Las luces de Navidad de las calles comerciales pueden servir como el ejemplo más simple para entender los cambios que se avecinan. Cada año se sufragan entre el ayuntamiento y los comerciantes. Pero no todos, sino solo los que voluntariamente están asociados, de modo que incluso grandes marcas se benefician de una promoción en la que no han puesto ni un euro. Con el nuevo modelo de organización que Barcelona irá desplegando en distintos barrios, los APEU (áreas de promoción económica urbana), la gestión de cada eje se profesionaliza y cada uno de los operadores abonará una cuota obligatoria para mejoras, como si se tratara de una comunidad de vecinos. Es una de las claves de la modernización que lleva años incubándose y cuyo proyecto de ley el Parlament está a punto de aprobar. En la capital catalana, el Born y Sant Andreu, donde hubo un plan piloto previo, serán las primeras apuestas.

El comercio de la ciudad ya ha superado el debate sobre la conveniencia o no de este modelo de fuerte encaje anglosajón que apuesta por la gestión público-privada para desarrollar zonas de gran concentración económica. Tanto la asociación que aglutina a los ejes de barrio (de Sants a Pi Margall), Barcelona Comerç, como la que suma a los más turísticos y céntricos (del paseo de Gràcia a Barna Centre), Barcelona Oberta, están ya volcadas en la fase de pedagogía para que el máximo de barrios lo implanten si así lo desean, ya que se trata de una decisión voluntaria y que debe contar con el apoyo de más del 50% de negocios para salir adelante, enfatiza la concejala de Comercio, Montse Ballarín.

La nueva figura legal garantiza que todos los negocios de una zona delimitada abonen una cuota por las campañas e iniciativas de mejora

El ayuntamiento ha puesto el foco en los ejes comerciales, pero la futura regulación abarca a cualquier actividad empresarial, de las tiendas a la industria, servicios o turismo. Y la nueva opción llega en un momento clave, marcado por la pandemia y la necesidad de reactivación sobre todo en el centro.  En esencia, se trata de que todos los operadores de una zona (con negocios con acceso directo desde la calle) remen en la misma dirección, de la mano de sus consistorios, ya que ahora el porcentaje de asociacionismo se sitúa entre el 30 y el 50%, mientras el resto se desentiende insolidariamente, y además se acaba dependiendo en exceso de subvenciones. En otros países la fórmula se conoce como BIDS (‘business improvement districts’) y ha permitido el desarrollo o supervivencia del comercio a pie de calle, frente al empuje de los grandes ‘malls’ o centros comerciales.

En Barcelona, su impulso formó parte del acuerdo de gobierno entre ‘comuns’ y PSC, aunque en el Parlament la proposición de ley presentada al respecto en octubre con tramitación de urgencia extraordinaria cuenta con la resistencia de la CUP y Catalunya en Comú-Podem. Muntsa Vilalta, directora de la Direcció General de Comerç del Departament d’Empresa i Coneixement (impulsor de la regulación) explica a este diario que los grupos están presentando ahora alegaciones para ajustar el texto final, que se espera aprobar antes de Navidad. Lo considera una herramienta imprescindible para la fortaleza del sector, adaptable a la «singularidad de cada territorio», puntualiza.

Equilibrio de intereses

Las críticas de quienes ven el invento demasiado liberal (porque las viviendas también se revalorizan y algunos temen riesgo de gentrificación, o los operadores primen el rendimiento comercial) son contrarrestadas a nivel catalán equilibrando la tutela pública. Así, cualquier intervención en el espacio público ha de estar pilotada por los consistorios en cuestión. En su planteamiento legal, la implantación catalana de estos APEU se basa en la colaboración público-privada para la «promoción y mejora de la actividad en áreas económicas», con «fomento de la cohesión social» y «mejoras en el entorno urbano». Ballarín deja claro que la aplicación local no da manga ancha a los operadores para decidir el mobiliario urbano de un eje -«el ayuntamiento continuará dando el servicio público, como las farolas», ejemplifica-, ni tener libertad horaria. Pero sí se permitirán elementos «identificativos» de mejora, como adornos florales, entre otros.

Los APEU, que se están cocinando en Barcelona desde el 2016 a falta del marco legal que por fin llega, implican un plan de márketing previo y una estrategia a cinco años para potenciar la zona delimitada. Puede implicar mejoras urbanísticas o planes de usos si el ayuntamiento lo decide, pero sobre todo acciones de promoción y reactivación de ese núcleo. Vilalta apunta que el repertorio abarca incluso mejoras de la seguridad en una zona, formación para los vendedores o reformas de los espacios. En lugar de un dinamizador, como suelen tener muchos ejes, se cuenta con un gerente y una mayor profesionalización, ya que todos y cada uno de los negocios están implicados y se trabaja por unos objetivos comunes y pactados.

