Se cerró La Masia. Y se cerraron al mismo tiempo las fronteras de Montenegro. Entonces, el hijo de Marko y Danica se quedó solo. Confinado en un piso de Sant Joan Despí anda el hermano de Milan y Milica. Un joven e inmenso portero (no es ninguna exageración, mide 1.93 m), lleno de talento, captado por el Barça hace dos años y medio. Llegó cuando ya había sido, con apenas 17 años, titular en la Primera División de su país jugando con el OFK Grbalj.

Aterrizó en La Masia después de ser pretendido por los grandes equipos del continente, entre ellos el Bayern de Múnich. Coincidió en la capital bávara con Pep Guardiola en noviembre del 2016 como revelan sus fotos de Instagram, las mismas que delatan su paso por el Camp Nou meses antes (abril del 2015) convertido en un turista más.Tuvo muchas ofertas, pero quiso vestirse de azulgrana.

El Barça, a través de diversas Apps, monitoriza el trabajo físico de los deportistas, guiándoles además a distancia en sus tareas académicas

Se cerró La Masia y a Lazar Carevic no le dio tiempo de volar a su país, que fue de los primeros en rechazar personas procedentes desde España. El resto de los jóvenes del centro formativo azulgrana sí pudieron, en cambio, viajar a sus lugares de procedencia. Hay 76 residentes de cinco deportes distintos: fútbol, baloncesto, balonmano, hockey sobre patines y fútbol-sala.

Había 76 mundos conviviendo en esas modernas paredes de la ciudad deportiva del Barça. Ahora todo está cerrado. El silencio es absoluto. Y cada uno está en su casa, con su familia, siendo monitorizados por el club azulgrana a través de diversas Apps, al tiempo que se continúan a distancia con las tareas académicas. Aunque esa responsabilidad, por mucho que los tutores de La Masia sigan interactuando con ellos a través de las nuevas tecnologías, corresponde ahora a los padres. Tienen ahora a sus hijos.

«Mi cumpleaños es de aquellos que recuerdas toda la vida. Por diferente, por extraño y, por qué no decirlo, por triste»


Todos, menos Marko y Danica. Y, además, ocurría este martes cuando, precisamente,  cumplía 21 años. «Mi cumpleaños es de aquellos que recuerdas toda la vida», confesó el gigantesco portero montenegrino del Barça B. «Por diferente, por extraño y, por qué no decirlo, por triste», admitió desde su casa.

Vitamina para resistir

Una casa que se le hace a cada hora que pasa más diminuta y más oscura. «Estoy confinado en mi casa de Sant Joan Despí. Mis padres, mis hermanos y Milica, mi novia, se encuentran en Budva», añade en referencia a la distancia, y no solo física, que le separan de esa ciudad montenegrina a orillas del Mar Adriático.

«El contacto diario con mi familia es la mejor vitamina para superar esta situación de soledad en la que vivimos muchas personas a causa del confinamiento»

Recibió Lazar, unido al WhatsApp como hilo de comunicación permanente, las primeras felicitaciones de su gente, de sus compañeros de equipo, del club, de sus amigos… Y él luego felicitó a Marko, el hijo de su hermano Milan, que este martes también cumplió un año.

«El contacto diario con mi familia es la mejor vitamina para superar esta situación de soledad en la que vivimos muchas personas a causa del confinamiento. No sabemos cuánto tiempo durará ni cómo acabará, pero lo que sí que tengo muy claro es que, si nos quedamos en casa y hacemos caso a las autoridades sanitarias, esto sólo lo superaremos entre todos», contó el meta del Barça B, campeón de la UEFAYouth League (2018) y quien en diciembre pasado volvió tras una grave lesión en la rodilla derecha que le tuvo más de tres meses de baja. 

Nada es normal desde hace ya días en España. Tampoco para Lazar. Otra mañana más realizando «los ejercicios de fuerza», fijados por los preparadores físicos del filial, ducha y comida. «Solo, sin nadie. Sin pastel de cumpleaños. Sin velas. Un buen plato de pasta con gambas y fruta». Por la tarde, aprovechó para volver a hablar con su familia, jugó alguna partida a la Play Station del FIFA 2020 con algún amigo y vió algún capítulo más de La Casa de Papel. 

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