Las protestas en Sudán, que comenzaron hace un mes como una revuelta del pan
, se están convirtiendo en una movilización contra el régimen que sigue las tácticas de las primaveras árabes del 2011. A pesar de que en la capital, Jartum, tan solo reúnen varios cientos de manifestantes, o a lo sumo unos pocos millares, han costado la vida al menos a 40 personas, incluidos niños, según Amnistía Internacional. El Gobierno reconoce 26 muertes pero el presidente Omar el Bashir niega que hayan sido causadas por las fuerzas de seguridad.

El pasado domingo, la policía reprimió con gases lacrimógenos una marcha que se dirigía al Parlamento desde distintos barrios de Omdurman, la ciudad gemela de Jartum donde se encuentra la sede del legislativo. La Asociación de Profesionales Sudaneses, que engloba varios sindicatos de médicos, maestros e ingenieros, y lanzó la convocatoria, pretendía llevar al Parlamento un memorando exigiendo la dimisión del mismísimo El Bashir, que lleva treinta años en el poder. En alguna otra ocasión las marchas trataron de llegar hasta el palacio presidencial.




















Sudán no experimiento las movilizaciones del 2011, año en que la independencia de Sudán del Sur dejó al país con escasos recursos petroleros





La policía antidisturbios y el temido Servicio Nacional de Inteligencia y Seguridad han detenido y encarcelado a numerosos activistas, políticos de oposición, profesores de universidad y simples manifestantes, entre 800 y 2.000 personas según distintas evaluaciones, desde que comenzaron las protestas el 19 de diciembre en la ciudad de Atbara, en el norte del país, por el aumento del precio del pan.

Sudán no experimentó las movilizaciones del 2011 como en Túnez, Egipto, Yemen o Siria. En aquel año la mayor preocupación era la secesión de Sudán del Sur, donde se encuentran los mayores yacimientos de petróleo. Sudán -el Sudán del norte– perdía así tres cuartas partes de su producción petrolera. En el 2013, los precios de los combustibles se dispararon y las protestas fueron reprimidas a un coste de 200 vidas.









Mniestantes en un barrio de Jartum, el pasado 13 de enero
Mniestantes en un barrio de Jartum, el pasado 13 de enero
(Stringer / AFP)

En octubre del 2017, Estados Unidos, que fue el gran promotor de la independencia de Sudán del Sur (país sumido en una guerra civil poco después), levantó las sanciones comerciales al régimen de Jartum, pero eso no ha ayudado a atraer a inversores y levantar la economía. Oficialmente, incluso para Washington, Sudán sigue siendo un país promotor del terrorismo, ya que apoyó en el pasado a Osama bin Laden, y su presidente está perseguido por la Corte Penal Internacional por el genocidio de Darfur. Omar el Bashir, sin embargo, ha podido moverse por el mundo árabe sin ser detenido, y recientemente viajó a Damasco para entrevistarse con Bashar el Asad, lo que fue interpretado como un primer indicio de que la Liga Árabe podría readmitir a Siria, expulsada en el 2011.


















La situación económica ha ido empeorando para los sudaneses. La carestía afecta a los productos básicos de consumo y los combustibles, como el gas de uso doméstico. “Estoy cansada de que los precios suban a cada minuto y de hacer cola para el pan durante horas solo para que al final el panadero me diga cuánto puedo comprar”, decía Fátima, una mujer de 42 años, a la agencia Ap durante una protesta la semana pasada en un barrio periférico de Jartum.


Lo que estamos haciendo es preparar el terreno para cuando llegue la hora cero y el país entero esté listo para echarse a la calle




Las mujeres, contra lo que cabía esperar en este país conservador donde rige la ley islámica, salen también a la calle y utilizan mascarillas de quirófano empapadas en vinagre o en levadura para soportar los gases lacrimógenos. En algunos barrios practican concentraciones sorpresa por la noche para atraer a la policía y “cansarla”, según dicen.

“Hemos utilizado tácticas empleadas por los egipcios, los tunecinos y los sirios pero tenemos que evitar hostigar a las fuerzas de seguridad con piedras”, decía un manifestante identificado con un nombre falso, Ashraf. Para resistir los gases o los disparos de la policía lo único que pueden hacer es tener cerca algún médico o enfermeros, y sobre todo planificar las manifestaciones teniendo en cuenta rutas de escape.




















Un manifestante afectado por gas lacrimógeno es atendido durante una marcha hacia el palacio presidencial el 17 de enero
Un manifestante afectado por gas lacrimógeno es atendido durante una marcha hacia el palacio presidencial el 17 de enero
(Linda Abi Assi / AFP)

Según algunos líderes de las protestas, estas movilizaciones son solo el principio. “Todo lo que estamos haciendo ahora es preparar el terreno para cuando llegue la hora cero y el país entero esté listo para echarse a la calle”, decía Asil, un activista de 25 años. La organización pasa, como ocurre ahora en cualquier parte, por las redes sociales. Ahora el objetivo ya no es únicamente salir de la asfixia económica sino derrocar a Omar el Bashir.

Recientemente, la policía llegó a irrumpir, disparando gas, en un hospital de Jartum al que eran llevados los heridos por balas de goma o munición real, con la mayor discreción posible para eludir a los agentes de paisano. Amnistía Internacional ha denunciado hechos similares, afirmando que se disparó gas lacrimógeno y munición real dentro de los hospitales, y que se ha apalizado y detenido a médicos. Los organizaciones de la protesta han recurrido a médicos que colaboran gratis y a clínicas privadas.




















Omar el Bashir, durante un mitin en Jartum, el pasado 9 de enero
Omar el Bashir, durante un mitin en Jartum, el pasado 9 de enero
(Mahmoud Hjaj / AP)

Omar el Bashir, en una respuesta de lo más habitual a las demandas de algunos países, entre ellos Estados Unidos, ha prometido una “investigación” sobre las muertes de manifestantes. Pero al mismo tiempo lo negó todo durante un mitin en Al Kurreida, estado de Nilo Blanco, que fue retransmitido por radio y televisión. El Bashir llegó a afirmar que “hay algunas personas entre las que protestan que están matando a los manifestantes”. Según él, un médico que fue muerto el jueves de la semana pasada fue víctima de “alguien de entre los manifestantes” que utilizó un arma que no pertenecía a las fuerzas de seguridad.

Para mañana martes por la noche se esperan nuevas movilizaciones en Jartum y Omdurman, y para el jueves en varias ciudades del país. “No tenemos otra opción que resistir”, dijo a Ap un graduado universitario en paro, Abdulmetal Sabun, de 25 años, que fue detenido durante tres días al inicio de las protestas. “No podemos hacer mucho ante los francotiradores salvo vigilar los tejados y gritar ‘francotirador’ cuando vemos uno”. Sabun afirmó que fue torturado durante su detención, así que “ya no hay nada que me de miedo”.


















El Gobierno sudanés ha retirado la acreditación a dos corresponsales que informaban de las protestas, el del canal saudí Al Arabiya y el de la agencia turca de noticias Andadolu.


Hay algunas personas entre las que protestan que están matando a los manifestantes























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