«Pero ¡qué larga es!», dice una clienta observando la fila de clientes esperando su turno para ser atendidos en La Pollería de Barcelona (La Rambla, 116). Pero no vienen a buscar pollos a ‘l’ast’. El producto no tiene nada que ver: venden gofres en forma de pene. ‘Pollofres’ o ‘dick waffles’, como se conocen en las redes sociales. Valen 4 € y, en poco más de diez días que llevan vendiéndose en Barcelona, ya son una sensación. 

«Algunos los prefieren negros, blancos, marrones… los ‘toppings’, claro», especifican, señalando el chocolate negro, blanco, con leche y de pistacho en el que van a bañar el pollofre. «Con leche», pide la clienta. El repostero pringa el ‘pollofre’ de arriba abajo y acaba con un poco de nata líquida en la puntita. Como predican en su Instagram, «a nosotros nos gusta que el ‘dick waffle’ chorree y bien». Eso sí, «cuidado que mancha», advierten. «Agárralo de los huevos, que así es más fácil de comer», recomienda la camarera. Un minuto aquí y te darás cuenta de por qué es tan peligroso sacar una frase de su contexto. 

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Cada vez que sirven un ‘pollofre’, antes de metérselo en la boca, los clientes hacen el mismo ritual: un par de fotos y a Instagram. Aquí el ‘hashtag’ #foodporn es literal. Nil, otro cliente, encontró la tienda en los ‘stories’ de unas amigas y vino al día siguiente. «Vi que habían abierto una como la que hay en Chueca y tenía que venir, me hace demasiada gracia». 

«Nosotros no tenemos nada que ver con la Pollería de Madrid», remarca Belén, la propietaria junto a su marido, Gildeo. «De hecho, nuestro local lleva abierto 13 años. Servimos churros, gofres, sangría, paella y todo tipo de productos típicos para los turistas de la Rambla». Más de una década, así que probablemente ya te suenan: La Pollería comparte local con el Bar Patagonia

Han decidido arrancar esta submarca de ‘pollofres’ porque vieron la oportunidad de negocio. «En el 2017 compramos la máquina y la teníamos ahí escondida, haciendo gofres con forma de pene cuando se hacía de noche. Nos daba cosa que se escandalizase el público si los vendíamos. Es una calle por donde pasan muchos niños», añade Gildeo. Pero tras la naturalidad con la que en Madrid se comían estos penes dulces por la calle, decidieron hacerlo más público. «Al final, a la gente le hace mucha gracia, se ríe y se lo toma con simpatía. De momento, parece que no vendrá a arrestarnos la policía». 

Su apuesta por las redes sociales es la clave del éxito: en cuanto estrenaron marca, contrataron a un ‘community manager’. Y ha hecho bien su trabajo, porque el negocio está a petar. «Entre la temporada baja y el coronavirus no había mucho turista. Con los ‘dick waffles’ han empezado a llegar muchos barceloneses que nos han salvado el mes», asegura la propietaria. Esta moda trae tanta cola que, aunque solo llevan dos semanas anunciándolo públicamente, no son los últimos en sumarse al carro. En Gràcia acaba de abrir la Nepería (Bretón de los Herreros, 4). 

Despedidas de soltera

La clientela, además de local, son en su mayoría mujeres jóvenes. Aunque con excepciones, aseguran mientras atienden a una señora de mediana edad que ha venido sola a comprarlo. «¡Y por qué no! ¡Están muy buenos!», dice riéndose. Al final, es la reacción de todos: el humor. Esa risa fácil que nos entra cuando vemos un pene y que llega a su máximo esplendor en las despedidas de soltera. «Ya nos han pedido que organicemos una», cuenta Belén. 

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También acuden hombres, aunque hay pocos. «Ayer vinieron dos que compraron gofres para sus mujeres, que querían darles una sorpresa. Suelen venir algunos hombres, aunque les da vergüenza y no se hacen fotos o se lo dan corriendo a sus parejas. No quieren que los vean metiéndose nada en la boca», asegura la propietaria, riéndose.

«Pensaba que si abrían una en Barcelona sería en el Gayxample, como en Madrid, que fue en Chueca porque se dirigían a los gais», explica Nil tras subir unas tres ‘stories’ en su Instagram. Él, que ya estuvo en la madrileña, cree que allí los vendedores sueltan demasiados comentarios con doble sentido: «Aquí es menos sexual». «¡Quizá es porque todavía nos falta soltarnos!», bromea Belén, que con su sonrisa participa en este inesperado ambiente familiar, lo último que te podrías esperar de un local con más penes que un club de ‘swingers’. Si logras pasar la vergüenza inicial, prometen dejarte con la boca abierta.

 

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