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Conmoción, rabia, inspiración. Son muchas las emociones que es capaz de convocar ‘La ola verde (que sea ley)’. Juan Solanas hace un trabajo magnífico a la hora de aglutinar testimonios desgarradores, sabe cómo transmitir la efervescencia de las calles, con todas esas mujeres reclamando los derechos sobre su cuerpo, también se esfuerza por ofrecer todos los puntos de vista. Pero consigue algo que se escapa a la propia naturaleza militante y comprometida del documental: apela a las vísceras, encoge por dentro y su mensaje te sacude sin remedio. No se trata de una película aleccionadora, se trata de un pedazo de realidad que invita a la reflexión y al conocimiento.

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