Como una gran oruga de pura destrucción militar en marcha hacia Kiev. Una columna del ejército ruso de decenas de kilómetros de largo se acerca a la capital ucraniana, según unas imágenes aéreas de satélite impactantes que ha filtrado este martes 1 de marzo Estados Unidos. Según las fotos, tomadas por el satélite Maxar, tiene 64 kilómetros de largo y procede del territorio bielorruso. Se pueden ver, entre otros, camiones con artillería acorazada al este del aeropuerto de Antonov, en las afueras de Kiev. Pero también vehículos blindados, tanques o artillería remolcada.

Los expertos lo ven como una consecución lógica del giro estratégico de Vladímir Putin. Ahora pretende cercar la capital y martirizarla con bombardeos, para obligar a Volodimir Zelenski a capitular; a sentarse a la mesa de negociaciones tan rodeado de artillería, y con tantas bajas militares y civiles sobre la mesa que tenga que aceptar las condiciones del invasor. Es lo que en pensamiento estratégico militar se conoce como “imposición de costes”. 

“Es la estrategia rusa de siempre para sitiar una ciudad. Su Ejército es muy bueno en artillería. Van a embolsar la capital y a reventarla con cohetes y artillería”, explica a El Periódico de España Guillem Colom, experto en Estrategia, Defensa y Estudios Militares de la Universidad Pablo de Olavide y codirector del think tank de Thiber. 

Fallo de la estrategia rápida de Putin

Y todo porque el primer intento de Vladimir Putin de doblegar Ucrania, con un golpe de mano rápido y bajos costes en vidas humanas, no ha funcionado. Por eso se ha entrado en una nueva etapa. “La opción de cercar las ciudades, en especial Kiev, se ha puesto en marcha como consecuencia lógica del fracaso de la operación helitransportada en Gostomel [asalto a un aeródromo en las afueras de la ciudad] y los asaltos lanzados en ciudades como Járkov o Sumy”, explica Christian Villanueva, exmilitar y director de Revista Ejércitos. 

El analista no ve en la larga columna militar conocida hoy algo extraordinario. Fue lo que se vio en la operación Tormenta del Desierto o en la invasión de Irak de 2003, recuerda. “En las primeras 24-48 horas, Vladimir Putin intentó dar un golpe rápido para decapitar al gobierno ucraniano y hacerse con el control de las dos principales ciudades, Járkov y Kiev. Ataques sorpresa. Pero no le funcionó”, explica. “Ahora se ha pasado a la estrategia de imposición de costes, una guerra más tradicional en la que recurrirá a la artillería y a los bombardeos aéreos hasta la rendición”. En esa misma idea incide Colom: “Es como cuando el Ejército ruso intentó tomar el Parlamento de Afganistán con un ataque aerotransportado”.

Putin irá así acumulando cada vez más medios militares pesados, artillería y unidades acorazadas, para causar daños. Si Ucrania no se aviene a negociar, “seguirán aumentando la apuesta”. Lo que no prevé es que tomen la ciudad calle por calle. “Ahora la estrategia será más conservadora, no irán a por el centro de la ciudad, porque un combate urbano en una ciudad tan grande es un infierno”. 

Cerco y artillería a discreción

En las próximas horas o días, es de esperar que el Ejército ruso vaya conquistando todos los pueblos cercanos a Kiev, cortando las líneas de comunicación, como carreteras o vías férreas; y tomando infraestructuras como plantas de electricidad, o nodos de telecomunicaciones o agua, apunta Villanueva. La ciudad quedaría aislada. Y eso incluye la imposibilidad de la llegada del material militar que quiere enviar la Unión Europea. Este debería llegar por otras zonas. Quizá serviría para una contraofensiva de las tropas ucranianas desde Odesa, en el sur del país. 

¿Puede aguantar Kiev? Es un pronóstico difícil. Lo que parece claro es que con esta columna militar, Moscú va a proveer de todo lo necesario para un cerco que podría ser largo. “Hay que llevar blindados, carros de combate, munición, hombres frescos al campo de batalla, camiones cisterna, blindados, comida”, apunta Villanueva. 

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Putin aún no ha hecho entrar en el país a todas las fuerzas que tenía desplegadas en la frontera. Tiene aún decenas de miles de soldados disponibles. Y un ejército de hasta 900.000 en activo y otros dos millones en la reserva. 

La operación relámpago inicial tenía como “centro de gravedad” su presidente, Volodimir Zelenski. Una operación sin grandes riesgos para el Ejército ruso. Al fallar, se ha llegado a la situación actual. “Se trata de envolver y asfixiar a la ciudad. Salvando las distancias, es lo que pasó en Stalingrado, se embolsó a las fuerzas alemanas en la ciudad. Los carros de combate harán una rotura para entrar, pero no entrarán en la ciudad, sería una locura”, explica Colom. Empezarán a disparar artillería a discreción, desde 15 kilómetros o más lejos. La cuestión es qué coste en vidas humanas puede estar dispuesto a aceptar Zelenski antes de claudicar.

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