•  La crisis del coronavirus se concentra en despidos colectivos en pequeños negocios, mientras las grandes firmas aguantan gracias a la alternativa de los ertes

La pandemia golpea y golpea duro sobre el tejido empresarial catalán. No obstante, la lluvia de directos, ganchos y ‘crochets’ que están encajando las compañías catalanas, en forma de restricciones a la actividad, falta de demanda o problemas de suministros, entre muchos otros, no se está traduciendo (todavía) en un proceso de cierres masivos. Los eres que llegan hasta las oficinas del Departament de Treball obedecen más a un goteo que a un tsunami y se centran especialmente en la pequeña empresa. 

La cadena especializada en ropa de bebés Orchestra es un ejemplo de empresa que llega a la pandemia con dificultades y que acaba transitando del erte al ere. Esta firma, de origen francés, entró en concurso de acreedores en Francia en el 2020 y su mala situación financiera se extendió hasta la división española. Con varias tiendas en todo el país, presentaron un ere para despedir a 17 trabajadores, sobre una plantilla de cerca de 30. 

La mayoría de los afectados (13), según cuenta la abogada del Col·lectiu Ronda que llevó el caso, Sandra Zahonero, eran de tiendas en los centros comerciales de La Farga, en L’Hospitalet, o en La Maquinista de Barcelona. “Es complicado conseguir indemnizaciones por encima del mínimo legal cuando la empresa pretende cerrar”, explica. Al final consiguieron 27 días por año trabajado. 

Otra empresa que ha sufrido las inclemencias del covid ha sido Marina Barcelona Distribución, especializada en reparto de prensa escrita. Muchos quioscos cerrados, caída de la publicidad en muchas revistas que reducen tirada… La tormenta perfecta que ha provocado que la firma finiquite a 18 de sus 67 trabajadores, con 33 días de indemnización; según explican desde CCOO.

Encuesta del CIS

«Es un goteo constante»

Como los trabajadores de Orchestra o Marina BCN Distribución, un total de 7.936 trabajadores fueron despedidos en un ere en Catalunya este pasado 2020, según los últimos datos actualizados esta semana por el Departament de Treball. Unas cifras que el covid no ha hecho más que avivar y es que representan un incremento del 30% respecto al año anterior. A su vez, son las más elevadas desde el 2013; pese a las limitaciones al despido habilitadas desde el Gobierno y la alternativa de los ertes. Y la pequeña y mediana empresa está siendo la más afectada.

La reciente campaña de Navidad ha sido para el pequeño comercio barcelonés una “campaña de subsistencia”, tal como la define el vicepresidente de Barcelona Comerç, Pròsper Puig. Las persianas bajadas no escasean estos días por los ejes comerciales de la capital catalana y las rebajas, con la prohibición de abrir los fines de semana, están siendo flojas. Lo que está llevando a más de un comercio, especialmente los más pequeños, al cierre definitivo. “Es un goteo constante, pero ahora mismo no es alarmante. Lo que nos preocupa el segundo trimestre”, reconoce este empresario.

El 2021 empezó para los trabajadores de Ingeniería Tecsidel con el anuncio de 23 despidos. Esta empresa está especializada en el desarrollo de ‘software’ para empresas gestoras peajes o párkings está sufriendo las restricciones de movilidad. La presión de los trabajadores ha provocado que finalmente opten por un erte, que será el séptimo en lo que va de pandemia; cuentan desde CCOO. En Tecsidel, de momento, no han llegado los despidos, a diferencia de Girbau (con 76 despidos, en Vic) o Ushin (con 72 ceses, en el Baix Llobregat) que sí ultiman sus respectivos eres.

Daños colaterales

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“Hay una relación directamente proporcional entre el número de días que duren las restricciones y el número de empresas que acabarán muriendo entremedio”, apunta el director del área de trabajo de Pimec, Josep Ginesta. Los procesos de despidos colectivos forzados o acelerados por la covid ya no solo se centran en aquellos sectores más directamente afectados por dichas restricciones, según señala Ginesta, sino que comienzan a extenderse también en otros que, pese a poder seguir con su actividad, se ven lastrados por la falta de demanda. Las pymes industriales, por ejemplo, facturaron el 43% menos durante el ejercicio pasado, según una reciente encuesta de Pimec.

Los ertes, de momento, están siendo de momento un dique de contención contra la destrucción de empleo. La profecía de cierres masivos insistentemente repetida desde algunos foros, como el Colegio de Gestores Administrativos, que vaticinaba que 300.000 afectados por erte serían despedidos antes de acabar el 2020, no se ha cumplido. No obstante, las voces consultadas para este reportaje coinciden en que el 2021 será un año duro, lleno de incertidumbres y que el goteo de eres continuará. Y como dice el dicho catalán: ‘de mica en mica, s’omple la pica’.

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