Hace ahora medio siglo (en marzo de 1969), el grupo británico The Who publicó un disco doble conceptual que marcaría una época. Se trataba de Tommy, una ópera rock avanzada a su época que contaba una historia a través de canciones y marcó una tendencia que luego daría excelentes frutos con otros álbumes similares como el The Wall de Pink Floyd. Su éxito provocó el rodaje de su versión cinematográfica dirigida en 1975 por un espíritu libre como Ken Russell y que también supuso una revolución. Ahora, para conmemorar este aniversario Tommy ha vuelto a la pantalla grande en una espléndida copia restaurada y con un sonido espectacular. «Tommy, can you hear me?»


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La obra original fue creada por Pete Townshend y, en colaboración con el cineasta, acabaron de pulir el guion, ya que el disco dejaba algunos cabos sueltos que era conveniente resolver en el filme. Uno de sus principales atractivos era no solo la música, con una orquestación más rica que en vinilo, sino también la presencia de grandes estrellas del rock como Eric Clapton, Tina Turner, Elton John o el actor Jack Nicholson, que hacía sus pinitos como cantante.

Precursora de la era del videoclip

La trama se centra en un niño cuyo padre murió en la guerra y que, tras ser testigo de un inesperado suceso, queda ciego, sordo y mudo. Su madre y su padrastro hacen todo lo posible para que sane pero resulta inútil. Sin embargo descubren que tiene una habilidad oculta ya que es un virtuoso del pinball, la máquina del millón. Se convertirá en una estrella y, más adelante, montará una especie de secta religiosa de jóvenes que quieren triunfar como él.

El filme era una crítica a las religiones y al negocio que generan pero lo que más sorprendió fue su aluvión de imágenes. Russell lo convirtió en una orgía psicodélica y lisérgica que encajaba de maravilla en los años 70 y todo ello en una época en la que aún no había nacido la cadena MTV ni los videoclips se habían popularizado. Tommy fue una precursora, repleta de arriesgadas decisiones técnicas, montaje muy ágil, continuos simbolismos (la cruz comparada con el avión en el que fallece el padre) y escenas asombrosas que se te quedan en la retina: Ann-Margret revolcándose entre espuma, judías y chocolate, la constante imaginería pseudoreligiosa, la carrera de Tommy sobre diferentes fondos, su vuelo en parapente o su entrada en el espejo.

Un reparto con actores y estrellas del rock

El protagonista fue el cantante del grupo, Roger Daltrey, que carecía de experiencia previa en la interpretación pero que se atrevió a meterse en la piel de este complejo personaje. No hizo una gran carrera en cine pero sí que se paseó por las pantallas con una cierta soltura. La madre fue interpretada por Ann-Margret, la sensual actriz sueca que acompañaba a Elvis en Cita en Las Vegas. Su trabajo es espectacular, memorable, trasmitiendo una tensión constante y fue recompensado con un Globo de Oro y una  nominación al Oscar. El tercero en discordia era Oliver Reed, habitual en personajes malvados como en Oliver!, y el fantasmal padre era Robert Powell, un actor que tres años después sería el Jesucristo de Jesús de Nazaret. Curiosamente Daltrey tenía tan solo tres años menos que Ann-Margret y seis menos que Reed. 

Los artistas invitados tienen cada uno de ellos un número para su lucimiento. Eric Clapton es el sumo sacerdote de una iglesia dedicada al culto… ¡a Marilyn Monroe! Ofrece la curación a los enfermos y en vez de hostias y vino, les da pastillas y whisky. Lo de Tina Turner es sobrenatural, una adrenalínica y energética reina del ácido (Acid Queen) que quiere sacar de su letargo al muchacho. Tina en estado puro y de rojo chillón. Elton John es el rival de Tommy en el pinball, ataviado excéntricamente como siempre con unos interminables pantalones y unas enormes botas. Lo de Jack Nicholson fue básicamente un cameo, interpreta a un doctor que intenta descubrir el trauma del chico y, como todos, lo hace cantando. Es una breve aparición que se rodó en un solo día.

Sigue fresca medio siglo después

Era una marcianada, un perro verde, como una alucinación provocada por alguna droga. Potente, desagradable a ratos, impactante. Y no ha perdido ni un ápice de su fuerza en estos casi 50 años. Una propuesta diferente, iconoclasta, atrevida y que fue todo un éxito en su momento. ¿Alguien se atrevería hoy a rodar algo similar? Sí, ahora Tommy ya puede oírnos. 




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