La reorganización, al estilo anglosajón, será opcional y arrancará con ayudas de las administraciones y apoyo de las grandes asociaciones del sector

En los planes piloto previos desarrollados en el Born y Sant Andreu (un ámbito céntrico y otro periférico) ya se diagnosticó la situación de cada uno, sus retos y estrategias. Tienen los deberes hechos para empezar a desarrollar el modelo en cuanto se apruebe, cuenta Ballarín, que espera que enseguida se sumen otros. La situación económica del comercio en plena pandemia puede no parecer el mejor escenario, pero ambas administraciones aseguran que el despegue contará con ayudas públicas. La ley articula unas cuotas de pago obligado, no como impuestos sino como prestación patrimonial pública no tributaria. Un dinero que va directo a la propia organización, aunque lo recaude la administración para garantizar el pago.

Barcelona Oberta lleva muchos años pidiendo este sistema, que evitará el parasitismo de grandes firmas que se lucran en la ciudad sin ninguna aportación a las calles donde se ubican. Barcelona Comerç también ha dado un paso adelante, al entender que la modernización de sus estructuras son clave para fortalecerse ante el constante auge de la venta desde plataformas online. En Sant Andreu, su presidente, Prosper Puig, se congratula que el tema por fin cristalice y cuenta llevan que la prueba piloto les sirvió para ir activando una digitalización que ahora ha sido clave para sobrevivir a la era de la pandemia. Solo teme que la ley sea impugnable, y reclama su aval desde el Gobierno central. «Nuestro APEU será muy social y con implicación vecinal, económica y municipal», dice. 

Desde Born Comerç, Juan Carlos Arriaga ve en la fórmula «una vía de solución que llega cuando más se necesita». Con un alud de tiendas cerradas, pide el empuje del ayuntamiento para esa urgente dinamización en el barrio. «Tal como estamos las cuotas voluntarias son imposibles», insiste.

Se prevé  que los que antes  apostarán por los APEU serán los ejes o zonas con gran concentración de comercio y de extensión pequeña o media, ante el reto incial de conseguir el suficiente apoyo de operadores y el visto bueno del ayuntamiento.

Estas son 5 claves para ententer el desarrollo del nuevo modelo de dinamización económica y urbanística:

El origen en 1969, en Canadá y después EEUU

El primer BID se creo en 1969 en Toronto (Canadá). Le siguió Nueva Orleans. Poco a poco se extendió por EEUU, con ejes ‘top’ como la zona de Times Square de Nueva York (desde 1992), en este caso con más peso privado que público.La fórmula llegó a Londres en el 2004 y está extendida en Reino Unido y Alemania, por ejemplo. En el m undo hay 2.500.

El debate sobre la implantación en Catalunya

Hace décadas que el comercio discute el tema y va ganando partidarios también en los ejes no céntricos. Pero faltaba una ley que permitiese articular la vinculación  los operadores al APEUdonde se ubica y sus aportaciones. El gobierno de Ada Colau, partidario del máximo control público no era partidario, pero el PSC y la mayoría de  grupos de la oposición sí.

La implicación de otros municipios

Ballarín está trabajando también desde la Diputació de Barcelona para promover los APEU en el área metropolitana y «protocolizar las acciones para su creación». Desde Comerç, Muntsa Vilalta destaca que son muchos los municipios que ya han preparado el camino o están interesados. Entre ellos figuran Reus, Terrassa, Sant Cugat, Mataró y Rubí.

Una posible oficina para el despegue local

La Direcció General de Comerç del departamento d’Empresa i Coneixement estudia la creación de una oficina que acompañe el despegue de esta fórmula en Catalunya, explica Vilalta. Se destinarán ayudas a quienes quieran empezar la tramitación o implantación en el 2021. El primer paso puede ser iniciativa  de los operadores o del ayuntamiento. 

Competir con los grandes centros comerciales

Los grandes centros comerciales conjugan concentración de oferta con gran oferta de ser vicios y una promoción el a que participan todos los operadores. Algo que no sucede en los ejes a cielo abierto. El ayuntamiento pone el ejemplo del nuevo APEU de Sant Andreu como herramienta para poder tener más potencia competitiva respecto a La Maquinista, muy cerca. 

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