebajes en ollas; llevan togas y escriben ‘fake news’ que provocan que gente inocente acabe en prisión, aunque luego sean absueltos”, añade el director, para quien la situación de Martí en 1912 es “perfectamente extrapolable” a la situación actual. “No hay que ir muy lejos: mire los casos de Tamara Carrasco, o de los Jordis, o de Otegi”.

La niña Teresita Guitart

En ‘La vampira del Raval’, inspirada en libro ‘Desmontando el caso de la vampira del Raval’, de Elsa Plaza, el periodista Sebastià Comas (Roger Casamajor) se sumerge en el laberinto de calles y burdeles del Raval para desentrañar la verdad sobre la desaparición de la niña de casa bien Teresita Guitart. La policía y la prensa atribuyen el secuestro a Martí (Nora Navas), y no solo eso, pues la acusan también del monstruoso asesinato de varios niños tras hallar en su casa restos de huesos y hasta calaveras. Comas descubrirá que la acusación es una cortina de humo para ocultar la existencia de un prostíbulo en el que se trafica con niños.

“El caso de Martí es una de las primeras ‘fake news’ de la historia”, asegura el director. Su noticia nació para tapar un gran escándalo y, curiosamente, dejó de serlo cuando apareció otra noticia aún más grande, el hundimiento del Titanic. «Fue un circo mediático inaudito, al estilo del que se practica ahora. Hubo hasta un sainete en el Paral·lel al que la gente iba en masa. Y una película documental de cinco minutos realizada por Pathé, hoy desaparecida, que se proyectaba en los cines”.

Un proyecto que viene de lejos

Profusamente tratado en la literatura y el teatro, el caso de Martí no había sido llevado hasta ahora al cine pese a su morbo irresistible. La historia de ‘La vampira de Barcelona’ viene de lejos: Danés acababa de estrenar el documental ‘La revolta permanent’ (2006) con Lluís Llach y tenía ganas de dar el salto a la ficción. El guionista Lluís Arcarazo le explicó la historia de Enriqueta, y el escenógrafo quedo necesariamente fascinado. “La historia de una vampira en serie en el Raval de 1912… Me gustan los cuentos y las películas oscuras, y eso lo tenía absolutamente todo. Por suerte, el proyecto se fue alargando en el tiempo y nos permitió investigar sobre Enriqueta y descubrir, a través de diversos estudios, que las cosas quizá no eran como nos habían contado».

Cuento gótico con aire de duermevela, ‘La vampira de Barcelona’ destila ese inequívoco sello de Danés entre lo mágico, lo irreal y lo teatral. “Yo entiendo el cine desde este ángulo. Vengo desde la intuición. Nunca he estudiado cine. Me gusta la fascinación expresionista que desprende ‘El gabinete del Dr. Caligari’, o el cine de Méliès, ese tránsito del teatro al cine. En realidad, todo eso me conecta a mi infancia, a cuando descubrí el circo o las marionetas”. Para Danés, los fabulosos decorados del filme son un personaje más. “He intentado -explica- representar psicológicamente las dos Barcelonas, esa contradicción flagrante entre el barrio miserable del Raval de la época y el esplendor del Modernisme o del Liceu”.

Ciertamente, aquel Raval de 1912 era un lugar insalubre, sobrepoblado, uno de los más densos de la Europa de principios del siglo XX, saturado por la inmigración que venía de los pueblos de alrededor en busca de trabajo, en parte amurallado, sin electricidad. “Barcelona era una bestia que engullía a la clase obrera, una olla a presión todavía en tensión tras los episodios de la Setmana Tràgica. Era un caldo de cultivo generador de monstruos”.

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